Crónica de una crisis anunciada

Por: Fernando Córdoba y Lucas Benítez

La paradoja es evidente: mientras el discurso celebra el equilibrio fiscal, la economía real se achica, las tensiones crecen y los dólares vuelven a escasear.

Como en la novela de Gabriel García Márquez, donde todos sabían lo que iba a ocurrir pero nadie hacía nada para impedirlo, la economía argentina parece encaminarse hacia un desenlace previsible. Desde el primer día, el gobierno de Javier Milei prometió un cambio radical: eliminar el Banco Central, dolarizar la economía y alcanzar el equilibrio fiscal como sinónimo de éxito. Sin embargo, la realidad muestra otra cara: una recesión profunda, caída del consumo, deterioro del salario real y una creciente fuga de divisas.

El impacto del ajuste fue inmediato. En 2024 la actividad económica tocó fondo y, tras un leve repunte en el primer trimestre de 2025, volvió a caer. La recuperación inicial se explicó por factores transitorios: la reactivación del agro tras la sequía, el crédito, el blanqueo de capitales y un aumento puntual del gasto público real entre diciembre y marzo. Ese “veranito expansivo” duró poco. El agro se agotó, el blanqueo se esfumó y  el crédito se cortó por mora. Además, desde abril 2025, el gasto de capital se desplomó (-15 % en abril, -34 % en mayo) y el gasto social se frenó. Los subsidios y salarios públicos, en tanto, permanecieron en terreno negativo durante todo el año.

La masa salarial real —el motor del consumo asalariado— mejoró parcialmente en la segunda mitad de 2024, pero aún se mantiene por debajo de los niveles de 2023. En los primeros meses de 2025 el impulso se agotó: el poder adquisitivo volvió a estancarse y el consumo interno perdió fuerza. En una economía donde más del 70 % del PBI depende de la demanda doméstica, este freno tiene consecuencias directas sobre la actividad y el empleo.

En paralelo, la inflación muestra una desaceleración que el oficialismo presenta como su principal logro. Tras el pico de diciembre de 2023 (25,5 % mensual), el IPC se estabilizó entre 2 % y 4 % mensual durante 2025. Pero este descenso no es producto del orden fiscal, sino del congelamiento del tipo de cambio y de la contención de los salarios reales, convertidos en una segunda “ancla” del programa. Además, el índice debe leerse con cautela: los precios regulados —educación, transporte, comunicaciones y, sobre todo, tarifas— subieron más de 100 % en un año, aunque tienen una ponderación menor que alimentos, lo que subestima el aumento real del costo de vida.

El principal desafío del gobierno es sostener el tipo de cambio como ancla nominal, pero la estrategia mostró debilidad. Las mini-devaluaciones planificadas fueron superadas por las tensiones del mercado, con saltos del 3 % en junio, 7 % en julio y 5 % en agosto y septiembre. Esto expuso la fragilidad del esquema y aumentó las dudas sobre la sostenibilidad de las metas inflacionarias en un contexto de expectativas inestables

En el frente externo, el panorama se complica. La Formación de Activos Externos (FAE) —el indicador que mide la compra neta de dólares por parte de residentes— crece mes a mes y ya supera los USD 17.000 millones en lo que va de 2025. En otras palabras, los argentinos vuelven a dolarizarse. La inestabilidad política, la falta de confianza en el esquema de bandas y la percepción de atraso cambiario alimentan la fuga de divisas y erosionan las reservas del Banco Central. No es casualidad: en el Mundial de Clubes, los hinchas argentinos coparon los estadios y pagaban un café más barato en Miami que en Buenos Aires. Algo anda mal.

Para tranquilizar al mercado, Milei volvió a golpear la puerta de Estados Unidos. La foto con Donald Trump buscó mostrar respaldo, pero por ahora no hay desembolsos concretos. La anécdota recuerda a la historia del banquero J. P. Morgan: cuando un empresario fue a pedirle dinero, Morgan le respondió que ya lo había ayudado solo con recibirlo en su oficina, porque todos verían que lo trataba como solvente. Algo parecido ocurre hoy: hay imagen, pero no fondos.

La paradoja es evidente: mientras el discurso celebra el equilibrio fiscal, la economía real se achica, las tensiones crecen y los dólares vuelven a escasear. Todo indica que el “ajuste expansivo” es, como siempre, un oxímoron. En la Argentina de Milei, los números cierran, pero el país no.

* Fernando Córdoba es Coordinador del Centro de Estudios de Economía Política y Desarrollo UNM. Investigador Docente CIC-UNM. 
* Lucas Benitez es Docente investigador de la UNM

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