Este sábado 21, desde las 12 horas, el Club Atlético Temperley sumará un nuevo gesto a su recorrido en materia de derechos humanos: en la Plaza de la Memoria de la institución se pondrá en funcionamiento un contador de nietos y nietas restituidos junto a Abuelas de Plaza de Mayo, un dispositivo que no quedará como un elemento decorativo sino que tendrá una presencia permanente, visible, marcando cada nueva restitución. Porque cada número que cambie no será una cifra más, sino una historia que vuelve, una identidad recuperada, una búsqueda que encuentra respuesta.
La iniciativa, que replica el contador que funciona en la Casa por la Identidad dentro del Espacio Memoria ex ESMA, adquiere en Temperley una dimensión propia, ya que se integra a la vida cotidiana del club y a un espacio que viene cargándose de sentido como es la Plaza de la Memoria, donde conviven el árbol de la memoria y un mosaico que sintetiza las banderas de Memoria, Verdad y Justicia junto a la lucha de Abuelas. En ese marco, el contador no solo suma un nuevo símbolo, sino que introduce una dinámica: la de una memoria que no se detiene, que avanza y que se actualiza con cada restitución.

En ese recorrido, la historia del club también explica el presente. Fundado en 1912, Temperley es una institución profundamente ligada a su gente, donde el fútbol convive con un rol social sostenido en el tiempo. El “Gasolero”, ese apodo que habla de esfuerzo, de hacer mucho con poco, de sostenerse desde lo propio, encuentra en este tipo de acciones una continuidad con su identidad, porque lo que sucede dentro del club no se separa de lo que atraviesa a su comunidad.
Por eso, la instalación del contador no aparece como un hecho aislado, sino como parte de un trabajo que el club viene construyendo, con actividades, articulaciones y una línea clara que se consolidó con la firma del convenio con Abuelas de Plaza de Mayo. “Era algo que nos debíamos. Temperley levanta las banderas de las Madres, pero sobre todo de Abuelas”, explicó Marcelo Guazzardi, coordinador del área de Derechos Humanos, sintetizando una decisión institucional que busca que la memoria no quede limitada a una fecha, sino que esté presente en el día a día.
En ese contexto, la presencia de Daniel Santucho Navajas le da al acto un peso particular. Nieto 133 restituido, su historia forma parte de una de las luchas más profundas de la Argentina reciente: la recuperación de la identidad de hijos e hijas de desaparecidos apropiados durante la dictadura. “Para mí es muy importante poder participar de este acto, de inaugurar un cuentanietos. Hace un tiempo que lo vengo haciendo en escuelas, y ahora que el club me haya convocado es muy significativo”, señaló, marcando el valor de que estos espacios también se construyan dentro de los clubes.
A la vez, su palabra pone el foco en las nuevas generaciones y en la importancia de que estos temas circulen en los ámbitos donde se construye lo colectivo: “Es importante que esto esté en los clubes, en los lugares públicos, donde se concentran los jóvenes. Poder tener representado un símbolo como el pañuelo de Abuelas o cualquier forma de mantener viva la memoria”, expresó, dejando en claro que la transmisión no es solo un acto del pasado, sino una tarea presente.
Así, a días de cumplirse 50 años del golpe cívico-militar del 24 de marzo de 1976, la iniciativa se inscribe en un momento cargado de significado, donde la memoria vuelve a ponerse en discusión y donde cada acción adquiere un valor político. En ese escenario, el contador no solo va a marcar números, sino que va a señalar, cada vez que avance, que la identidad aparece, que la búsqueda continúa y que la memoria sigue escribiéndose.