INTRODUCCIÓN

En este libro ofrecemos información sobre los aspectos centrales de la experiencia de la lucha que desarrolló la República Popular China para acabar con la pobreza extrema en su sociedad, con el objetivo de que la información resulte de utilidad para quienes anhelan y luchan por una Argentina sin pobres.

La “pobreza extrema” de la que China liberó a toda su sociedad tiene una medida fijada por el Banco Mundial (BM) de 1,90 dólares por persona por día (Banco Mundial, 2002). Algunos estudiosos del tema consideran que el BM usa una forma estandarizada (y dolarizada) a fines comparativos para abarcar a la totalidad de sus miembros, que son prácticamente el globo completo. Así, puede lucir un ranking de pobreza casi universal. Pero, dicen los expertos, su vara podría considerarse baja, y quizá lo sea porque de otro modo una cantidad importante de países, los más empobrecidos del mundo, como los de África subsahariana, por ejemplo, tendrían tasas casi totales de pobreza o aún de indigencia. Cabe decir que Argentina usa una metodología muy distinta a la del BM. Otros países, como los europeos, también varían y miden respecto de un promedio. Si Argentina siguiera la metodología del BM, sus indicadores serían mucho más positivos.

Los detractores de China fustigan los datos del Gobierno del Partido Comunista chino, pero en los organismos internacionales la aceptación de que la meta fue cumplida según los criterios del BM tiene consenso. Ban Ki-moon como secretario general de la ONU, José Graziano da Silva como director general de la ONU para la Alimentación y la Agricultura (FAO), Bert Hofman como director del Banco Mundial para China, Corea del Sur y Mongolia (quien dio la cifra de 800 millones de personas sacadas de la pobreza desde la Reforma y Apertura china), Ashwani Mutthoo como director de la División de Participación Global, Conocimiento y Estrategia del Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola, Manuela V. Ferro como vicepresidente del Banco Mundial para Asia Oriental y el Pacífico, entre muchos otros, han encomiado la gesta de China.

La pobreza es un tema demasiado grave para ser usado como arma en una contienda. El mínimo sentido humanitario nos mandaría unirnos para luchar juntos contra la pobreza, en lugar de aprovecharla para dar golpes bajos.

Por la misma gravedad, se tiende a no extremar el detallismo técnico. No lo necesitamos para decir que una familia, una aldea, una persona, está sufriendo la pobreza. Ni lo necesitamos para entender perfectamente a, por ejemplo, el presidente Lula Da Silva cuando dice que su gobierno habrá tenido éxito si consiguió poner un plato de comida todos los días en la mesa de todos los brasileños. (…)

Cómo hizo China para sacar de la pobreza a 800 millones de personas

LOS POBRES ARGENTINOS

En Argentina, la medición del número de pobres se divide en “pobreza” e “indigencia” (el BM usa para este último concepto el de “pobreza extrema”). El Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC) considera “indigentes” a “aquellos hogares cuyos ingresos totales no superan el valor de la canasta básica de alimentos (CBA) capaz de satisfacer un umbral mínimo de necesidades energéticas y proteicas”. En cambio, los hogares “cuyos ingresos totales no superan el valor de la canasta básica total (CBT), que además de los alimentos comprende un conjunto de bienes y servicios necesarios para la vida cotidiana (salud, vestimenta, educación, transporte, etc.)”, son considerados “pobres”.

Mientras el indicador del BM puede considerarse “absoluto” y toma un valor “universal” que le sirve más bien para comparar entre países, el de Argentina puede considerarse “indirecto” y con un sistema propio.

Asimismo, el INDEC trabaja sobre una base elaborada a fines de la década de 1980, pero como solo actualizaba por precios y no tenía en cuenta cambios en los patrones de consumo, en 2016 cambió la metodología. Asimismo, en 2004 comenzó a preparar lo que llama “canasta del gasto” que se consolidó como medición en 2017. (Nota: ahora está en medio de una disputada reforma para medir mejor el impacto de servicios, sin lo cual los índices de estos dos años Milei son claramente falaces).

En Argentina existe una pugna histórica entre sectores que trabajan por dos modelos diferentes de país. Con matices, los promotores de esos dos modelos se han alternado en el poder.

Uno de los modelos se compone de sectores que, dentro de un esquema semicolonial, concentran junto con poderes extranjeros la propiedad de los recursos del país, y vastos sectores explotados, en los que la pobreza se hace crónica. La lucha contra la pobreza en este modelo es nula, retórica o cosmética.

El segundo modelo no reniega de una sociedad de clases, pero propugna una mayor igualdad o por lo menos una mejoría en las condiciones de vida de los sectores más vulnerables.

El anhelo por el bienestar de toda la sociedad que plantearon Belgrano y San Martín fue sostenido por líderes que los fueron sucediendo, y así se crearon momentos de gran progreso en las condiciones de la vida social. Desde 1916 la Unión Cívica Radical representó un fuerte protagonismo popular para instalar diversas medidas en favor de los más pobres que tendieron a democratizar la renta agraria que sólo usufructuaba la oligarquía. Esta tendencia fue profundizada desde 1945 cuando un nuevo movimiento, liderado por Juan Domingo Perón, orientó la Argentina hacia una justicia social que promovió estructural y exponencialmente el bienestar de los sectores pobres, a través de una distribución más equitativa de la riqueza del país.

En los últimos años esta tendencia del pensamiento ha sido expresado con claridad por el Papa Francisco. En la encíclica “Fratelli Tutti”, escribe: “El desarrollo no debe orientarse a la acumulación creciente de unos pocos, sino que tiene que asegurar los derechos humanos, personales y sociales, económicos y políticos, incluidos los derechos de las Naciones y de los pueblos. El derecho de algunos a la libertad de empresa o de mercado no puede estar por encima de los derechos de los pueblos, ni de la dignidad de los pobres”.

El anhelo por el bienestar general a través de la justicia social, por una sociedad sin pobres, sigue presente hoy en Argentina.

Nuestro país ha desarrollado su praxis de un modo diferente a China, recorriendo un camino propio, con actores propios: partidos políticos, organizaciones sociales y sindicales, iglesias, universidades, una variedad de otras organizaciones gubernamentales y no gubernamentales y otros sectores.

Estos actores pueden encontrar en el conocimiento de la experiencia de la lucha contra la pobreza en China un espacio de reflexión sobre su propio trabajo y puede resultarles inspirador.

China está viviendo una época de formidable crecimiento desde hace 40 años, que la ha llevado a escalar desde el lugar de un país subdesarrollado hasta convertirse en una de las primeras economías mundiales.

El logro es impresionante, pero no es el primer momento de esplendor en la milenaria historia del país oriental. Varias dinastías tuvieron épocas de gran fortuna. Sin embargo, ni en el mejor de esos episodios históricos, se terminó con la pobreza. Siempre hubo pobres en China, el país más poblado del mundo en la historia de la humanidad. Estamos, por lo tanto, ante un momento supremo en la historia de China. (…)

Quienes escribimos este libro somos periodistas que hemos atravesado (y escrito sobre) muchas crisis, ajustes y desastres sociales en nuestro país. Escribimos desde el interés de los argentinos. Atendemos a las preguntas de los argentinos. Esta no es una investigación que tiene como objetivo comunicar la superioridad de China, sino estudiar un logro (acaso el que mejor demuestre su éxito como país) que puede servirle a la Argentina.

La experiencia de China es un capital importante que puede ser aprovechado por nuestros políticos, gobernantes, dirigentes sociales, legisladores, académicos, intelectuales, investigadores, líderes religiosos y cualquier argentino que desee el bien de su pueblo de modo tal que cada argentino pueda tener tres platos de comida por día en su mesa, pueda contar con la ropa adecuada, pueda tener su casa y de que cada uno de los chicos argentinos vaya a la escuela.

Cómo hizo China para sacar de la pobreza a 800 millones de personas

La Compañía de Arte de Bordado Colorido Tibetano de Hainan

Las personas de la etnia tibetana se parecen mucho entre sí. Especialmente se parecen por el gusto que les da vestir. Se diría que el fundamento de esa vocación es su alma chispeante que ha nacido en un territorio gigantesco y monocromo, casi sin árboles, como un manto pardo. Observan el mundo de un solo tono yerto y eso les causa la necesidad de vestirlo de colores. Colores vívidos.

Así, en las montañas, en los puentes, en la mitad de una planicie, hacen enormes instalaciones de banderas azules, blancas, rojas, verdes y amarillas, que flamean con el viento eterno y brillan con la luz el sol. Visten las montañas, y también visten el interior de cada pequeña capilla dentro de sus templos, en los pueblos los paredones y los espacios comunes; visten sus casas con tantos adornos que las paredes son una masa abigarrada de símbolos budistas supercoloridos. Visten sus caballos cuando hacen ritos para comunicarse con sus dioses hasta que parecen animales mitológicos.

Sobre todo, se visten. Visten sus cuerpos. La vestimenta tibetana, amasada durante siglos, es una de las más hermosas que han concebido los humanos en su larga historia. Las telas, las formas, los tonos, el modo en que la visten, es un aporte de belleza que todo el mundo debería apreciar y agradecer.

En la provincia de Qinghai no crecen con abundancia las frutas tropicales, ni hay puertos marítimos que promuevan el comercio ni una tradición de industrialización. La naturaleza es frágil y exigua, apenas deja brotar la agricultura y los yaks y las ovejas deben recorrer grandes distancias para alimentarse del pasto ralo que nace sufrido. Pero está el alma chispeante de los tibetanos.

Una táctica básica del combate contra la pobreza fue que cada región pobre saliera adelante con sus recursos. No se habrían de instalar en Qinghai fábricas de piezas de electrodomésticos, ni unidades de producción de setas. Para andar el camino que dejaría la pobreza atrás, el desafío fue convertir el modo de vivir tibetano en ingresos económicos.

Se ha recurrido a diferentes aspectos de la cultura budista para que los tibetanos obtuvieran los recursos necesarios para dejar atrás una pobreza que, durante siglos, se les había hecho tan natural como el paisaje.

Terminar con la pobreza extrema entre los tibetanos –que habitan mayormente las provincias de Qinghai, Sichuan y Gansu y la región autónoma del Tíbet– fue un episodio mucho más revolucionario que en otros lugares, en los que la historia alternó los malos tiempos con los buenos tiempos. En bloque, los tibetanos estaban simplemente convencidos de que jamás vivirían en otra condición que no fuera la pobreza. Del budismo se vienen ofreciendo a los turistas la visita a templos, la asistencia a celebraciones de ritos, con cantos y bailes, las artesanías y la vestimenta.

Cuando arman sus gigantescas instalaciones de banderas de plegarias en una montaña se hace evidente que todos los tibetanos saben lo mismo.

Algunos saben más, pero hay un saber enorme que es compartido por toda la comunidad. De la misma forma, todas las mujeres saben hacer ropa, y parte de la ropa son los bordados. La tradición del bordado en el distrito de Hainan empezó a destacar y a ser conocida en toda la provincia.

Cada mujer sabía bordar, y lo hacían con más talento y mejor gusto que en cualquier otro lugar. Hainan se hizo conocida en aquel lejano mundo por las diestras manos de sus bordadoras.

En la búsqueda incesante de recursos que permitieran sacar a los tibetanos de la pobreza –una tarea que llevaban adelante los tibetanos con funcionarios llegados de otros lugares, cuadros del Partido Comunista de distintos niveles, voluntarios y empresarios– surgió la idea de convertir el bordado, que sólo se usaba para confeccionar ropa, en un arte que pudieran adquirir los turistas, los amantes del arte, los aficionados a las culturas étnicas y, en general, por todo chino que sintiera orgullo de la belleza que se creaba en su patria.

En 2006 fue creada la Compañía de Arte de Bordado Colorido Tibetano de Hainan. Su presidenta, Lamuye Zhong, explica que la empresa busca ser fructífera y tiene entre sus metas difundir la cultura tibetana y contribuir al alivio de la pobreza en la zona.

“Desde el principio”, dice, “tuvimos el objetivo de fortalecer las habilidades de bordado tibetano, popularizarlas y afirmarlas en mujeres con dificultades laborales en áreas agrícolas y pastorales, para aumentar sus ingresos. La empresa proporciona las materias primas de forma gratuita, las mujeres bordan de acuerdo con las directivas que les damos y cobran salarios de mercado. Además, obtienen parte de las ganancias de sus obras vendidas”.

La empresa invirtió en la construcción del edificio de cien metros cuadrados que funciona como taller de producción, área de investigación y desarrollo, con espacios de capacitación, oficinas administrativas y salón de exhibición y venta. Este último está en la planta baja, y es el lugar abierto al público. Es el piso tan brillante como un espejo, que parece un palacio. Su hermosura es un marco lleno de respeto por las obras que bordan las mujeres que en ese momento están en los talleres del tercer piso.

Muchos de los cuadros están enmarcados en madera; otros son estandartes al estilo de las pinturas thangka del budismo y otros son paneles de hasta 20 metros de ancho. Cada uno de esos miles de cuadros fue bordado por las manos de las tibetanas de Hainan.

Los motivos de los cuadros incluyen ciervos y mastines tibetanos. Los ciervos pertenecen a la mitología budista, que es la que tiene preeminencia en los motivos. (…) Los cuadros mayores y los de tamaño inconcebible, que debe hacerse una peregrinación para recorrer sus muchos metros, tienen los motivos de los thangka, contando los muchos episodios de la vida de Buda y presentando miles de escenas, dioses y criaturas de diferentes mundos, en paisajes gloriosos. Todos los cuadros tienen colores que brillan de modo hermoso y cada puntada del bordado tiene una precisión maravillosa.