El anuncio parecía un meme. Resulta que una de las tantas organizaciones que aglutinan a la derecha internacional convocó esta semana en Miami a un foro «en defensa de la democracia en las Américas» que tenía como estrellas invitadas a líderes que no están precisamente en su mejor momento y poco y nada tienen para presumir.

Uno de ellos era Iván Duque, el presidente que no logra contener la crisis política desatada por la reforma tributaria que propuso en Colombia y que, en una semana de represiones, ya lleva el triste récord de decenas de muertos y cientos de heridos y desaparecidos. Al final no estuvo en el foro. Seguía muy ocupado tratando de justificar lo injustificable: la persecución armada en contra de los manifestantes y las políticas que siguen perpetuando la pobreza, la inequidad y la violencia.

El que sí llegó a la cita de la derecha continental fue Sebastián Piñera. Y eso que tampoco está en su mejor momento. A un año de que deje el poder, más del 90% de las y los chilenos reprueban al gobierno. Debe tener muchas ganas de salir de La Moneda. Nunca pudo remontar el estallido social de fines de 2019 que, también en estos días, le valió una denuncia en el Penal Internacional de La Haya por los delitos de lesa humanidad cometidos por los Carabineros bajo su orden en las represiones de ese año.

Piñera compartió panel con Lenín Moreno, quien hoy parece su alma gemela: también termina su mandato en Ecuador con menos del 10% de aprobación y arrastra denuncias por los «excesos policiales» de las protestas de octubre de 2019 que dejaron un saldo de cinco muertos. El presidente aprovechó el foro para quejarse de la sociedad ecuatoriana. «Ojalá tuviera yo un mejor pueblo», lamentó. Pobre, tan incomprendido.

Pero su victimización no es original. Otra de las estrellas del foro fue Mauricio Macri, el expresidente que empobreció aun más a Argentina y que, cuando perdió la reelección, culpó a la mayoría de la gente por lo mal que había votado. Y lo ratificó en su reciente libro de memorias. O sea: la culpa (no el derecho) es del que vota. En Miami se quejó otra vez del «populismo», aunque extrañamente siempre se olvida de criticar a populistas de derecha como Jair Bolsonaro y Donald Trump. Se le ha de haber pasado.

Al que también invitaron a Miami fue a Nayib Bukele, el presidente de El Salvador, pero estaba muy ocupado destituyendo a jueces de la Corte Suprema, violando la división de poderes y aprovechando su nueva y aplastante mayoría en la Asamblea Legislativa para reforzar los rasgos (y riesgos) autoritarios de su gobierno.

En cambio, Luis Almagro, el secretario general de la OEA, sí fue. Justificador serial del golpe en Bolivia y amigo de los golpistas se la pasó hablando sobre democracia. Ver para creer.

Luego de comprobar que el foro no era una «fake» me quedé pensando que en el último año y medio hubo protestas históricas y represiones (casi en todos los casos con muertos) en Chile, Perú, Ecuador, Paraguay y Colombia; un golpe en Bolivia y recuperación de la democracia; la crisis humanitaria, con violaciones a los Derechos Humanos, siguió en Venezuela; y Brasil, bueno, está Bolsonaro.

Solo en Argentina y Uruguay hubo elecciones y cambio de gobierno de distinto signo político. La democracia en la región parece tan vulnerable, tan excepcional. 

Seguimos. «