Cory Wong no es un guitarrista más. Es, para muchos, el tipo que entendió que la guitarra rítmica puede ser melódica, emocional y liderar una canción sin necesidad de solos pirotécnicos. Parte central de otro tanque como lo es Vulfpeck, el estadounidense vino al país a hacer sonar acordes caros, bellas armonías y mostrar sus manos en todo su esplendor.
Nacido en Poughkeepsie, Nueva York, y criado en Minneapolis, Wong construyó su carrera desde el under hasta convertirse en un músico de culto para los amantes del groove. Pero su salto a la fama masiva llegó cuando se sumó como guitarrista rítmico de Vulfpeck, la banda de funk/indie de Michigan que en los últimos años se convirtió en un fenómeno de culto global.
Su estilo es inconfundible: picking rápido, percusivo, con una muñeca derecha que parece tener vida propia. Ni siquiera pareciera necesitar tocar los acordes completos; para eso tiene una banda, ¿o no? Esa filosofía se traslada a cada una de sus presentaciones: no es un virtuoso que busca lucirse, es un músico de conjunto que entiende que el groove se construye con todos los elementos de su equipo.
No hay que ser un erudito ni melómano -palabra sumamente depreciada en estos momentos- para poder disfrutar de lo que el bueno de Cory trajo consigo. Canciones tersas, acordes suaves y un ritmo que invita a bailar, mover la cabeza y mirar con detalle para tratar de entender: ¿qué está haciendo este tipo?
Cory Wong y su troupe pasaron por Argentina por primera vez para dar un show de esos que entran en el top anual de cualquier periodista, radio o portal. La noche arrancó muy cerca de la hora pautada (a las 21 hs) con “Out at Midnight” y el primero de cinco temas “prestados” de otros proyectos que comparte Cory, como “Flyers Direct”, de The Fearless Flyers.

Cory Wong y Elton John
Pasaron un par de canciones más, como “Team Sports”, “Bluebird” y “Kenni and the Jets”, su reinterpretación instrumental de “Bennie and the Jets”, versión de un clásico de Elton John, para que la faena terminara de entrar en calor y el público decidiera, por fin, ser parte del show.
En un momento, con esa falsa modestia que tienen los músicos cuando están en modo agradecimiento, se dio vuelta, miró a su banda y largó: “¿Este es el mejor público para el que hemos tocado?”. El Art Media ya estaba prendido, pero también es cierto que el tipo se trajo cinco vientos, una sección rítmica que funcionaba como un solo organismo y una muñeca que no paraba de tirar trucos. Con esa artillería, medio trabajo ya estaba hecho. La banda era un lujo innecesario, pero bienvenido.
Cinco vientos metió el tipo. No es una exageración, es un dato. En un momento, Wong dejó la guitarra, se paró al frente y empezó a dirigir como si estuviera en un ensayo de conservatorio. Sonó Stevie Wonder. Sonó bien. Antes habían sonado “Smokeshow”, “Status Man”, “Briteapolis” y, posteriormente, “Assassin”, la famosísima “Cory Wong” y “Brooklyn Bop”.
El cierre de la jornada, que duró más de dos horas y algo así como 16 o 17 canciones, estuvo a cargo de “The Grid Generation” y “Dean Town”, otro clásico de Vulfpeck, como bises, de una noche que lo tuvo realmente todo y que hace preguntarse: ¿cuáles son las chances?

Snarky Puppy ya pasó, Knower también, y volverán. Cory Wong se encontró con una sala que conocía el género y lo esperaba. No fue una revelación, fue una confirmación. La puerta quedó abierta para Vulfpeck, que sería el paso lógico, pero también para que estos músicos sigan viniendo a probar suerte con esta gente que entiende la técnica como un valor en sí mismo.
La noche fue eso: un tipo que dominaba su oficio con tanta precisión que el oficio dejó de verse y se volvió, simplemente, música. No hubo épica, no hizo falta. Hubo groove.
Que algo parezca simple habla mejor del músico que de la canción.