Pocos días después de la primera vuelta electoral en Colombia y tras el sorpresivo triunfo del candidato de la ultraderecha Abelardo de la Espriella (43,74%) sobre el candidato del Pacto Histórico, Iván Cepeda (40,9%), y con la expectativa del balotaje que se realizará el domingo 21, la visión del analista político Decio Machado, intenta aportar un poco de claridad.

-¿Qué factores generaron estos resultados?

-Desde la segunda quincena de marzo comenzó a subir la intención de voto de Abelardo de la Espriella y por ende a caer el potencial de la candidatura del uribismo (Paloma Valencia), que se agudizó en la última fase de la campaña. Hubo un posicionamiento de Iván Cepeda, de que se podía ganar en la primera vuelta. Y de alguna manera había un llamado a ganar en primera vuelta. Esto provocó que los votantes históricos del uribismo, pasasen sus votos al candidato de la ultraderecha, que ya era una candidatura en crecimiento, que había recibido el apoyo de Donald Trump. Allí se ordenó el voto y hubo una transferencia de lo que se llama el voto útil, que habitualmente se decide en la segunda vuelta. Ahora queda ver cómo se definirán los votos que han quedado fuera de esa candidatura. El 85% de los votos se definieron entre las candidaturas vencedoras: ese 15% restante, más el abstencionismo que suman más de un 42% del total de votos del padrón electoral. Habrá que ver como se define en el transcurso de las semanas que restan. El abstencionismo abre la esperanza que Cepeda gane la segunda vuelta. Está complicado, pero existen antecedentes históricos: la campaña anterior del 2022: en la primera vuelta, la sumatoria de votos de la derecha y ultraderecha superaban a la opción progresista. En la segunda vuelta, Gustavo Petro logró imponerse.

-¿Qué sucede en la sociedad contemporánea, para que surjan y se instalen con una vertiginosidad llamativa, estos candidatos outsider?

-Hay un elemento fundamental que es la influencia en los resultados de Washington. Se han invertido sumas de dinero brutales en campaña, en una elección considerada estratégica en términos geo-políticos para la región. En esa campaña desbordó la plata. Mientras la campaña de Cepeda ha sido tremendamente austera. Fue un error. No ha habido consultorías internacionales, ni una gran utilización de tecnología digital. Ha sido convocatorias de masas en los territorios, contra muchísimas fake news, desinformación, intoxicación en el ecosistema digital, acusaciones, noticias falsas que atentan contra la dignidad del candidato del progresismo. Dos campañas contrapuestas.

-Hay casi 700 mil votos de diferencia entre ambas candidaturas. ¿Es remontable?

-Es recuperable pero todo depende de cómo se aborde la estrategia discursiva para esta segunda vuelta. Quizás haya habido algunos elementos un poco improvisados en la campaña de Cepeda. No se ha reconocido el recuento de votos y esto actúa en contra. La campaña sigue teniendo un protagonista que es el presidente de la República y debe ser el candidato. El sector conservador intentó instalar una suerte de plebiscito del gobierno de Petro. Y no discutir sobre las propuestas que tienen ambos candidatos. Las propuestas de la extrema derecha son una barbaridad. Lo que se plantea en materia económica es un calco de lo que está sucediendo en Argentina y ya sabemos lo que son los efectos. También en materia de seguridad se está planteando mano dura, un discurso claramente violento. Se plantea dar de baja a los opositores, un discurso similar al de Bukele en El Salvador. Es remontable porque hay un sector importante que aunque no esté coincidiendo ideológicamente con los sectores progresistas, siente miedo de lo que pueda suceder con De la Espriella, porque realmente es un salto al vacío. Significaría de inmediato recortes en el marco de las libertades y una erosión importante del sistema democrático en Colombia.

-El voto y su distribución tiene mucho que ver con las regiones.

-El voto del progresismo ha sido las periferias y el voto conservador ha ganado la zona Centro, quitando Bogotá, la excepción. Si se analiza la votación en un sentido histórico, la región Caribe, en distintos sectores de la Costa Pacífico, a pesar que haber ganado el progresismo, hubo un recorte importante con las diferencias que había mantenido Petro hace cuatro años. Ese ascenso de De la Espriella le ha llevado a ganar en esta primera vuelta electoral. En todo caso hay todavía mucho voto que está por definirse. Hay un voto que tiene que ver con la candidatura del uribismo, a pesar de que Uribe se mostró crítico con Cepeda. Su alfíl, Juan Daniel Oviedo, pretende ser alcalde de Bogotá, un hombre que viene del movimiento LGTBI y a pesar de ser conservador, me da la impresión que sus votantes difícilmente le van a entregar el voto a De la Espriella, que es tremendamente homófobo. Otro sectores para atraer son los de la cultura, profesionales y urbanos. Ahora mismo hay una movilización muy fuerte de jóvenes en las calles, que están incidiendo en los territorios, haciendo proselitismo en favor de la candidatura de Cepeda. Todo puede suceder. No la ha perdido todavía Iván Cepeda.

-Otro interrogante: ¿cómo se conforman la heterogeneidad del inmenso universo del voto abstencionista?

-Históricamente ha sido muy amplio. Ha llegado a superar el 70%, en campañas años atrás ha ido bajando paulatinamente. Ahora fue del 42 por ciento. Se ha ido recortando. Son sectores urbanos marginales, rurales, que se sienten tremendamente desconectados de la política. Una lógica creciente en América Latina de crisis de representación. Una realidad existente que es trasversal en el subcontinente. Lo que falta es llegar ahí y plantear propuestas. No creo que las segundas vueltas son para enamorar a nadie. La estrategia de Cepeda no debe ser convencer a nadie sobre las bondades del progresismo. Creo que más bien es posicionar las riesgos que significa De la Aspriella a la independencia de poderes, a la independencia judicial, la persecución del antagonista político y regresa a la lógica de la Guerra, que es algo que ya vivió Colombia por décadas. Y que ahora está tratando de salir.

-Los sectores que optaron por no entrar en la polarización está el santismo, los liberales, los verdes. ¿Es un caudal significativo?

-Sí. Lo central y estratégico es cambiar el clivaje de la primera vuelta. Ese encuadre que no fue otro que continuidad versus cambio. Esperemos que para bien de los pueblos de Latinoamérica, esta elección, que es estratégica, pueda ser ganada por los sectores populares. Estas cosas tienen efecto dominó en la región, y puede tener efecto en las elecciones en octubre en Brasil. La definición en Colombia tiene una afectación geopolítica regional.