El Congreso de Estados Unidos se prepara para debatir un plan de fusión de su ejército con el de Israel. La iniciativa, que se denomina Cooperación en Tecnología de Defensa, figura en la sección 219 de la Ley de Autorización de Defensa Nacional (NDAA en inglés) para el año fiscal 2027 y recibe fuertes críticas dentro de aliados de Donald Trump, del movimiento MAGA y desde sectores del Partido Demócrata.

La NDAA es una ley que debe ser aprobada anualmente para establecer la política militar y autorizar programas de defensa y presupuesto. En la correspondiente al año que viene, se incorporó una sección que profundiza el nivel de cooperación entre las fuerzas armadas de EE UU e Israel.

En los últimos meses, desde ámbitos de la derecha que apoyaron al empresario inmobiliario aparecen críticas por lo que consideran un seguidismo de la Casa Blanca a los dictados de Israel. El periodista Tucker Carlson, uno de los que más hizo para la vuelta de Trump al gobierno, en la última emisión de su programa por la red X mostró su arrepentimiento.

 “La verdad es que, después de esta guerra, es imposible decir que el Partido Republicano de Trump, MAGA, está actuando en nombre de EE UU. Está actuando en nombre de Israel. Eso es lo opuesto a lo que nos dijeron que íbamos a obtener. Es una traición tan grande… Realmente creímos que al menos ibas a intentarlo y ¿al final todo se trata de estafas de criptomonedas y guerras por Israel? No puedo creer que hayas hecho eso -le dice al presidente- estoy indignado de que alguien a quien apoyé traicione al país y a sus propios votantes y luego dé la vuelta y diga que no soy leal Tú eres el desleal. Vendiste al país a una nación extranjera”.

La excongresista Marjorie Taylor Greene -una extremista de derecha amante de las armas de fuego- llegó a reconocer como genocidio a las acciones de Israel en Gaza, lo que para los parámetros políticos de EE UU es toda una herejía. “Lo más veraz y lo más fácil es decir que el 7 de octubre (de 2023) fue horrible, pero también lo es el genocidio, la crisis humanitaria y la hambruna que están ocurriendo en Gaza”, dijo Greene hace ya tiempo.

Ante este clima, conseguir más fondos para Israel se estaba convirtiendo en un problema para la Casa Blanca. El subterfugio, afirman los cada vez más encendidos opositores, sería disfrazar ese financiamiento como cooperación en defensa. Pero a nadie escapa que sería una fusión de tecnología y cadenas de suministro en la que no queda claro quién está al mando. O más bien, temen que no quede en manos de los intereses de Estados Unidos. «