Hijo de un artesano del cuero de origen italiano y de una estadounidense gestora de bibliotecas nativa de Chicago, Darío Amodei ya venía dando señales de que su compromiso con la Inteligencia Artificial iba a resultar disruptivo. Nacido en San Francisco y de 43 años, declaró que se metió en ese tema cuando su padre murió a causa de una rara enfermedad que no tenía cura. Y él piensa que esa herramienta podía tener la respuesta a muchos casos donde quizás existe un recoveco para soluciones vitales.
Verdadero genio en ese delicado campo aún virgen, con lauros en Física por la Universidad de Princeton -donde tuvo su cátedra Albert Einstein- y un posdoc en Stanford en Medicina, en 2015 se incorporó a OpenAI, pionera en Inteligencia Artificial. Pero en desacuerdo con el rumbo que tomaba la sociedad fundada por Sam Altman y Elon Musk, entre otros, se fue para crear su propio emprendimiento.
Junto con su hermana, Daniela, en 2021 fundaron Anthropic, con énfasis en modelos de lenguaje para desarrollar su propia plataforma de IA. Allí desarrolló Claude, un algoritmo que mostró capacidades superlativas como asistente en todo tipo de funciones, desde la generación de textos, la traducción a cualquier idioma y responder a las preguntas más desafiantes, entre otras cosas.
Ahora, en el umbral de que Donald Trump decidiera acompañar a Israel en una nueva guerra contra Irán, su nombre volvió a los titulares de los portales. Y no como esos héroes que tanto le gustan al millonario presidente de Estados Unidos para mostrar lo grandes que son los estadounidenses, precisamente.
En un extenso comunicado emitido el jueves, Amodei señala “la importancia existencial de usar la IA para defender a los Estados Unidos y otras democracias, y para derrotar a nuestros adversarios autocráticos” y puntualiza que “Anthropic ha trabajado de manera proactiva para implementar nuestros modelos en el Departamento de Guerra y la comunidad de inteligencia”.
En el texto declara también que defiende el liderazgo de Estados Unidos y hasta que renunció a “varios cientos de millones de dólares en ingresos para cortar el uso de Claude por parte de empresas vinculadas al Partido Comunista Chino (algunas de las cuales han sido designadas por el Departamento de Guerra como Compañías Militares Chinas), cerró los ciberataques patrocinados por el PCCh que intentaron abusar de Claude, y han abogado por fuertes controles de exportación de chips para garantizar una ventaja democrática”.
Hasta acá todo bien con la administración Trump. Pero Amodei tuvo la osadía de ponerle una línea roja a las aspiraciones del inquilino de la Casa Blanca y de sus belicosos secretarios de Estado, Marco Rubio, y de Guerra, Pete Hegseth, en dos cuestiones que dan cuenta del momento que vive el mundo: dijo que no estaba de acuerdo con utilizar su chiche para la vigilancia masiva de ciudadanos de su país, y tampoco para alimentar armas totalmente autónomas. O sea, en el fondo reclama que no se espíe a sus connacionales y que la decisión de matar a alguien dependa de algún humano.
Bastó que circulara profusamente ese documento (https://www.anthropic.com/news/statement-department-of-war) para que el mandatario estadounidense lazara uno de sus ataques más feroces contra Amodei y diera la orden de poner a la empresa de IA en la lista negra. Con abundancia de mayúsculas, como le gusta hacer constar en su red Truth Social, anotó: “¡Los Estados Unidos de América jamás permitirán que una izquierda radical y una empresa consciente decidiera cómo nuestro gran ejército lucha y gana guerras! Esa decisión le corresponde a su comandante en jefe y a los extraordinarios líderes que designo para dirigir nuestras Fuerzas Armadas. Los izquierdistas locos de Anthropic han cometido un error desastroso…».
Altman, el exjefe de Amodei, no perdió el tiempo y este mismo sábado avisó que OpenAI había llegado a un acuerdo con el Departamento de Guerra “para desplegar nuestros modelos en su red clasificada”. Palantir, la firma de Peter Thiel, que ya introdujo sus sistemas de detección de objetivos en Ucrania y Gaza, no tuvo pruritos -no es de tenerlos en general- para afirmar: «¿De verdad creés que el soldado en el campo de batalla va a confiar en una empresa de software que corta el acceso porque algo se volvió controversial?». «