Dios es un DJ: misa tecno y “lío” en la Plaza de Mayo

Por: Nicolás G. Recoaro

El "cura DJ" Guilherme Peixoto convirtió el corazón político del país en una rave a cielo abierto para homenajear al fallecido papa Francisco. Beats, sotana y discursos papales.

La Plaza de Mayo cambió esta noche del sexto día los adoquines históricos por el golpe seco del techno. No hay barricadas, no hay banderas de sindicatos, ni cánticos de la resistencia. En el espacio donde se forjaron todas las tormentas del país hay una consola de DJ comandada por Guilherme Peixoto, el sacerdote portugués que agita a las masas en la fiebre de un sábado a puro beat.

En el corazón de la ciudad de la furia, ahí donde Jorge Bergoglio caminó décadas con la sotana gastada antes de saltar a la escena global, el “¡hagan lío!” dejó de ser un mandamiento abstracto para convertirse en una coreografía masiva. Francisco se hace presente en el dancefloor y, aunque el clero tradicional seguramente se persigne ante el sacrilegio, el difunto Papa parece haber bendecido el evento desde el cielo.

El despliegue es de otra galaxia. Pantallas LED elefantiásicas que calientan el frígido centro porteña y un sistema de sonido que zarandea hasta los cimientos de la Catedral. Peixoto, capellán militar con rango de teniente coronel -mirá qué paradoja, el ejército de Dios en versión estroboscópica- y una vocación electrónica que nació en 2006 como un modo prosaico de financiar restauraciones parroquiales, se presenta ante una multitud que no sabe bien si vino a una misa o a una rave. En el epicentro de la política nacional, el cura DJ busca fieles y el éxtasis masivo.

Los primeros beats de la misa golpean en la plaza. Peixoto dispara un set diseñado con precisión quirúrgica: bases hardcore gregorianas, retazos de liturgia y, como clímax, la voz de Francisco flotando en el aire. ¿Fe o espectáculo? A quién le importa. La plaza late con un ritmo ecuménico, una forma distinta de esperanza en tiempos de desencanto libertario. Redención bailable con entrada libre y gratuita.

Entre el ruido de los bajos y el silencio de las catedrales, suena el «lío» de la rave. Es el mensaje de un Papa que prefería las periferias existenciales al confort de la sacristía, aunque para eso hay que bancarse que Dios, por una noche, sea un DJ con rango militar. Música para pastillas, perdón, para hostias. ¿Amén?

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