En la Sala Nazaré, su nuevo espacio de arte en el microcentro porteño, la Colección Balanz presenta la exposición colectiva "La máquina del tiempo. El artista como viajero". Las obras establecen diálogos con otras anteriores.

La Sala Nazaré de la Colección Balanz busca promover encuentros entre generaciones y lenguajes del arte -de ayer y hoy-. Y la exhibición La máquina del tiempo. El artista como viajero se inspira en la novela de H.G. Wells para conectar a artistas y a corrientes estéticas de momentos muy distintos. Así, el tiempo de las pinturas no se vuelve lineal, sino permanente, y por eso la curadora, la prestigiosa Florencia Battiti (también directora ejecutiva del Parque de la Memoria – Monumento a las Víctimas del Terrorismo de Estado) presenta a creadores y creadoras de lugares disímiles, pero conectados por su interrelación.
¿Quiénes son? Anselm Kiefer, Raqib Shaw, Alberto Greco, Luis Felipe Noé, Luis Benedit, Marta Minujín, Guillermo Kuitca, Pablo Suárez, Mondongo, Humberto Rivas, Nicola Costantino, Estanislao Florido, Carlos Luis “Pajita” García Bes, Max Gómez Canle, Donjo León, Nahuel Vecino, Mathieu Mercier, Vik Muniz, Eugenia Calvo, Bruno Gruppalli y Miguel Ángel Rojas. “La Colección Balanz tiene más de 600 obras y vi que había una importante cantidad de artistas que trabajaban citando y apropiándose de las obras de otros, y en general esas citas tenían que ver con tiempos pasados”, dice Battiti.
Y acentúa: “Cuando identifiqué eso, me acordé del libro La máquina del tiempo, de H.G. Wells, que yo leí en la secundaria, y me pareció que la idea de los viajes en el tiempo entre artistas era algo que todos podíamos entender, sepas de arte o no, para curar esta primera muestra de la Sala Nazaré”. Ahí “había una punta interesante para enhebrar todas las obras de artistas muy distintos y que provienen de países diferentes. Hay varios que son argentinos, pero hay creadores de todo el mundo”. Las citas pueden ser explícitas; también hay apropiaciones o referencias literarias y visuales. ¿Cuáles son esas marcas?
Los ejemplos son vívidos. El artista alemán Enselm Kiefer, “que trabaja en sus piezas el dolor de la Segunda Guerra Mundial, hace alusiones a la escritora austríaca Ingeborg Bachmann y a Vincent Van Gogh”, ejemplifica Battiti. Y sigue: “Si no tengo un Diego Velázquez original, lo traigo a través de la obra de la artista argentina Nicola Costantino, que cita a Las meninas y también a La mujer del sweater rojo, de Antonio Berni. Son dos maneras posibles de referencias en la exposición La máquina del tiempo. El artista como viajero”.
Otra forma de diálogo es la que establece el dúo Mondongo (Juliana Laffitte y Manuel Mendanha), “que reinterpreta el cuento de Caperucita Roja con cierta tensión sexual entre ella y el lobo, y también expone un retrato de Lucian Freud hecho con carne ahumada. Todas esas referencias culturales y literarias me parecían sumamente interesantes”, prosigue Battiti. En algunos casos “esas alusiones son más explícitas y más fáciles de reconocer, y en otros casos no tanto, pero ahí está también la curiosidad del espectador para averiguarlas. La muestra requiere que la persona se quede un rato, piense y emplee su propio bagaje”.
El artista indio Raqib Shaw “no es tan directo como Enselm Kiefer. Sí establece referencias al manga japonés Ludwig Fantasy, de Kaori Yuki, y al mismo tiempo hace alusiones a las artes decorativas persas: hay referencias occidentales y orientales. La obra de Raqib Shaw es bastante compleja y súper interesante”, dice Battiti. Y el artista argentino Bruno Gruppalli “reinterpreta tanto a un famoso retrato de Francisco de Goya como recobra a un retrato de sí mismo que cita al que hizo Marcia Schvartz de Batato Barea. Me interesaban esos lazos”.
La curadora quería ver la forma en que las inspiraciones de los artistas atraviesan el tiempo y el espacio: “El también argentino Max Gómez Canle cita a Roberto Aizenberg y a Raúl Lozza -dice- y el francés Mathieu Mercier recobra al holandés Piet Mondrian, pero en vez de emplear pintura utiliza materiales cotidianos”. ¿Y qué otras referencias detectó Florencia Battiti en las obras expuestas en la Sala Nazaré? “Luis Felipe ‘Yuyo’ Noé cita explícitamente al Facundo de Sarmiento y Luis Benedit recupera en su caso a Florencio Molina Campos”.
Luego, la obra del brasileño Vic Muniz “es fruto de una investigación que hizo él en el archivo del Whitney Museum de Nueva York: trabaja a partir de una fotografía de una exposición minimalista de 1982, en la que aparecen obras de Donald Judd y de Barrett Newman. Y, así, Vic Muniz recrea la distribución de esas obras con el polvo de la aspiradora del museo en sus series ‘Picture of Dust’. Todos esos juegos y guiños fueron lo que a mí me interesó trabajar en la muestra La máquina del tiempo. El artista como viajero”, cuenta Battiti.
El artista porteño Donjo León “retrata en tamaño pequeño a Édouard Manet y, luego, Nahuel Vecino, de Buenos Aires, recobra al pintor francés Jean-Baptiste-Siméon Chardin. A Nahuel Vecino le gusta jugar con la historia del arte, pero con la urbanidad de acá”, describe Battiti. También está Carlos Luis “Pajita” García Bes, “quien introduce en la muestra la técnica del textil. Fue un artista salteño no tan conocido, pero últimamente se está poniendo en valor. Él también trae toda la imaginería precolombina en sus obras”, dice la curadora.
En una pequeña sala colindante se presenta un video de Eugenia Calvo, la única artista que no pertenece aún a la Colección Balanz, “con una referencia a la porcelana antigua -explica Battiti-. Y el pintor y escultor argentino Pablo Suárez, que tuvo mucha actividad durante los años ‘60 con propuestas muy conceptuales, y que a partir del golpe de 1976 hizo un autoexilio en San Luis, recupera a las naturalezas muertas casi metafísicas de Fortunato Lacámera, el artista obrero de La Boca, y a Alfredo Gramajo Gutiérrez, de Tucumán. Y Estanislao Florido, de Buenos Aires, tiene una pintura que cita a Edward Hopper”.
Entre las piezas también está la corona de espinas de Guillermo Kuitca, “que más que citar a Jesucristo hace una especie de circuito mental, un cableado cerebral. Esa corona de espinas no se había visto nunca en Buenos Aires”, celebra Battiti. Así, los diálogos son inagotables y la curadora invita a visitar la exposición en la Sala Nazaré, de jueves a sábado de 12 a 18 -con entrada gratuita-: “Viajar por el tiempo, a nivel imaginario, es algo que posiblemente mucha gente se haya planteado en algún momento. Ése es el espíritu de esta muestra”.
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