Belén se consagró anoche en la 40ª edición de los Premios Goya en Barcelona y marcó uno de los momentos más resonantes de la gala con un discurso que ya abrió un debate intenso en el mundo del cine y la cultura. La película argentina Belén, dirigida y protagonizada por Dolores Fonzi, ganó el Goya a Mejor Película Iberoamericana, sumando un nuevo hito para el cine de nuestro país en uno de los escenarios más prestigiosos del cine hispanohablante.
La ceremonia, que une a las cinematografías de España y América Latina, se celebró con un fuerte tono reivindicativo y político en múltiples discursos, y el de Fonzi -además de emotivo- fue particularmente directo sobre la realidad global y también sobre su mirada crítica hacia la coyuntura política que vive Argentina.
Visiblemente conmovida al recibir la estatuilla, Fonzi empezó con palabras de agradecimiento al equipo y a la academia, para luego entrar en un tramo de reflexión intensa sobre el momento que atraviesa el mundo: “Somos las películas que hacemos y, en este momento, el mundo se convirtió en una película de terror”.
En esa línea, enumeró una serie de crisis globales que, según ella, configuran ese “escenario de terror” que resonaba en el espacio del cine: “ya se ha nombrado el genocidio en Gaza, el reclamo de las mujeres en Irán, la persecución a los migrantes en Estados Unidos y eso, esa película de terror, no somos nosotros, no somos la humanidad y eso no lo podemos seguir permitiendo”.
Fonzi contra la trampa de la ultraderecha
Pero el momento que más impacto generó en el auditorio y en las redes llegó con un llamado que combinó advertencia y advertencia política: “Ustedes que tienen tiempo aún, no caigan en la trampa; la ultraderecha vino a destruirlo todo, eso es así”.
Fonzi continuó con una metáfora potente y crítica sobre su país de origen: “Yo vengo del futuro, vengo de un país donde el presidente incluso puso en venta el agua, o sea que ya no solo defendemos el cine, estamos teniendo que defender el agua… Que no les pase a ustedes”.
Estas palabras fueron recibidas con una ovación en el Auditori Fòrum CCIB de Barcelona, pero también han generado una ola de reacciones diversas entre figuras del cine, del periodismo y del público que sigue la premiación.
La película Belén, basada en hechos reales de una joven tucumana que fue procesada por homicidio tras un aborto espontáneo en 2014 -un caso que conmovió a la sociedad argentina y que implicó una movilización social en favor de los derechos reproductivos- volvió así a ocupar un lugar central en la conversación cultural.
Más allá del discurso, el triunfo del film dirigido por Fonzi se suma a una larga tradición de reconocimientos argentinos en esta categoría, reafirmando el vínculo profundo entre el cine de nuestro país y la narrativa iberoamericana en general.
La ceremonia de esta edición también destacó por los llamados a la solidaridad internacional, la visibilidad de lenguas cooficiales en España y los numerosos gestos de artistas que aprovecharon el micrófono para destacar causas sociales y políticas.
Con este Goya, Belén no solo celebra una distinción artística, sino que instala una voz crítica en un escenario cultural global, donde las elecciones estéticas y las posturas éticas parecen cada vez más entrelazadas.