Por estos días Sylvia Fischer es una de las personas más requeridas por los medios. No es una jueza que deba decidir sobre la suerte del DNU que impulsa el Gobierno ni la última participante en abandonar la casa de Gran Hermano. Es, ni más ni menos, una especialista en mosquitos.

Aunque el genérico no le hace justicia a tantos años de estudio y dedicación. Ella es investigadora del Conicet en el Instituto de Ecología, Genética y Evolución de Buenos Aires y en el Departamento de Ecología, Genética y Evolución de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA. Palabra autorizada para hablar del tema del momento. Y arranca con una aclaración: “Lo importante es dejar en claro que esta invasión de mosquitos que estamos sufriendo no tiene nada que ver con la especie que transmite el dengue”.

Sylvia lleva tranquilidad a la población, alterada por la escasez de repelentes y el consecuente (e insensible) aumento de los pocos que hay en stock. “Las especies que estamos teniendo ahora, que generan este pico de abundancia y de molestia en las personas, son especies de ‘mosquitos de inundación’ (Aedes albifasciatus en la jerga de laboratorio). Se crían en lugares que están sujetos a un régimen de inundación–sequía–inundación; en zonas donde hay mucho charquerío como pueden ser Lobos o Cañuelas».

«Las hembras ponen los huevos y por la sequía se van acumulando. Cuando finalmente llueve, los terrenos se inundan y todos los huevos eclosionan sincrónicamente. Las larvas se desarrollan y ya adultos salen a picar para buscar esa fuente extra de proteínas que es la sangre. Es drástico porque son muchos mosquitos que salen a picar todos juntos de un día para el otro. Hay que aclarar que no es un fenómeno solo de la Región Metropolitana de Buenos Aires (CABA + partidos bonaerenses) sino de toda la región húmeda del país. Es como si toda la región en este momento estuviera metida en una nube de mosquitos”.

–¿Qué se puede hacer?

–Lo único que podemos hacer es esperar a que pase. El uso de repelentes no es cien por ciento efectivo para estas especies de mosquitos, que suelen ser muy ávidas de picar aún en presencia de repelente. Por supuesto que hay ciertos recaudos como limitar las actividades al aire libre o mantener el pasto corto, pero no mucho más. En el caso del mosquito que transmite el dengue (el Aedes aegypti), que tiene un comportamiento más sutil, sí podemos incorporar un montón de hábitos porque es un bicho que se está criando en nuestras casas. Tenemos que evitar dejar recipientes con agua, revisar las rejillas, limpiar las canaletas de desagüe. Volviendo al mosquito de inundación, la verdad es que no tenemos estrategias para evitar estos picos de abundancia.

Alerta

El 2023 será recordado por muchas (malas) noticias. Entre ellas figura el récord de casos de dengue reportados: 68 muertes y 135.676 personas infectadas al 17 de diciembre pasado. Hay más: casi todos los contagios fueron autóctonos, es decir, en personas sin antecedentes de viaje. Ante esta situación, el Ministerio de Salud de la Nación emitió una alerta epidemiológica por riesgo de propagación del dengue y advirtió que se observa en el país “una curva epidemiológica ascendente”.

Al mismo tiempo, la Organización Mundial de la Salud (OMS) advirtió que “la incidencia mundial del dengue aumentó notablemente en las últimas dos décadas” y consideró que la suba de los casos es “una grave amenaza” a la salud pública (ver recuadro).

“Lo que nosotros venimos viendo –explica Fischer– es que en los últimos 13, 14 años, tuvimos varias epidemias y que cada una de ellas fue de mayor magnitud que la anterior. Uno esperaría entonces que, a futuro, estos períodos sin epidemias se vayan haciendo más cortos y que la cantidad de casos siga en aumento. Esto se debe a que el sistema de salud está preparado para diagnosticar mejor; y por otro lado, a que toda nuestra región está sufriendo un proceso de colonización por parte del mosquito que transmite el dengue. El conocimiento que tenemos aún no alcanza para contrarrestarlo”.

–Pareciera que el dengue dejó de ser un problema exclusivo del verano.

–Este mosquito es de origen tropical y le van bien las temperaturas nuestras que son relativamente cálidas. Cualquier insecto se muere por encima de los 40 grados, pero acá estamos dentro del rango en el que no solo no se muere, sino que se aceleran los ciclos de vida aumentando la población. Recién en el invierno hay una interrupción en la actividad del mosquito y por ende también de la transmisión.  «

El calor y el cambio climático

La Organización Mundial de la Salud (OMS) advirtió que los mosquitos del género Aedes, transmisor de dengue junto con el zika y el chikunguña, “son cada vez más frecuentes en zonas del Cono Sur de Sudamérica y en el sur de Europa”. La agencia sanitaria de la ONU detalló que este incremento está acompañado de la aparición simultánea de brotes que se han extendido a regiones anteriormente no afectadas por la enfermedad, en gran parte a causa del cambio climático. Actualmente, unos 500 millones de personas en América Latina están en riesgo de infección por dengue”.

“No sé si hablaría de cambio climático, me resulta difícil ponerlo en esos términos –reflexiona Fischer– pero sí podemos pensar en un cambio global antropogénico, un mundo donde hay más zonas urbanizadas y son justamente esas zonas las que generan islas de calor cada vez más importantes. Así se van creando las condiciones favorables para el mosquito, sobre todo en esta región templada. A más islas de calor, menos inviernos y más mosquitos”.