Entre acordes que parecen susurrar secretos y versos que se escapan de los libros, la obra de Pablo Dacal se despliega como un territorio donde la canción, la palabra y la imagen se cruzan sin reglas fijas. Con doce discos de estudio como solista, Dacal no solo compone música: construye experiencias, diálogos entre melodía y pensamiento.

En sus libros, de Las canciones escritas (2017) hasta El tao de la canción (2025), la obsesión se transforma en juego, invitando al lector a perderse en rutas posibles y a descubrir caminos inesperados.

Esa misma curiosidad lo llevó al cine, donde participa activamente en historias que funcionan como partituras visuales: Pablo Dacal y el misterio del Lago Rosario (2007) y Popular tradición de esta tierra (2024), son solo algunos ejemplos.

–¿Qué te impulsó a mirar hacia atrás en la tradición musical argentina después de tantos años de experimentación urbana y rockera?

–No creo estar mirando hacia atrás. Miro hacia adelante, pero como el futuro se parece demasiado al pasado. Tomo cosas de allí, de acá y de todas partes para inventar mi propia tradición criolla, urbana y rockera.

Ping pong con Pablo Dacal: “El algoritmo no tiene cara, pero vigila, moldea y construye público”

–¿Cómo nació tu pasión por Ignacio Corsini?

–Cuando apoyé la púa sobre un disco de vinilo con su nombre, escuché algo bastante difícil de encontrar: un cantor sin aspavientos, un trío de guitarras con el tiempo de su lado, un repertorio en el que los géneros parecieran estar siendo inventados allí mismo. ¿Cómo no apasionarse frente a tamaña aventura artística?

–Entre tus discos Pablo Dacal y La Orquesta De Salón y Popular tradición de esta tierra, ¿pasaron más cosas en tu vida o en la Argentina?

–Todo lo que le pasó a la Argentina también me sucedió a mí: hemos estado aquí siempre. Pero además, publiqué cinco libros y unos cuantos discos, filmé tres películas, presenté una obra de teatro y tuve una hija. Difícil sacar conclusiones.

–¿Qué no le puede faltar a una canción?

-Una idea.

–¿Qué le sobra siempre a una canción?

-Un acorde.

–¿Qué precisa una canción para existir?

–De nosotros. Ese es el tao de la canción.

–¿Qué dejó la experiencia Hay Otra Canción y por qué no siguió en el tiempo?

–Aquel gran concierto de 2012, con orquesta sinfónica, un puñado de amigos y un millón de invitados, representa para mí el apogeo de la escena cancionista con que recibimos al nuevo siglo. Después, cada uno siguió su propio camino. Pero cuando nos cruzamos no escatimamos abrazos: fuimos una familia y hoy somos un pueblo. Disperso, pero pueblo al fin.

–¿Cuál fue el momento o show que más disfrutaste en tu vida?

–En Pareditas, Mendoza, un local pareció incendiarse de tanta conexión musical. Algo parecido ocurrió en Santo Domingo, con mis amigos de la bachata moderna. Pero el mejor show siempre está por comenzar, si se me permite la perogrullada.

–¿Y tu momento más Spinal Tap en un escenario?

–La energía del rock precisa de esas fantasmagorías, por eso aquella película nos causa tanta gracia. Supongo que la ocasión en que me pinté los labios en escena y me lancé a cantar entre el público puede haber sido de las más divertidas. Aunque, al igual que respecto a los conciertos, no pierdo las esperanzas de mayores derrapes.

Ping pong con Pablo Dacal: “El algoritmo no tiene cara, pero vigila, moldea y construye público”
Foto: @godymex

–Si pudieras tomar un tema de rock urbano y juntarla con una canción criolla para hacer la composición perfecta y definitiva, ¿cuáles elegirías?

–Supongo que «Cirugía», de Dillom, y «La Mazorquera» de Montserrat, de Blomberg y Maciel, podrían llevarse bien. Habría que comprobarlo.

–¿El algoritmo es más cruel de lo que antes fueron las radios y las discográficas?

–Es más misterioso: el algoritmo no tiene cara, nombre, ni lugar. Pero observa, vigila y construye públicos con una eficiencia pasmosa. Las discográficas y sus radios no estaban tan mal, finalmente. Al menos te invitaban un café.

–¿Qué te gusta hacer más allá de la música?

–Escribir, leer y caminar por ciudades desconocidas, hasta destrozar la suela de los zapatos.

Ping pong con Pablo Dacal: “El algoritmo no tiene cara, pero vigila, moldea y construye público”

–¿Las series son el nuevo opio de los pueblos?

–Son novelas demasiado sencillas: aunque cambien de época o región, después de ver tres o cuatro ya las viste a todas. Stranger Things, de todas maneras, con sus continuas citas e intertextos, me encanta.

–¿Cómo te pega este presente de la Argentina?

–Es un momento difícil, aunque no es el primero ni será el último. Todo lo malo termina alguna vez: el asunto es qué vamos a hacer cuando recuperemos cierto equilibrio.

Ping pong con Pablo Dacal: “El algoritmo no tiene cara, pero vigila, moldea y construye público”

–¿La vida tiene algún significado?

–¡Muchísimos! Tantos que se nos confunden entre las manos. Cuando creemos encontrar uno, se nos mezclan las cartas, barajamos el mazo y vamos de nuevo.
–¿Cuáles son tus próximos proyectos musicales?

–Un disco nuevo, que grabaré durante el verano, con los ritmos y estilos trashumantes que la tradición no pudo apresar.