Olga Argañaraz ya se aprendió de memoria su número de documento. A los 27 años está estrenando ese plástico que acredita su identidad. Hasta ahora, el único papel que tenía que decía quién es ella era una constancia de parto con el nombre de su mamá, que falleció cuando Olga tenía nueve meses. A los siete años murió su papá. Nunca nadie la inscribió. Cuando alcanzó la mayoría de edad intentó por vía judicial, pero años de burocracias lo impidieron. El año pasado su compañero, Julián López, publicó un video en Twitter que se viralizó y fue la puerta de acceso al Certificado de Pre-Identificación (CPI), paso previo para el DNI. Algo necesario para las y los NN, que hoy son entre 300 mil y 900 mil, según estimaciones oficiales.

El CPI, impulsado por el gobierno de Alberto Fernández, lo instrumenta el Ministerio del Interior a través del Registro Nacional de las Personas. Apunta a las personas cuyo nacimiento en el país no quedó inscripto en su momento y carecen de una partida de nacimiento. La obtención de un certificado previo les permite acceder a derechos básicos mientras inician o continúan el trámite de la partida y el DNI. Desde octubre ya entregaron 2000 CPI.

“Estaríamos re mal económicamente sin la ayuda que recibimos ahora. Para nosotros fue un re cambio. El video era la última alternativa que nos quedaba. El mismo día que lo publicamos, una chica le dice a Victoria (Tolosa Paz, presidenta del Consejo Nacional de Coordinación de Políticas Sociales) y ahí enseguida a la noche me llaman. Lo venía arrastrando, fueron casi ocho años de lucha”, cuenta Olga, mamá de tres varones y una nena. Ama de casa, vive en una pieza en la casa de sus suegros en Bella Vista, San Miguel, al noroeste del Gran Buenos Aires. Hasta ahora, su vida sin documento implicó estar afuera del sistema. Cursó hasta noveno grado pero no obtuvo ningún papel que acredite que fue a la escuela, complicaciones para trabajar y hasta enfrentar dificultades para recibir atención en cada uno de sus embarazos.

“Después de esto me empezaron a llegar mensajes de gente pidiendo ayuda, que estaba en la misma, y pudieron empezar a tramitar” sus papeles de identificación, destaca Olga. Ahora que tiene su número de identidad, lo recita de memoria y quiere que su abuela Norma, de 84 años, quien la crió junto con sus ocho hermanos cuando perdieron a su mamá y su papá, se sienta orgullosa. La anciana lucha por su vida tras una recaída post Covid.

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Trabajo de hormiga

“Construimos esta política en pandemia, cuando hacía cuatro meses que habíamos asumido el gobierno y quedaban en evidencia algunos dramas de las desigualdades. Un video motivó esta situación, ese video le llegó al presidente”, explica Tolosa Paz, resaltando el peso del pedido difundido en redes sociales por Olga y su compañero. El principal objetivo fue que no hubiera más niños y niñas como los de Olga, que no pudieran acceder a la Asignación Universal por falta de documentación de su mamá o su papá. A partir de una resolución de Anses, ya se puede tramitar con el CPI.

“Las estimaciones son que hay entre 300 mil y 900 mil casos de NN. Es mucho más común de lo que imaginamos. Elegimos que dejen de ser invisibles”, remarca Tolosa Paz. La iniciativa implica una búsqueda activa. Por caso, todo niño que se vacuna en un centro de salud y es NN queda en una base y se articula el seguimiento en territorio: “Es un trabajo de hormiga”.

La tramitación del CPI da inicio a un proceso de acompañamiento, junto con los registros civiles provinciales, para facilitar la inscripción por vía administrativa o judicial. Es el primer documento para ciudadanos y ciudadanas de Argentina, emitido por el Estado nacional y vinculado con el derecho a la identidad, creado en 1968 cuando se implementó el DNI. Además, permite tener por primera vez un registro de personas no inscriptas que incluya datos biométricos, con fotografía y huellas.

En Laguna Brava, Corrientes, Marta Onorato crió sola a sus 12 hijos e hijas. Tiene 55 años y lleva una vida trabajando como cartonera. Madre soltera, pudo inscribir a siete de sus chicos. A otros cinco, no. La razón es sencilla: “Cuando nacían nos daban 15 días hábiles para hacer los documentos, pero yo tenía que ir a traer el pan del día a día”. No había tiempo para trámites. Después de cinco años de intentos por vía judicial, ahora Marta se emociona cuando dice que sus hijos ya tienen los CPI y están a la espera de los documentos definitivos: “Ojalá puedan conseguir mejores trabajos, ellos quieren progresar”. 

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“Soy NN”

Andrea Díaz y Micaela Colavita nacieron en La Plata. La primera, hace 25 años, en Villa Elvira. La segunda, hace 22, en Tolosa. No se conocen, pero ambas saben sobre los escollos de una vida sin DNI.

Andrea desconoce los motivos por los que su mamá no la anotó al nacer. Hace más de una década intentó resolverlo en la Justicia. “Ella inició el trámite en el juzgado, cuando fuimos mayores lo seguimos nosotros. Pero la Justicia da mil vueltas. Yo ya había hecho todo, después daban vueltas para iniciar la partida de nacimiento, ahora ya me la hicieron. La tengo yo y estoy esperando el DNI”, celebra con desahogo, después de toparse con inconvenientes para los controles durante sus embarazos (tiene un nene de nueve, una nena de un año y medio, y espera otro bebé) y trabas en la escuela. “Era querer hacer cualquier trámite y no poder”. O tener miedo de estar en la calle y cruzarse con un policía: “Una vez sola me pararon; trataba de no salir, para evitar problemas”.

“No tuve documento porque mi mamá me tuvo en el Gutiérrez de La Plata y por esperar a mi papá no me reconoció ella y tampoco él. Soy NN”, define Micaela. Su madre intentó luego tramitarlo por vía judicial, pero el proceso quedó en el camino. “Ahora lo estoy haciendo yo. Hace como seis o siete años que vengo intentando, hasta que apareció este otro camino”, cuenta con alivio, al contar ya con el certificado previo listo para avanzar hacia el acta de nacimiento y, finalmente, el DNI.

“No pude hacer nada por no tener documento. Me dejaron terminar la escuela, pero título no me dieron: tengo primaria y secundaria sin título”, revela. Trabaja haciendo tareas de limpieza en dos casas de familia y tiene un bebé de un año y diez meses. “Gracias a esto pudimos solucionar el tema de la AUH; la está cobrando por ahora el papá. Hasta hoy no podía cobrar nada porque no había ni papel de documento en trámite”.

Claro que el documento no es solo eso: “Voy a poder andar en la calle tranquila, sin que nadie me pare –respira–. Mi hijo va a poder tener sus derechos. Me genera muchas cosas. Voy a poder tener mi identidad. Antes no la tenía”. «

“Apenas tenga el documento, me caso inmediatamente”

Vicente Medinaceli ya sabe lo que hará apenas cuente con su DNI: casarse. Tiene 47 años y cuatro hijos. Hace un cuarto de siglo que vive con su compañera en el departamento de Trancas, en Las Arcas, Tucumán, muy cerca de la frontera con Salta. Trabaja cortando ladrillos junto con sus dos hijos varones, mientras las dos chicas estudian Derecho en la facultad.

“No puedo poner nada a mi nombre. No puedo votar. No tenés derecho a nada. Estudié apenas hasta tercer grado, pero en la escuela piden documento también. La situación ahora (en pandemia) está muy complicada, es peor. No puedo recibir ni la vacuna”, se lamenta. Antes de acceder al CPI, paso previo al DNI, la mayor de las hijas de Vicente le había hecho una promesa: cuando se recibiera de abogada se ocuparía de tramitar su documentación, después de demasiados años sin respuestas.

“Mi madre murió cuando yo tenía cinco años. Me crié con unos viejitos del pueblo que fallecieron cuando yo tenía 10 años. Después, iba trabajando de un lado a otro. A los 14 me trajeron a trabajar a Santa Fe hasta los 17. Después vine a Tucumán, hace como 27 años. Acá nacieron mis hijos. Nunca pude hacer mi documento, no tenía apoyo de nadie. Cuando era joven no me interesaba tanto. Pero ahora que ya tengo hijos grandes, me hace falta mi DNI para reconocerlos. Tienen el apellido de su mamá. Yo no me puedo casar, ni tener un auto a mi nombre, ni acceder a ningún beneficio. Por suerte ni me enfermé, porque acá te piden todo para atenderte”. Y asegura: “Si tengo mi documento, con mi esposa nos casamos inmediatamente. Ya tengo hasta un nietito de un año y tres meses”.

El 65% son mujeres de entre 18 y 35 años

Desde que en octubre se entregó el primer Certificado de Pre-Identificación (CPI), más de 2000 personas lo recibieron. En todo el país fueron rastreadas casi 14 mil causas judiciales por casos de inscripción tardía, que en los juzgados demoran entre seis y siete años en lograr sentencia de identidad. “Esto es algo que se viene a subsanar: sacamos las causas de los juzgados, llevamos a las personas al Renaper y acompañamos el trámite del CPI al DNI”, explica Victoria Tolosa Paz. Y remarca que se trata de “una política de fuerte inclusión de mujeres jóvenes”. De hecho, el 65% de las personas beneficiadas son mujeres de entre 18 y 35 años.

Uno de los objetivos principales es que la indocumentación no sea obstáculo para la garantía de derechos de niños, niñas y adolescentes. Si bien no hay datos oficiales, según Unicef el 3,8% de las personas nacidas en 2010 no fueron inscriptas en los tres años posteriores a su nacimiento: alrededor de 30 mil niños y niñas.