El 2026 luce complicado para los trabajadores de la Argentina. Y, a la luz de los acontecimientos recientes, de todo el mundo.
De salir airosa, la ofensiva norteamericana en la región, con epicentro en Venezuela, implicará un cambio sustancial en las relaciones de fuerza entra las clases sociales en favor de la clase capitalista y los gobiernos de derecha en la región.
Para Javier Milei, aunque parezca lejano, la asonada de Donald Trump representa un espaldarazo en su intención de avanzar en las próximas semanas en las reformas de “segunda generación” que incluyen la previsional, la tributaria, la del código penal y la de “modernización” laboral.
Si todavía existía dentro de la nueva conducción de la CGT alguna esperanza de encontrar una intención de diálogo para buscar un consenso de parte del gobierno, el nuevo escenario debería inducir a revisar esa postura. Es que, difícilmente el gobierno libertario busque alguna vía de negociación alrededor de los principales puntos que comprometen las condiciones de trabajo y la propia actividad sindical en la Argentina.
Iniciativa libertaria
El DNU 941/25 que modifica el funcionamiento de la SIDE y le confiere atribuciones represivas directas, muestra la tónica con la que el gobierno pretende encarar el 2026.
La CGT, por su parte, emitió un comunicado en el cual señala que “esta decisión gubernamental deja a toda la ciudadanía en una situación institucionalmente crítica. La Secretaría de Inteligencia del Estado (SIDE) incrementará su opacidad y su poder sin control». A la vez, denuncian, “faculta la ejecución de tareas ante la ‘fuga de información clasificada’, lo que, en la práctica, representa hostigamiento y censura sobre el ejercicio del periodismo libre. Se configura así una grave amenaza a sobre las libertades individuales y los derechos garantizados”.
En la misma tónica, un día después, emitieron otro documento en el que “rechazan la intervención del gobierno de los Estados Unidos” en Venezuela. Allí sostienen que “desde el movimiento obrero organizado argentino reafirmamos nuestra histórica defensa de la paz, el diálogo y la solución política y democrática de los conflictos”.
En ambos casos, la Central no esboza la posibilidad de llevar adelante alguna medida en función de defender lo que, dice, considera justo.
Un paro general en la gatera
El último día de 2025, el 31 de diciembre, la central difundió por sus canales de comunicación un video en el cual aseguran que “un nuevo año, no es un año más” y que 2026 “nos necesita más unidos para defender la fuerza de trabajo y los derechos conquistados con décadas de lucha”. Para eso, dicen, “este año se enfrenta con unidad, organización y lucha colectiva”.
La última aparición pública de los dirigentes que integran el triunvirato de la central había sido el pasado 18 de diciembre cuando, en una Plaza de Mayo llena pero no colmada como en otras oportunidades, adelantaron en boca de Jorge Sola que “este es el primer paso de un plan de lucha. Sigan sin escuchar y terminaremos en un paro nacional”.
La postergación del tratamiento de la reforma laboral en la Cámara Alta para el 10 de febrero, ofreció un poco de margen de acción y, por el momento, dejó la medida de orden general en bastidores.
Poco se sabe acerca de la disposición del gobierno de considerar alguna modificación del proyecto que, en su versión definitiva, agravó la ofensiva contra los trabajadores en general pero en particular contra la organización colectiva.
En una “mojada de oreja” final, el ejecutivo incorporó un artículo que deroga la obligatoriedad de las empresas a oficiara de agentes de retención de los aportes sindicales de los afiliados. A la vez, mantuvo el nudo de la norma en lo que hace al desmantelamiento del principio de representación colectiva de la CGT. El proyecto sostiene la suspensión de la ultraactividad de los convenios colectivos, modifica el orden de prelación de los convenios colectivos dando preminencia a aquellos que se suscriban por empresa y región e incluso favorece la creación de sindicatos por empresa con el propósito deliberado de horadar el poderío de la CGT.
Además, profundiza la normativa tendiente a regimentar la protesta sindical y debilitar la organización sindical .
Por último, ratifica toda la ofensiva sobre los trabajadores en lo que refiere a la jornada laboral, las indemnizaciones y las vacaciones, entre otros puntos muy gravosos.
A la luz de los hechos, por el momento, el tiempo ganado hasta el 10 de febrero está siendo capitalizado por el gobierno para acumular fuerzas y poco se sabe del uso que hacen desde la Central. Por lo pronto, el paro nacional no se volvió a mencionar.
Margen estrecho, grandes desafíos
Con todo, la lógica indica que la CGT tiene pocas alternativas. Uno de los dirigentes más combativos, el titular de la Federación Aceitera Daniel Yofra, señaló a Tiempo que “con la modernización laboral, como la llaman, no hay ningún punto a favor de los trabajadores. Ese es el mayor desafío que tenemos”. El dirigente sostuvo que “no tenemos mucho tiempo para pensar ni para organizarnos”.
Para Yofra, “el otro desafío importante es la unidad definitiva del movimiento obrero a través de sus organizaciones, en este caso la CGT, que es la Central más grande del país y de Sudamérica”. El dirigente, aclaró que “la unidad sirve si es detrás de consignas y objetivos comunes. No sirve unirse para no hacer nada. Es lo que viene ocurriendo desde hace muchos años donde hay muchos frente sindicales y poca acción”.
A la vez, desde la CTA Autónoma, Hugo Godoy, su secretario general señaló que “Milei terminó el año con un DNU que crea la Gestapo en la Argentina. No está desenganchado de los dos proyectos inmediatos que intenta sacar en febrero y son el primer desafío para la clase trabajadora”. El dirigente opinó que “la reforma laboral nos quiere retrotraer al siglo XIX y la reforma impositiva y penal busca consolidar el esquema de más privilegios a los ricos y persecución a los pobres que se rebelen”.
Néstor Pitrola, diputado nacional del FIT-U e histórico dirigente gráfico opinó que “los desafíos que se plantean para la clase trabajadora en el 2026 son enormes. En primer lugar, derrotar la reforma laboral esclavista que viene a terminar con 150 años de luchas y de conquista de los trabajadores y con el derecho laboral, con el derecho a la lucha y con el movimiento obrero tal cual lo conocemos hasta hoy”. Pero además, señaló, “tenemos el decreto de inteligencia para endurecer la represión del Estado y que, por supuesto, va a incluir la represión y persecución a la oposición política y al activismo sindical y social. El desafío de la clase trabajadora en el 2026 es enfrentar y derrotar este paquete de leyes y, con él, todo el régimen de Milei. Para eso hace falta luchar también por una nueva dirección en el movimiento obrero”.
Matías Maito, director del CETyD fundado por el ex ministro de Trabajo Carlos Tomada, señaló que “lógicamente el desafío inmediato es la reforma laboral que afecta derechos y que no va a reducir la informalidad ni incentivar la generación de empleo”. Con todo agregó que “el principal desafío de los trabajadores para 2026 es político: evidenciar que por la estabilidad y la baja de la inflación estamos pagando un precio muy alto. Esa estabilidad se corresponde con un modelo que, en términos de empleo, está teniendo efectos muy corrosivos y que tiene entre sus principales componentes como ancla contra la inflación, a los salarios. Hay que mostrarle al conjunto de la sociedad lo perjudicial que es que es este modelo”.
Godoy pronosticó que “enero y febrero serán meses intensos de luchas y medidas de acción. En 2026 habrá que redoblar esfuerzos para que a esta violación de la democracia con DNU y leyes anticonstitucionales se le pueda poner freno”. Para eso, dijo, “hay que articular un gran frente nacional del cual los trabajadores seamos actores principales, sobre todo, por el vacío de conducción política existente. Los trabajadores tenemos la responsabilidad de organizar la lucha y una perspectiva de esperanza para nuestro pueblo”.
Para Yofra, “tenemos que salir con un plan de lucha proponiendo una alternativa para que el sindicalismo se convierta en una opción”.
A la vez, sobre la estrategia a definir el dirigente señaló que “hay muchas organizaciones y muchos dirigentes que se han dado cuenta que no existe el diálogo. No es que se agotó, nunca hubo y no dio ningún resultado. Si no dieron diálogo para un aumento salarial, menos nos lo van a dar para imponer una reforma laboral totalmente regresiva y anticonstitucional”. Para Yofra, “el paro nacional es el anhelo de todos los trabajadores para enfrentar este nuevo episodio de la guerra que nos vino a declarar este gobierno. Siempre se está hablando con organizaciones sindicales para tratar de lograr la unidad en la en la acción. La CGT va a recoger el guante y va a salir un paro nacional contundente con un plan de lucha, no va a tener otra opción”.
Para Godoy “no volvimos a reunirnos con la CGT después del 18 de diciembre. Fue una macana que se desaprovechara esa oportunidad para concretar mayores niveles de unidad. El ombliguismo no es un buen consejero en estos tiempos pero desde ambas CTA estamos comprometidos en seguir haciendo esfuerzos».«