En el Festival de Cine de Sundance 2026, el brillo de las alfombras rojas estuvo atravesado por un clima de denuncia y confrontación pública. Varias figuras prominentes del cine y el entretenimiento aprovecharon su visibilidad para criticar de manera frontal las políticas de inmigración impulsadas por el gobierno de Donald Trump y la actuación del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), en un contexto de protestas nacionales tras varios operativos federales que derivaron en muertes y denuncias de uso excesivo de la fuerza.
La actriz Natalie Portman se convirtió en una de las voces más contundentes del certamen al afirmar que “lo que está pasando en este país ahora mismo es absolutamente horrible” y calificar las acciones del gobierno federal —mencionando a Trump, a la gobernadora Kristi Noem y al propio ICE— como “lo peor de lo peor de la humanidad”. Portman, presente en Park City para presentar su nueva película, apareció en actos públicos y en la alfombra roja con pins que decían “ICE Out”, subrayando su rechazo a la brutalidad de las fuerzas migratorias.
Sus declaraciones se produjeron en un clima particularmente tenso, marcado por las muertes de Renee Good y Alex Pretti en Minneapolis durante operativos federales. Para Portman, la celebración del cine no puede desligarse del momento político: “Estamos muy emocionados de presentar nuestra película, pero vivimos un momento devastador en la historia de nuestro país. Es imposible no hablar de la brutalidad del ICE y de cómo debe detenerse de inmediato”, sostuvo ante distintos medios, visiblemente conmovida.
Cine independiente y compromiso
El posicionamiento de la actriz encontró eco inmediato en Sundance, un festival históricamente asociado al cine independiente y al compromiso social. Una protesta convocada bajo la consigna “Sundancers Melt ICE” reunió a cineastas, actores y asistentes en un homenaje simbólico a las víctimas, con consignas a favor de la solidaridad comunitaria y el rechazo a la violencia institucional.
Otra de las voces que resonó con fuerza fue la de Edward Norton, quien consideró que Estados Unidos atraviesa “tiempos que no son normales” y advirtió sobre la naturalización de lo que describió como agresiones extrajudiciales. El actor, presente en el festival para difundir su nuevo proyecto, cuestionó la contradicción entre discutir cine mientras se despliegan fuerzas federales contra civiles y llamó a no mirar hacia otro lado frente a lo que definió como una crisis de derechos humanos.

En la misma línea se expresó Olivia Wilde, directora y actriz, quien lució un pin de “ICE Out” y describió el clima del festival como esperanzador, aunque atravesado por la gravedad del momento histórico. “Este país está sufriendo ahora mismo”, señaló, y remarcó la necesidad de que la comunidad artística use su visibilidad para amplificar reclamos que, de otro modo, quedarían relegados.
Las manifestaciones en Sundance se inscriben en un movimiento más amplio que, en las últimas semanas, involucró a figuras del cine, la música y la televisión en distintos eventos de alto perfil. En entregas de premios y apariciones públicas, actores y actrices como Mark Ruffalo, Wanda Sykes, Natasha Lyonne y otros referentes del espectáculo estadounidense exhibieron consignas contra ICE y recordaron a las víctimas de la violencia estatal como forma de protesta simbólica.

En paralelo, protestas multitudinarias se replicaron en distintas ciudades de Estados Unidos, incluso en condiciones climáticas extremas, con la participación de organizaciones civiles, sindicatos, líderes religiosos y ciudadanos que reclaman el fin de los operativos violentos y una reforma profunda del sistema migratorio.
En Sundance, la sensación compartida fue que el cine independiente no puede ni quiere permanecer al margen. Para muchos de los artistas presentes, el festival se convirtió una vez más en una plataforma donde la creación artística y la denuncia política se cruzan, no como gesto oportunista, sino como respuesta urgente a un clima social que consideran inadmisible.
La música, también contra el ICE
El rechazo también se extendió al ámbito musical. Artistas de alcance masivo y bandas históricas utilizaron escenarios y redes sociales para cuestionar las políticas migratorias del gobierno de Trump y denunciar el endurecimiento de los operativos federales. En varios casos, las críticas apuntaron no solo a ICE, sino a una estructura política más amplia que, según denunciaron, habilita prácticas represivas contra comunidades vulnerables.
Artistas de alcance masivo y bandas históricas utilizaron escenarios y redes sociales para cuestionar las políticas migratorias del gobierno de Trump y denunciar el endurecimiento de los operativos federales. En ese marco, Billie Joe Armstrong, líder de Green Day, volvió a pronunciarse de manera explícita contra ICE durante presentaciones en vivo y apariciones públicas recientes, retomando una tradición de crítica política directa que atraviesa la historia de la banda. Sus declaraciones y gestos escénicos apuntaron tanto a la violencia institucional como a los funcionarios que la diseñan, y encontraron amplia repercusión en medios estadounidenses.

Bruce Springsteen volvió a pronunciarse públicamente contra el rumbo del gobierno de Trump, retomando una línea que atraviesa su obra desde hace décadas: la defensa de los trabajadores, los migrantes y la idea de Estados Unidos como promesa incumplida. Neil Young, por su parte, utilizó sus canales oficiales para denunciar lo que definió como una deriva autoritaria y racista, apuntando directamente contra la criminalización de la inmigración y el uso de fuerzas federales como herramienta de disciplinamiento social. En ambos casos, la crítica no apareció desligada de una tradición: forma parte de una concepción del rock como espacio de intervención cívica.
Más cerca del presente generacional, bandas como Rage Against the Machine y Pearl Jam reforzaron ese frente desde lenguajes distintos pero convergentes. Tom Morello insistió en que el silencio artístico frente a la represión equivale a complicidad, mientras que Pearl Jam, históricamente asociado a causas sociales y ambientales, expresó su rechazo a las políticas migratorias actuales y a la violencia institucional. En conjunto, estas posiciones reafirman que, incluso en una industria atravesada por el cálculo y la corrección, el rock sigue funcionando como un espacio donde la incomodidad política no se negocia.