
Es domingo, ya he votado, y mientras espero los resultados leo Campañas moleculares. Comunicación política territorial en tiempos de big data, fakenews y posverdad (Ediciones CICCUS), un libro de algo más de 80 páginas que recoge la experiencia del Grupo Nomeolvides, una organización política constituída entre finales de 2015 y principios de 2016 formada por profesionales de la comunicación y militantes peronistas. Este grupo de análisis y producción conceptual dicta talleres allí donde se lo piden (más de uno semanal desde mitad de 2016 para entre 30 y 40 participantes) y adoptó como identificación «la pequeña y resistente flor celeste que, tras el derrocamiento de Perón en 1955 se transformó en símbolo de la resistencia peronista». Inspirado en esa flor, Arturo Jauretche escribió un bello poema.
El concepto de molecular proviene de las ciencias duras. Cuando dos elementos distintos entran en contacto, transforman su estructura molecular. Todo cambio químico provoca modificaciones en los cuerpos intervinientes y cambia sus propiedades. Con citas de Giovanni Sartori, Augusto Boal, Carl vonKlausewitz, Sun Tzu, ByunChul Han, pero también de Durán Barba, sosteniendo aventuras verbales indignantes como que “el electorado está compuesto por niños de 8 años”. El propósito de este trabajo, finalmente redactado por el licenciado en Comunicación Social -con maestrías en Barcelona y en FLACSO- Gastón Garriga, es argumentar frente a quienes insistentemente reciben clichés ideados por expertos en engañar y argumentar con falacias, slogans y frases de aparente sentido común.
¿Cómo hablarle de política a quien la considera… la fuente de todos los males?, se preguntan los expertos de Nomeolvides. Y responden: “con paciencia, con escucha, con empatía, con contacto interpersonal, reconocimiento del ‘otro político’ sin menosprecio, chicanas, subestimaciones o prejuicios con replanteo de las formas de intervención territorial”. En el prólogo añade Pedro Saborido: “En vez de contarle al prójimo quién soy, preguntarle qué podemos hacer juntos”. Recomiendan la fórmula BESVI, siglas de breve (“Porque hoy, frente a las influencia de las redes sociales, la atención es un bien escaso”); emocional ( “Cambiemos tuvo un logro llamando a la gente por su nombre de pila”); simple (“Lo que no se comprende genera frustración y sentimientos de inferioridad”); visual (“Los bolsos de López fueron menos abstractos que las cuentas off shore); interrogativa ( expresiones como Me pregunto, Te pregunto, Nos preguntamos, funcionan como disparadores de razonamientos” ).
Con algo de voluntarismo y principios de pensamiento mágico, pero fuertemente confiado en los recursos de la retórica, Campaña molecular propone a cualquier ciudadano una “micromilitancia organizada…para detectar a los fluctuantes e independientes de su entorno, empatizar con ellos y hablarles en su lenguaje. No una vez, si no muchas”. Tiempos 2.0 caracterizados por lo provisional, lo efímero, lo cambiante, lo inasible pero también por el miedo y el odio: este trabajo de reflexión política es útil, porque ahora hay que pensar en octubre y porque pone en tela de juicio procedimientos de comunicación tradicionales como las mesas en las esquinas o los volanteos al parecer ya no tan eficaces y especialmente que “nada nuevo se obtendrá hablándole a los propios”. «
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