Agravios, insultos, desprestigio y un ejército de trolls se despliega para atacar a artistas que opinan en forma negativa respecto del actual gobierno o de alguna de las causas internacionales que apoya. Cada uno de esos ataques se profundizan cuando son mujeres. No está prohibido opinar, pero hay que pensar bastante antes de hacerlo para no entrar en polémicas agotadoras y, en muchos casos, descabelladas, cargadas con un nivel de violencia pocas veces vista en democracia.

El silenciamiento y el disciplinamiento son los ejes de la gestión libertaria, y lo hacen brutalmente: con disculpas irreales, argumentos repetidos y justificaciones cerradas en «es mi forma de pensar». Porque, al parecer, un artista no puede tener una forma de pensar, menos si es mujer y menos si tiene una mirada crítica.

El mismo presidente, Javier Milei, dedicó horas de su gestión presidencial a inventar insultos contra Lali Espósito y a retuitar las agresiones de sus seguidores. Como un adolescente en sus primeros años de la secundaria, también inventó apodos para abonar la idea de que Lali vivió del estado.

La derecha y sus violentos ataques a las figuras femeninas de la música popular
Lali Espósito.

Algo similar ensayó con María Becerra cuando la joven artista se pronunció ante el abandono del estado a los afectados por los incendios en el sur argentino. Comenzó a llamarla «María BCRA» y a estigmatizarla por el monto de sus contratos laborales.

El caso de un mandatario contra una artista no fue sólo en la Argentina. También Donald Trump persiguió a Taylor Swift luego de que ella criticara las políticas antiLGBT del presidente de los Estados Unidos. También en Brasil, cuando Jair Bolsonaro apuntó contra Anitta.

La usina del odio contra las artistas mujeres es mucho más significativo que contra los varones aunque existe un patrón sobre la cantidad de dinero que ganan, el tipo de vida que llevan o los contratos supuestamente millonarios con algún evento estatal. La forma de desprestigio no es nueva pero al multiplicarse en las redes sociales y protegerse en el anonimato, parecen masivas.
Es innegable que estas artistas mujeres de alto perfil, gran popularidad y destacable talento generan tanta impotencia en los referente de derecha, que las operaciones se pueden desarmar en minutos. Sin embargo, queda instalado el discurso violento y estigmatizante.

La derecha y sus violentos ataques a las figuras femeninas de la música popular
María Becerra.
Foto: Europa Press

Colgado del poncho

En las últimas semanas se conoció el agravio de Enzo Ferreira, coordinador de Radio Nacional Tucumán Mercedes Sosa contra la cantora. «Gorda comunista, esta gorda es un cáncer», escribió en su cuenta X, sin pensar en la paradoja que resulta insultar la radio que lleva justamente el nombre de la cantora. Ferreira es referente de La Libertad Avanza y docente en Tucumán.

Seguramente, cuando escribió esas palabras no se imaginó que el repudio pudiera salir de los límites de Tucumán y trascender incluso a la Argentina. Tampoco pensó en que las figuras populares en este país son transversales a cualquier pensamiento. Una torpeza tras otra del funcionario posicionado como una de las jóvenes promesas de La Libertad Avanza en Tucumán.

Días después, el actual funcionario que lleva el nombre de la persona que él desprecia, ensayó disculpas más torpes aún. Pero en ellas dejó en claro que el ataque a Mercedes Sosa como figura del arte popular nacional y latinoamericano es por su forma de pensar. También las disculpas de Ferreira y la defensa desvelada por parte de algún militante nacional del espacio llegó, claro, con noticias falsas. La trascendencia del hecho intentó ser tapado por Ferreira plantenado alguna política local. También pidió ayuda de medios opositores al gobierno de la provincia de Tucumán para ensayar con datos falsos una flaca defensa.

En 48 horas, se organizó una serenata frente a la emisora en Tucumán para homenajear a la cantora para defender a Mercedes y a repudiar los dichos. Mercedes murió hace 16 años y no puede responderle a Ferreira. De estar viva, seguraramente sería agraviada por este gobierno. Sin embargo, lo que hay que urge defender es el derecho de las mujeres músicas de no ser silenciadas.

Virtualidad vs realidad

Desde el surgimiento de las redes sociales, cuando ataca y es repudiada, la derecha se excusa diciendo que los ataques son sólo en las redes sociales. Pero cuando se oficializa la violencia, la discriminación y la intolerancia, no existe esa frontera entre la virtualidad y la realidad.
Los hechos están a la vista: los crímenes de odio contra personas LGBT han crecido en forma exponencial desde la llegada de este gobierno y su discurso anti diversidades sexuales. También aumentaron los ataques y los intentos de femicidios, por lo que ya no puede ser el argumento de un funcionario público que en la vida virtual pasa una cosa y en la real, otra.
«Pasan los políticos, quedan los artistas», dijo alguna vez Nacha Guevara. Y es que la reacción generalizada tras los ataques a la figura de Mercedes Sosa debería ser un aprendizaje para la Libertad Avanza espacio al que le falta todavía muchos metros para recorrer dentro de la vida democrática.

Cupo en el escenario

Según la Unidad de Ley de Cupo del Instituto Nacional de la Música, del 1 abril de 2024 al 31 de marzo de 2025, el caudal de denuncias contra eventos musicales que presuntamente incumplen con la ley disminuyó en un 46 por ciento. Las denuncias de carácter anónimo se incrementaron en un 32 por ciento.

La presentación de declaraciones juradas ante el INAMU decreció por parte de programadores de eventos en un 69,5 por ciento. La región cultural que más declaraciones juradas presentó es la del NEA (50%); seguido por la Región metropolitana (20%), la Región Noa (10%) y por último, las otras tres regiones con idéntico caudal entre ellas (de 7% y 6.5 % respectivamente).