“El fin de semana pasado del viernes al lunes casi no existí en mi casa. Venía y llevaba comida, buscaba quien cuide a los más chicos y me volvía a ir”, cuenta Maqui Beitía Rocha, integrante de la Comisión de Mujeres del Sutna, compañera de vida de uno de los trabajadores de Fate. “Sabemos que si ganamos esta lucha es muy importante para muchas personas, no sólo para nosotros”, agrega en charla telefónica con Tiempo Argentino.
En 2019 cuando durante el gobierno de Mauricio Macri la fábrica de ruedas presentó un preventivo las mujeres de los trabajadores se encontraban en las acciones, se ponían las mismas remeras que sus maridos pero necesitaban otra instancia para acompañar. Así, un 7 de marzo de ese año, nació la comisión. Maqui recuerda que la primera acción fue por el Día de las Mujeres Trabajadoras y que desde entonces trabajan ayudando en lo que necesiten sus compañeros para mantener esta lucha.

El 18 de febrero la empresa despidió a los 920 trabajadores que formaban parte de la fábrica. Esa mañana llegaron a trabajar y se encontraron con la fábrica cerrada. Maqui cuenta que la reacción de los trabajadores fue inmediata: entrar a la fábrica para defender sus puestos de trabajo. Desde esa fecha a hoy hubo diversas instancias tanto desde el gobierno como desde la justicia, pero en lo concreto, no hay todavía una solución para la situación que están viviendo.
La Comisión de Mujeres se dedica a acompañar a sus esposos pero también realizan otras actividades. El domingo 8 de marzo organizaron una gran reunión por el Día de las Mujeres Trabajadoras donde se acercaron los padres de Cecilia Basaldúa, hablaron sobre la violencia de género y la situación con la agenda de políticas públicas de género en San Fernando. Maqui recuerda que durante el festival organizaron un espacio de niñez, y desde 2019 son quienes llevan adelante el Día de la Familia en la fábrica.
Cuidar y acompañar
La mayoría de las mujeres que integran la comisión tienen hijos chicos y además tienen trabajos más o menos estables. Maqui tiene cinco hijos y es docente. Consiguió, dice, algunas horas esparcidas en las escuelas pero el mayor ingreso es el de su marido. Es el caso de casi todos los hogares de los trabajadores de Fate.
“El trabajo en Fate no es con turnos fijos. Ahora se regularizó por la lucha del sindicato pero durante mucho tiempo tocaba a veces turno noche y a veces turno mañana. Vos tenías que adecuar tu vida a esos horarios. Nosotras no podíamos tener un trabajo más o menos estable en esas condiciones, por eso es que para la mayoría de las familias el sustento en Fate”, describe Maqui.
Durante la charla, la mujer cuenta con angustia que escucha que muchos de los trabajadores tienen que volver a vivir a la casa de sus padres, aunque ahora con su propia familia; o la preocupación porque sacaron préstamos para arreglar o edificar la casa y ahora no saben cómo pagar.
“La mayoría tiene como ingreso principal Fate. Algunas recién pudieron empezar a estudiar ahora, cuando los chicos ya están grandes, y esas cosas son las que impactan. Tenemos compañeras con chicos con discapacidad, que necesitan la obra social. Todas tenemos laburo part time, trabajos que podés hacer en tu casa, como hacer tortas por ejemplo. Pero estamos todas preocupadas porque al no tener este ingreso.”
La familia Fate
Maqui define a las relaciones en la fábrica como una “gran familia”. “No es solamente que van, hacen rueda y chau. Son muchas generaciones, hay un barrio que se llama Fate”, agrega.
Recuerda que en esa primera etapa cuando la fábrica estaba en manos de los abuelos de Javier Madanes Quintanilla, el dueño que hoy los dejó en la calle, se creó el barrio Fate dado que “la señora Quintanilla se ocupaba mucho de los trabajadores y ellos les construyeron las casas”.
“Esta es una fábrica emblemática. Es una fábrica donde, por ejemplo, mi marido trabaja en el sector de ‘tobera’, donde a la vez mi suegro trabajó 30 años y se jubiló haciendo ese trabajo. Y pasa mucho que trabajó el hijo, el papá, el abuelo. Entonces vos te conocés, generás un vínculo más o menos de familia”, describe Maqui y agrega que su familia materna también trabajó allí .
El espacio de las mujeres sirve, dice para “canalizar lo que nos pasa. Nos juntamos y cuando una cae por algo la otra la levanta. Lo bueno es que no estamos solas. Hay trabajadores a los que les cerraron la puerta y se tuvieron que ir. Y nosotros tenemos un sindicato que pelea, que está ahí adentro. Por eso, cuando alguien se acerca a preguntar, sobre todo a las mujeres, les digo que se organicen, que se junten es la única manera de poder salir adelante”.
El acompañamiento fundamental a sus compañeros es lucha y es resistencia. “Nosotras siempre tenemos nuestro corazón con el movimiento de mujeres. Sabemos lo que pasamos las mujeres. Toda esta reforma laboral hace pelota a todas las chicas que están solas. Hay muchas mujeres criando solas en condiciones muy complicadas. No miramos para otro lado, defendemos a nuestra familia pero también defendemos a las compañeras. Como mamá, como parte de esta comisión siempre digo que no hay que ser egoísta y mirar para otro lado. Siempre hay que involucrarse.” «