Cuando Maradona fue Baltasar, el Rey Mago negro

En 1993, en Sevilla, Diego se disfrazó para llevar juguetes a niños internados. "Fue el día más feliz de mi vida. Quise ser Baltasar porque el color del corazón es el que cuenta, el de piel no tiene nada que ver", dijo.

En un carruaje antiguo, Diego Armando Maradona llega junto a Claudia Villafañe y a sus dos hijas Dalma y Giannina a visitar el Hospital San Juan de Dios y el Sanatorio del Gran Poder, en Sevilla. Es 6 de enero de 1993. Maradona busca dejar atrás el doping en Italia, la salida escandalosa de Napoli. Y hacer felices a los niños internados en la capital de Andalucía. Por eso decide disfrazarse de Baltasar, el Rey Mago negro, e ir junto a sus compañeros de equipo Diego “Cholo” Simeone (Gaspar) y Diego Rodríguez Fernández (Melchor) a repartir regalos en un día que en España tiene una tradición especial. 

(Foto: Twitter)

“Fue el día más lindo de mi vida”, diría Diego después, en una nota al Diario Marca. “Me encantó ser Rey Mago y, sobre todo, ser Baltasar. Cuando me dieron a elegir -detalló Maradona- yo dije que quería ser Baltasar, el rey negro, porque los negros están siendo discriminados. Y porque es el que a los chicos le tienen más simpatía. El color del corazón es el que cuenta, el color de piel no tiene nada que ver, todos los hombres somos iguales”. Para ese entonces el Diez ya había jugado 15 partidos con la camiseta de Sevilla, con apenas tres goles. En el horizonte se venía el duelo con Barcelona, por eso aseguró que aunque “ya estoy demasiado grande para pedirle algo a los Reyes” le gustaría una victoria ante el Barca. No cumplieron: el 10 de enero empataron sin goles en el Sánchez Pijuan. 

En 1980, cuando todavía no había cumplido los 20 años y aún jugaba en Argentinos Juniors pero ya era una sensación en el fútbol argentino, también hizo una visita a los niños internados, en este caso al Hospital Pedro Elizalde, más conocido como Casa Cuna. Diego apareció con una remera de Brasil y distintos juguetes para los chicos. 

(Foto: Twitter)

Desde que el Diez pasó a la eternidad el 25 de noviembre se hizo carne lo que hace tiempo se sabía: hay un Maradona para todo. Cada fecha, cada lugar, cada acto tiene una conexión con el mejor jugador de todos los tiempos. Por algo fue Maradona. Por sus goles, sus gambetas, su carisma, sus frases. Por ser Baltasar y hablar de racismo en 1993. Y también, por definiciones como estas, de 1984: «Yo no soy ningún mago. Yo soy Diego, el que nació en Fiorito. Pero los magos son los que viven allá, en Fiorito. Son magos porque viven con 1000 pesos por mes».

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