La pregunta quedó en el aire tras la incursión aérea de Estados Unidos en Venezuela. ¿Qué pasará con Cuba? El propio Donald Trump, con Nicolás Maduro y su esposa detenidos en una cárcel de máxima seguridad de Brooklyn, lanzó una amenaza que sonó (o buscó sonar) temible. “Cuba caerá muy pronto. Es una nación que está muy cerca del colapso”, dijo el martes 27 de enero durante un diálogo con periodistas en la previa de un acto en Iowa. Dos días después firmaba una orden ejecutiva que impone aranceles a los países que quieran venderle petróleo a la isla.
El anuncio reflejó que el gobierno republicano de EEUU optó por llevar la guerra económica contra Cuba hasta un nivel extremo; a una dimensión que deteriore (aún más) la vida cotidiana, incluso en lo más básico. El pronóstico de muchos actores internacionales que siguen con consternación la escalada militarista es que el bloqueo energético total -de no abrirse una instancia de diálogo entre Washington y La Habana, que no está descartada- podría derivar en una catástrofe humanitaria en la isla del Caribe.
“Esta orden ejecutiva matará a innumerables cubanos inocentes”, advirtió la congresista estadounidense Rashida Tlaib, del ala izquierda del Partido Demócrata como el alcalde neoyorquino Zohran Mamdani. Integrante de la Cámara de Representantes por el estado de Michigan, Tlaib (de ascendencia palestina), dijo estar “horrorizada” por el intento de la administración de Trump por “estrangular a un pueblo entero”. “Hogares, escuelas y hospitales sin energía. Niños sin comida o medicina. Cuba no significa una amenaza para EEUU. Esto es pura crueldad”, posteó desde la red social X.
La presión contra Cuba sumó un nuevo capítulo en los últimos días. Fue un ida y vuelta bastante sugestivo. Lo inició Trump con una declaración pública, una frase que pareció delimitar un nuevo ‘frente’ para la beligerancia -por ahora retórica- con la isla; algo así como una nueva locación, una escenografía, para los intercambios. “Estamos hablando con la gente de Cuba, la gente de mayor rango. Creo que vamos a llegar a un acuerdo”, deslizó Trump a los periodistas. Fue a principios de esta semana en su reducto de Mar-a-lago, Florida.
En representación de La Habana tomó la palabra el viceministro de Relaciones Exteriores, Carlos Fernández de Cossío. “El gobierno de EEUU sabe que Cuba está lista, y lo ha estado desde bastante tiempo, para mantener un diálogo significativo. Por el momento hemos tenido algunos intercambios de mensajes pero no podemos decir que tengamos un diálogo bilateral”, dijo a la cadena CNN. Y en la misma entrevista remarcó: “No estamos dispuestos a discutir nuestro sistema constitucional. Del mismo modo que suponemos que EEUU no está dispuesto a discutir su sistema constitucional, su sistema político o su realidad económica”. Esta definición fue en respuesta a la exigencia (transmitida imperativamente como si fuera un últimatum enarbolado por Marco Rubio) de un “cambio de régimen”.
Vista desde Argentina, la incertidumbre que rodea a Cuba genera interés, preocupación y, por qué no decirlo, sensibilidad. Son dos países con una relación estrecha y que reúne particularidades a lo largo de la historia: desde que el prócer cubano José Martí trabajó como corresponsal para el diario La Nación (cubría la actualidad estadounidense para el medio fundado por Bartolomé Mitre) hasta la popularidad que adquirió en la isla el comediante Guillermo Francella, alejado de cualquier canon cultural de izquierda. Pero el pilar ineludible de toda esta saga es, por supuesto, Ernesto “Che” Guevara.
Dos de los argentinos que más conocen y mejor información tienen sobre lo que pasa hoy en Cuba son Jorge Kreyness y Luis Ilarregui. El primero es secretario general del Partido Comunista Argentino (PCA); el segundo fue embajador en La Habana y se desempeñó en la legación diplomática entre 2020 y 2023. De larga trayectoria en el PC, con origen en la militancia universitaria -en los ’70 fue titular de la FUA La Plata- y volcado luego a las relaciones internacionales, Kreyness advirtió sobre el riesgo de una crisis humanitaria.

“El propósito de generar una crisis humanitaria está confesado abiertamente por los norteamericanos. El bloqueo (ahora de suministro de petróleo) tiene el sentido de crear dificultades para debilitar a la población en general y para debilitar al gobierno (de Miguel Díaz-Canel), cosa que hasta ahora no ha ocurrido pero tampoco es algo que se pueda descuidar”, sostuvo en diálogo con Tiempo. Y añadió: “El gobierno de Donald Trump, como expresión del imperialismo de estos días, está dispuesto a todo. Lo demuestra el apoyo integral que le está brindando al gobierno de (Benjamin) Netanyahu en Israel, que produce un genocidio en la Franja de Gaza: ellos no vacilan en asesinar.”
Ilarregui, peronista de la provincia de Buenos Aires, fue uno de los primeros bonaerenses en sumarse al proyecto de Néstor Kirchner. Se lo podría definir como un ‘nestorista’ de la primera hora. Se desempeñó como intendente de la localidad de Ayacucho; fue, también, diputado nacional. En el primer año de mandato de Kirchner (de abril a agosto de 2004) actuó como ministro de Gobierno de la intervención federal de Santiago del Estero. “Fui ministro en Santiago del Estero y embajador en Cuba. Y me enamoré del lugar en ambos casos. Amo Santiago y amo Cuba”, confió a este diario.
En cuanto a la orden ejecutiva de Trump, Ilarregui alertó largamente sobre sus efectos. “Esta decisión de escalar la guerra económica contra Cuba impidiéndole toda provisión de petróleo es desastrosa”, evaluó. Y amplió: “Hablando con los cubanos, ellos utilizan la frase de que seguirán resistiendo. Como pasaron por momentos difíciles en el pasado y siempre lograron resistir. Dicho esto, obviamente que están preocupados.”
El exembajador contó que cuando estuvo a cargo de la representación argentina en Cuba pudo observar los efectos cotidianos del boicot estadounidense. Recordó las colas en las estaciones de servicio, los cortes de luz “que ahora se deben estar más pronunciados” y el impacto que se produjo en la isla cuando los turcos del grupo empresario Karadeniz retiraron transitoriamente unas usinas flotantes (barcos que generan electricidad a partir del fuel oil) que estaban fondeadas en el puerto de La Habana.

Ilarregui, de todos modos, planteó que “Cuba no va a caer”. Mencionó entonces al “sistema dirigencial cubano” (lo consideró “distinto” al venezolano); remarcó también el peso y la influencia que mantiene Raúl Castro, de 94 años. “Es legendario para Cuba, para la clase dirigente. No va a ser tan fácil que el gobierno cubano caiga… Después, claro, supongo que hay negociaciones (con EEUU) pero (los cubanos) no lo van a decir por el profesionalismo que tiene su Cancillería, que es muy importante”, valoró por experiencia propia y con pruebas al canto.
Sobre las autoridades cubanas, Kreyness hizo del mismo modo su evaluación: recordó la impronta de presencia personal que tenía Fidel Castro para descomprimir o (tratar de) acelerar la solución de problemas. “El presidente Díaz Canel permanentemente está en los lugares más complejos, donde hay situaciones que seguramente generan disgusto, para hacerse presente, poner la cara y explicar”, dijo. Y agregó: “Recientemente hizo un llamado al partido (por el Partido Comunista de Cuba) y está recorriendo las provincias, para poner la máxima atención frente a las amenazas que vienen sufriendo.”
Zonas de influencia
Como se sabe, el ataque estadounidense del 3 de enero en Caracas y otros puntos de Venezuela sacudió a la isla. La muerte violenta de 32 efectivos de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (las FFAA del país) y del Ministerio del Interior produjo, en palabras de Ilarregui, un sentimiento colectivo de “mucha tristeza y mucha indignación”. “La indignación es con la actitud de EEUU. Pero para los norteamericanos no va a ser fácil plantear una cuestión de lucha, salvo que quieran bombardear todo Cuba”, especuló el diplomático.
Consultado por la incursión sin defensa antiaérea de los helicópteros de la Fuerza Delta, Kreyness contestó que los hechos aún no están del todo claros. “Lo que pasó debe ser investigado. No es algo habitual. Aparentemente hubo armas con características desconocidas, como armas hipersónicas que dificultan las comunicaciones. Lo que pasó el 3 de enero fue multicausal”, esbozó.
Ante la pregunta sobre el rol que tuvieron tanto Rusia como China y si ambas potencias pudieron hacer más para impedir la violación de territorio soberano, el dirigente del PC contestó: “Todos podemos hacer más. China y Rusia también pueden hacer más. Entiendo que las direcciones que estudian esas situaciones, en esos países como en otras partes del mundo, tienen la voluntad de hacerlo, pero con los cuidados de no desatar un conflicto. Otros (países) simplemente hacen declaraciones verbales”, reprochó aunque sin dar más precisiones.
Luego alertó: “Todas las latitudes del planeta, minuto a minuto, están analizando los nuevos acontecimientos: por ejemplo, el secretario general de las Naciones Unidas dijo que la ONU se está quedando sin fondos para actuar. Es un momento muy grave por lo que pasa en Cuba, por lo que pasó en Venezuela pero también por lo que nos está pasando a los argentinos”.
“Trump no va a durar”
Cuando la charla giró hacia el confín austral del hemisferio, Kreyness e Ilarregui advirtieron sobre el riesgo de pérdida de soberanía que enfrenta el país: hablaban de la reciente intervención de la terminal portuaria de Ushuaia y de una eventual asociación con EEUU para el uso conjunto de los puertos (algo similar a lo que ocurre con la base naval de Rota, sur de España). Kreyness habló de un “plan de entrega encabezado por Javier Milei”. Y advirtió que tal proceso podría concluir, dijo, “en el intento de poner una base militar del Comando Sur”.
Ilarregui, en tanto, se valió del tema para criticar a Guillermo Moreno y a quienes creen que un alineamiento total y absoluto con Washington permitiría recuperar -gradualmente- la soberanía en el Atlántico Sur. “Puede ser que las Malvinas, como dice Moreno, vuelvan a ser argentinas pero en ese caso serían argentinas-estadounidenses, no argentinas”, ironizó. Y al ampliar sobre el exsecretario de Comercio y sus posturas sobre Trump, acicateó: “Lo que me extraña de Moreno es que lo analice y lo evalúe pero no lo critique.”
Los casi tres años que pasó en Cuba le permitieron al exembajador argentino conocer en profundidad detalles, anécdotas, protagonistas en la relación Washington-La Habana. Intereses detrás de bambalinas. En ese lapso coincidió en su función con un grupo de representantes de países que estaban gobernados por experiencias políticas progresistas, como Colombia, Brasil, España, Chile; esos embajadores, junto con él por Argentina, trataron bastante al entonces delegado de la Casa Blanca en Cuba, el encargado de negocios Benjamin Ziff.
“Era demócrata, había pasado por Venezuela y estaba ligado a no sé qué sectores. Pero de casualidad había vivido de niño en la Argentina, en Rosario; había hecho el secundario también en Argentina, e incluso su tesis doctoral, presentada en la Universidad de California, había sido sobre el peronismo”, reveló Ilarregui durante la charla con Tiempo. El exdiplomático recordó también un objetivo que no pudo concretar por el cambio de gobierno en Argentina: la asociación con Cuba para asesorar a la isla en la ampliación de su frontera agropecuaria. “Ya estaba todo listo para despachar algunas maquinarias agrícolas y comenzar con mil hectáreas de maíz”, repasó.
Por último, tanto Kreyness como Ilarregui expusieron diferencias y acuerdos sobre el tiempo que se viene. Consultados por una eventual división del planeta en áreas de influencia, ambos mostraron matices en sus respectivos análisis. Kreyness, por caso, llamó a todas las fuerzas de la región a “condenar la política de zonas de influencia”. Además, dijo que esa doctrina es promovida por EEUU y la consideró “inaceptable”. “América latina no puede entregarse o ser entregada como zona de influencia de los EEUU. Ni lo va a ser. Aunque lo diga Moscú, aunque lo diga Beijing, aunque lo diga quien fuera”, subrayó.
Ilarregui, en tanto, atribuyó a Trump “la idea de Oriente para China, Europa para Rusia y ‘para nosotros (por EEUU) toda América’”. “Es una posibilidad, es lo que él (por Trump) plantea”, dijo. Pero luego descartó que las tesis e ideas de Trump puedan consolidarse y estabilizarse en el tiempo: el pronóstico incluye a la sociedad norteamericana pero también al resto del mundo. “Las ideas de Trump no van a durar. Lo mismo las de Milei. Los dos van a perder en un determinado momento: no sé si mañana, pasado mañana o dentro de tres días, pero van a perder”, vaticinó, convencido. Y como indicador clave concluyó: “Trump ha perdido todas las elecciones de estos últimos tres años”.