¿Habrá otras elecciones en Estados Unidos, más allá de las legislativas de noviembre? ¿En el autoproclamado faro que orienta las libertades del mundo habrá alguna vez un golpe de Estado?

Formuladas en Washington o en Minnesota, en el Estados Unidos rebosante de poder o el Estados Unidos agobiado por el terrorismo estatal, las preguntas parecen por lo menos pueriles. Sin embargo, esas y otras mil cuestiones que ponen en duda la vigencia de la democracia en los campos del capataz del mundo se formulan todos los días y agobian a una sociedad que se preparaba para festejar los 250 años de la independencia y se avergüenza ahora con la cacería de migrantes, los asesinatos en las calles y la detención de niños en la puerta de las escuelas, para ser deportados.

Oculto tras su sempiterna cara de constipación aguda, el presidente Donald Trump se sumó a los preguntones y el 7 de enero dijo ante un grupo de legisladores republicanos –como lo había dicho el 6 de enero de 2021, cuando fracasó en su intentona golpista contra Joe Biden y las instituciones democráticas– que, “pensándolo bien, no deberíamos tener una elección de medio término el próximo 3 de noviembre”. El silencio cómplice de su auditorio no impidió que el exabrupto, en boca del presidente, rompiera todas las barreras y quedara instalado en medio de una sociedad sensibilizada por el terrorismo de Estado. Al día siguiente, su fiel servidora, la vocera Karoline Leavitt, salió a aclarar: “Fue una broma del presidente”, explicó. Además de ella, no muchos sonrieron.

No sólo eso dijo Trump ese día y ante el mismo auditorio. Por si quedaban dudas, repitió tres veces que los candidatos del Partido Demócrata ni siquiera merecerían competir en elecciones y que éstas podrían cancelase para “impedir la candidatura de cualquiera de los demócratas”. Luego explicó que no promoverá la cancelación de los comicios para evitar que las fake news lo traten de dictador. “No voy a ordenar que se cancelen, aunque deberían cancelarse, me dirían golpista”. En su primera tanda de decretos, firmada apenas asumió la presidencia, en enero del año pasado, Trump había indultado a 1186 participantes de la sangrienta asonada contra el Congreso.

Democracia made in Trump: ahora arremete contra las legislativas

Minnesota

Aunque a Trump le cuesta el ejercicio político de la autocrítica, esta vez parece que empezó a revisar sus criterios. A fines de enero, después de que los cazadores de migrantes del ICE mataran a dos ciudadanos, establecieran un régimen de terror en las ciudades de Minnesota y llegaran a detener y deportar a niños de apenas dos y cinco años, el presidente debió relevar a los funcionarios que lideraban la represión. Ambas decisiones parecen mostrar que entendió cuánto le cuesta la represión entregada a unas bestias armadas hasta los dientes, vestidas como invasoras, enmascaradas, hostiles a la población. En un país bombardeado por las encuestas vio que esta vez los números no le van. En ningún caso supera el 33% de las opiniones positivas, y la represión es la culpable de esos desgraciados índices, seguida de lejos por la economía.

Pero, como otras veces, fueron sólo señales. El hombre no puede con sus desequilibrios. Rápidamente se trepó al carro de las peores predicciones y las multiplicó a través de sus redes sociales. Primero lo hizo recomendando la lectura de The Invisible Coup: How American Elites and Foreing Powers Use Inmigration (Golpe de Estado: cómo las elites de Estados Unidos y las potencias extranjeras utilizan la inmigración como arma), un libro de Peter Schweizer. El texto del autor ultraderechista nutre la narrativa contra los mexicanos con unas supuestas pruebas que flaquean pero que el presidente destacó. “México –dice– tiene 53 consulados mientras Gran Bretaña y China tienen seis y siete respectivamente. Los diplomáticos apoyan actividades políticas para afectar las elecciones y hablan de ‘reconquistar’ California, Texas y Nuevo México”, anexados en 1848 por Estados Unidos.

El último día de enero, el extremista Tucker Carlson, un expresentador estrella de la ultraderechista FoxNews, le dio letra a Trump en un comentario al que el presidente aplicó su like de reglamento. Carlson había escrito que “estamos viendo la destrucción de la estructura social, del gobierno y posiblemente de todo el país. Este es uno de los momentos más serios de nuestras vidas, cuando el modelo democrático estadounidense está en debate”. En ese patético juego de los “me gusta no me gusta”, Trump había dicho antes, y fue replicado con aplausos por el exempleado de la Fox, que “bien podría activar los mecanismos para postularme para una tercera presidencia”, lo que equivale a proponer un golpe de Estado, puesto que la Constitución prohíbe expresamente los tres mandatos.

Democracia made in Trump: ahora arremete contra las legislativas

Hasta aquí llegó

La cosa tomó un nuevo cariz, el de la realidad, cuando el indiscutido líder republicano de Minnesota, Chris Madel, anunció que, “asqueado por esto”, renunciaba al partido y a la candidatura al gobierno del estado, para la cual las encuestas lo daban en punta. Tras el asesinato de la segunda víctima de los cruzados antimigrantes, Madel declaró a los medios locales y nacionales y ocupó sus redes y las de sus seguidores para repetir en mayúsculas: “Me retiro de esta cosa mugrienta, no puedo mirar a mis hijas a los ojos y decirles que me postulo como republicano, cuando ellos están deteniendo a hispanos y asiáticos por el color de su piel… Yo no me apunto para eso”, cerró Madel.

Madel fue el último y el más significativo entre los que abrieron los ojos ante la siembra del terror. En esos mismos días tomó cuerpo Observers, una red de vecinos que con sus videos y las sirenas de sus autos avisan a la población sobre las zonas donde los agentes del gobierno hacen sus razias. A ellos se les han sumado sindicatos y entidades de todas las ramas, como los basquetbolistas de la NBA y los actores que participaron del Festival de Cine Independiente de Sundance. Entre ellos, Natalie Portman se convirtió en la voz más clara y lúcida. La actriz premiada por The Gallerist aplaudió la reacción popular desatada en respuesta a la bestialidad oficial, pero advirtió: “Eso no basta –dijo con lágrimas en los ojos–, da la sensación de que muchos de los ciudadanos estadounidenses están en silencio”.

Cada uno arremete como puede, con la lejana, probablemente imposible meta de un paro general, una explosiva expresión de deseos impensada en la meca universal del capitalismo. Por ahora, salpican el territorio con acciones de distinto calibre que parecen menores pero que dan señales de la creciente organización popular que está volviendo loco al rey de los locos. Convocan con el inocente lema de “el que pueda, deje sus rutinas”. Trump juega sobre los límites y quizás sin medir las consecuencias. Ante el rechazo ciudadano responde con más represión y miente como sólo él sabe hacerlo. A los muertos en las calles los llama “terroristas domésticos” y hasta se inventó un nuevo mapa, producto del deliro. Gracias al terrorismo de Estado reinante en Minnesota “tenemos una frontera por la que no pasa nadie”, dijo.

El problema es que Minnesota está a 1800 kilómetros del punto más cercano de México (frontera sur) y a 400 de Canadá (frontera norte). «

Trump
¿Alto el fuego?

Primero, de inmediato aparece la pregunta sobre el acuerdo de paz. Casi al mismo tiempo, la respuesta apunta a que todo es un muy burdo montaje de Israel con Estados Unidos. Porque en las últimas horas se supo la novedad de que al menos 28 personas murieron en una oleada de ataques aéreos israelíes en la Franja de Gaza. La agencia de defensa civil, gestionada por Hamas, afirma que entre los fallecidos hay niños y mujeres. Añadió que, en uno de los ataques, helicópteros artillados alcanzaron una tienda de campaña que albergaba a personas desplazadas en la ciudad meridional de Jan Yunis. Los palestinos han calificado estos ataques como los más intensos desde que entró en vigor a principios de este mes la segunda fase del alto el fuego. El ejército israelí confirmó que se llevaron a cabo varios ataques.