No todo tiempo pasado fue mejor pero sí todo fútbol de verano pasado fue mejor. A diferencia de la inexpresiva Serie Río de la Plata actual, hubo una época en la que los partidos de enero y febrero -aunque fueran amistosos- marcaban el pulso del país futbolero y se jugaban a tribunas llenas. O eran, también, torneos disruptivos. A continuación, cinco ejemplos de un fútbol de verano que ya no volverá.

Revolución en el fútbol de verano

En el verano de 1969, en el oeste del Gran Buenos Aires se jugó un torneo que la prensa de la época calificó como “loco” -según el diario Crónica– y “raro” -según la revista El Gráfico-. Sus propios organizadores, incluso, fueron aún más audaces en la denominación: llamaron al cuadrangular como “Revolución en el fútbol”. Recientemente ascendido a Primera, Deportivo Morón recibió en su estadio a Chacarita, Quilmes y Lanús, entonces todos en la máxima categoría -de hecho, pocos meses después, el Funebrero se consagraría campeón de la Primera A-. Entre diversos cambios al reglamento, los partidos se jugaron con tiempo neto, corners cortos, laterales con los pies, tiros libres sin barreras y ausencia de off sides.

Crónica, en su anuncio del torneo -el miércoles 22 de enero de 1969-, le dio un contexto: “Estamos en época de revoluciones -sociales, culturales, extremistas- y el fútbol no podría dejar pasar el tiempo sin tener la suya. Se ha hablado de modificar el más hermoso deporte. Hasta el momento, varias intentonas han fracasado. Pero ahora, por primera vez en la Argentina, un grupo de hombres dinámicos y entusiastas, con la anuencia de la AFA, buscarán el éxito reformista”.

Si 1968 había dejado el Mayo francés, las protestas contra la Guerra de Vietnam, la contracultura juvenil y diversos movimientos por los derechos civiles, 1969 sería el año del Cordobazo, Woodstock y la llegada del hombre a la Luna. Y en el fútbol de verano, Morón, Lanús, Quilmes y Chacarita hicieron su pequeño aporte: el torneo «revolucionario».

Cinco postales de un fútbol de verano que ya no volverá

Los organizadores anunciaron siete cambios en el reglamento: 1) Quedaba suprimido el off-side porque “es el causante de 9 de cada 10 incidentes en una cancha, lo que obligará a los jugadores a que aprovechen los espacios más hábilmente”; 2) Se implantarán tres tipos de córners, según donde haya salido la pelota, desde el vértice del área chica, la grande y desde el córner común; 3) Los laterales se harán con el pie; 4) Se eliminarán las barreras para los tiros libres y tampoco habrá tiros libres indirectos; 5) Todo tipo de mano dentro del área será penal; 6) Se jugarán 90 minutos “reales” porque “se ha comprobado que se juegan 15 minutos menos por tiempo debido a las interrupciones”, y 7) El tiempo neto será controlado por una mesa a un costado del campo de juego «destinada a tal efecto, como  sucede en el básquet». Para aportar al show, además, Morón usaría números en la parte trasera del pantalón.

A la naturaleza pareció no gustarle. El primer partido, Morón-Lanús, debió suspenderse en el entretiempo por un diluvio: el visitante ganaba 2 a 1. Los 45 minutos iniciales, sin embargo, dejaron diferentes conclusiones. Para Crónica, la ausencia del off side fue un problema: en vez de crear un juego ofensivo, provocó lo contrario, que los equipos se resguardaran más cerca de su arco. “La mayoría de las evoluciones se circunscribieron en maniobras que nuclearon mucha gente defendiendo. Se jugó tan mal como siempre”.

En El Gráfico, en cambio, se leyeron conclusiones más positivas. Por ejemplo, que los tres goles en los 45 minutos iniciales -además de dos remates en los palos- fueron productos de los cambios reglamentarios. El primer gol de Lanús, de Quevedo, fue con un cabezazo “totalmente en off side”. El empate de Morón llegó tras un lateral con el pie -de Busti- a un delantero -Ochoa- también en off side, jugada que derivó en un corner corto desde el vértice del área chica: a continuación González marcó el 1 a 1. También desde un “corner corto” llegó el segundo gol de Quevedo. En búsqueda del juego neto, el primer tiempo terminó recién a los 57 minutos: se jugaron 12 de adicionado. A su modo, “Revolución en el fútbol” fue un éxito pero también un fracaso: el experimento no se repitió. Según el preparador físico de Morón, los jugadores no soportarían ese esfuerzo extra.

Nace una tradición

Las copas de verano habían nacido en Mar del Plata el año anterior, en 1968, con la llamativa participación del equipo Vasas de Hungría y de la selección de Checoslovaquia. La doble presencia de países del bloque soviético, en épocas de dictadura de Juan Carlos Onganía, fue tan exitosa que al año siguiente fueron contratados otros dos representantes de ambos países, MTK de Budapest y Slovan Bratislava. Incluso, en torneos estivales fuera de Mar del Plata, la selección húngara y los equipos checoslovacos Sparta Praga y Spartak Trnava jugaron contra River y Vélez en la Copa Ciudad de Buenos Aires 1969, mientras que Estrella Roja de Yugoslavia enfrentó a Central, Newell’s y River por la Copa Ciudad de Rosario 1971.

La llegada al país de los equipos socialistas no era tan sencilla, en especial para el pionero, Vasas de Budapest, un club de izquierda, cercano al sindicato de Obreros Metalúrgicos y apoyado por el gobierno comunista húngaro. Empresarios marplatenses se enteraron de que Vasas jugaría en Chile en enero de 1968 e intuyeron que su presencia, sumada a Racing y a River, le daría una cuota de exotismo a un triangular. Los húngaros llamaron la atención del público argentino desde el comienzo: su entrada en calor en el campo de juego se pareció más a una clase de gimnasia artística que a los típicos preparativos de futbolistas. Los espectadores agotaron las entradas y Vasas apabulló a Racing (3-1) y River (3-0) para consagrarse campeón.

Con el tiempo, en Mar del Plata -independientemente de la ideología del gobierno de cada país- también jugarían el Santos de Pelé, el Cosmos de Estados Unidos, el Nantes de Francia, el Spartak de Moscú y el Yokohama Marinos de Japón, entre tantos otros.

Cinco postales de un fútbol de verano que ya no volverá

Los superclásicos de verano

El miércoles 23 de enero de 1974, Boca y River jugaron en Mar del Plata su primer amistoso estival, el puntapié inicial para 90 minutos sin puntos en juego pero con las tribunas llenas y un país paralizado, un enfrentamiento que en las décadas siguientes se convertiría en un clásico dentro del superclásico. Hasta entonces, los River-Boca por fuera de los campeonatos oficiales no llamaban la atención. De hecho, sólo se habían jugado 23 ediciones desde 1908 y el anterior superclásico de exhibición había sido cuatro años atrás, en agosto de 1970, en Rosario.

De a poco, sin embargo, se hizo una tradición. El superclásico estival se reeditó en la mayoría de los veranos siguientes, al comienzo casi siempre en Mar del Plata. Hubo ediciones en 1975, 1977, 1978, 1979, 1980, 1982 (dos veces), 1983, 1984 (por duplicado, una de ellas en Montevideo) y 1985. Ya entonces, salvo en 1989, River-Boca pasó a jugarse todos los veranos hasta 2018. Hubo años de hasta cuatro ediciones entre enero y febrero, como ocurrió en 1993, cuando se enfrentaron por la Copa de Oro, Copa Desafío, Copa Ciudad de Mar del Plata y Copa Revancha.

Mar del Plata fue la única sede hasta 1993 y al año siguiente irrumpió Mendoza. Entre ambas se complementaron y también, cada tanto, se sumaba Córdoba. En el desglose quedaron 51 en Mar del Plata y 27 en Mendoza. Tampoco se suspendió con River en la B, en 2011: a un amistoso en Chaco se le sumó otro en Mendoza. Y también hubo una edición salteña en 2006. Hasta que la tradición terminó en 2018, cuando el 21 de enero River ganó 1-0 con tanto de Rafael Santos Borré, otra vez en Mar del Plata, el punto de inicio para un año en el que la final de la Copa Libertadores entre noviembre y diciembre, con la mudanza de Núñez a Madrid, supuso un momento de inflexión entre ambas dirigencias de entonces. Con el clima cargado, los superclásicos de verano no volvieron en 2019 y ya nadie hizo demasiado por regresar a un evento que hoy ya parece de otra época.

Atrás quedaron varios clásicos inolvidables, aunque no fueran por los puntos. En 1982, River se impuso 1-0 con un gol de Ramón Díaz en el último partido de Diego Maradona en Boca. El 3-3 de 1987 es acaso el superclásico veraniego más vibrante de la historia. El más explosivo: el 4-0 del Boca de Carlos Bianchi en 2000, con juveniles, Ariel Carreño abrazando al juez de línea en un festejo de gol y los incidentes que determinaron la suspensión del partido. Aquel año, en una interna de La Doce, mataron de un tiro a Miguel Cedrón en Mar del Plata. Y en 2002, el hincha de Boca Fernando Palermo murió apuñalado en la puerta del Casino a manos de barras de River. Derrotas estivales llevaron a la renuncia como técnicos de Ramón Díaz (2000) y Alfio Basile (2010). El 5-0 de Boca en Mendoza, en 2015, se registra como la máxima goleada en los superclásicos de verano.

Una chilena que valió un nombre

El sábado 8 de febrero de 1986, en Mar del Plata, River venció 5 a 4 a la selección de Polonia que se preparaba para el Mundial de México. De aquel amistoso sobresalió el gol de chilena de Enzo Francescoli, bellísimo e inspirador. Por aquellos días, mil kilómetros al oeste, en un barrio de casas de bajos recursos del gran Mendoza, el joven matrimonio de Myriam Seguí y Carlos Pérez debía elegir el nombre para su primer hijo. Ella quería Nelson. Pero Carlos, que había sido futbolista en Deportivo Maipú y era fanático de River, fue al registro civil y en el camino recordó el golazo de chilena del uruguayo. Así nació Enzo Pérez.

En 2001, en el partido de San Martín, nació Enzo Fernández: el uruguayo había vuelto a River en la década del ’90 y entre 1994 y 1997 ganó cinco títulos, entre ellos la Copa Libertadores de 1996. Con sus nuevas hazañas, los Enzo se siguieron multiplicando, al punto que, ya en 2009, Enzo Pérez (que había recibido su nombre por la chilena de 1986) también bautizó Enzo Santiago a su primer hijo, no por él sino por Francescoli. Con el tiempo, la inspiración nacida en el uruguayo se ampliaría a saga, en especial en los hinchas de River: Pérez salió campeón de la Libertadores en 2018 y se convirtió en ídolo cuando fue arquero en 2021 y Fernández salió campeón del mundo con la selección a fines de 2022. Hoy los Enzo se multiplican entre las nuevas generaciones.

Los datos provistos por el Registro Civil de CABA lo dejan en claro. En la lista de los nombres más elegidos por los porteños en 2022, o sea antes de que se sumara Fernández, el nombre Enzo terminó en el puesto 18º en las preferencias masculinas, con 243 bebés. Ya en 2023, tras el Mundial de Qatar, Enzo dio un salto y pasó al cuarto lugar, con 433. En 2024, subió al tercero, siempre únicamente entre nombres masculinos, con 460, sólo por detrás de Felipe y Mateo. Pero todo nació en una chilena de verano en Mar del Plata contra una selección de detrás de la Cortina de Hierro.

El último Maradona campeón

El 24 de febrero de 1993, Argentina ganó la Copa Artemio Franchi, hoy llamada Finalissima, en Mar del Plata. Como campeón vigente de la Copa América, el equipo de Alfio Basile recibió a Dinamarca, el entonces sorpresivo rey de Europa. El partido terminó 1 a 1 y se definió en los penales, donde el héroe fue el arquero Sergio Goycochea. Sería el último título de Diego Maradona, que había reaparecido en la selección pocos días atrás, en un amistoso ante Brasil en el Monumental, luego de haber estado casi tres años ausente en la selección, desde el Mundial Italia 1990.

Cinco postales de un fútbol de verano que ya no volverá

Aunque sin Maradona, podría decirse que la selección de Carlos Bilardo empezó a ganar el Mundial de México 1986 hace 40 veranos en Tilcara, en enero de 1986. Seis meses antes del inicio de la Copa del Mundo, 14 jugadores del equipo nacional y el cuerpo técnico llegaron a Tilcara, Jujuy, un pueblo de la Quebrada de Humahuaca tan elevado como la capital mexicana, a 2.465 metros sobre el nivel del mar, para realizar un estudio de altura y una adaptación psicológica que les concediera una ventaja física en la Copa del Mundo. La selección también se entrenó en los pueblos cercanos de Maimará y en Humahuaca, en donde jugó dos amistosos contra combinados locales -mezcla de los clubes Comercio y Ciclón del Norte- a las 12 del mediodía, el mismo horario en el que se harían los partidos del Mundial. Argentina ganó 5 a 0 y 5 a 1. De esos 14 jugadores, 12 se consagrarían campeones del mundo en México. «