El grupo tocó el disco nuevo en el Movistar Arena y sus clásicos más reconocidos. El cierre con "A Change of Seasons" marcó el punto más alto del concierto.

Su regreso al país coincidió con un punto de inflexión en la historia del grupo y el reencuentro de una de sus formaciones más emblemáticas: James LaBrie en voz, John Petrucci en guitarra, John Myung en bajo, Mike Portnoy en batería y Jordan Rudess en teclados. Todo estaba dado para que el dream team se reencontrara con una de sus hinchadas más fieles: una noche que tuvo rigor extremo, virtuosismo quirúrgico y humanidad en partes iguales.
Soñar con la perfección técnica tiene un nombre y pasó por el Movistar Arena. Dream Theater llegó, tocó durante tres horas y se fue, pero en el medio dejó en claro que hay músicas que no se negocian: o entrás en su hechizo o te quedás afuera mirando cómo los tipos hacen lo que quieren con sus instrumentos. No hay punto medio. La mayoría eligió entrar.
Hay bandas que tocan y bandas que ejecutan. Dream Theater pertenece al segundo grupo, ese donde la precisión no es un recurso sino una obsesión. Sólidos y demoledores, el quinteto usó el escenario como un laboratorio donde cada nota tenía una razón de ser. No hubo concesiones para el que buscaba un hit fácil. Hubo, en cambio, una demostración de oficio que roza lo inhumano.
El show fue, al menos, extenso. La banda, referente mundial del metal progresivo, recorrió el continente presentando Parasomnia, su decimosexto álbum de estudio y el primero que registró con Mike Portnoy en la batería desde 2009, tras el reencuentro de la formación clásica. Editado el 7 de febrero de 2025, el disco debutó en el primer puesto de los rankings de Billboard de hard rock y hard music, con más de 18 mil copias vendidas apenas en su primera semana.
La primera parte del concierto se dedicó íntegramente a Parasomnia, interpretado de comienzo a fin y en el orden original: desde el ominoso minuto inicial de “In the Arms of Morpheus” hasta la extensa suite “The Shadow Man Incident”. Con una duración de 71 minutos en el disco, este primer bloque demandó hora y media en una puesta en escena repleta de visuales que sostenían a una banda estoica que, sin despeinarse, avanzó sobre la noche y todos sus presentes. Las ocho canciones del nuevo disco, de pa a pa, sin grietas, sin fisuras, sin darte chance de pensar en nada más.
En las pantallas se anunciaba el primer receso de la noche. Como cierre del primer acto sonó “Dance of the Dream Man”, pieza del compositor Angelo Badalamenti -uno de los grandes del cine de culto, autor de la banda sonora de Twin Peaks, la obra maestra de David Lynch-. Así, entre virtuosismo, cultura y referencias exquisitas, la noche daba otro salto mortal.
El segundo acto arrancó con una ráfaga que dejó en claro que el descanso fue solo para tomar aire. “The Enemy Inside” y “A Rite of Passage” sacudieron las butacas, pero fue en el combo de Metropolis Pt. 2 -“Through My Words” y “Fatal Tragedy”- donde la noche encontró su centro narrativo. Petrucci y Rudess se enredaron en diálogos que parecían desafiar la gravedad, mientras Portnoy, desde su trono de batalla, recordaba por qué su batería ya no se mide en golpes, sino en metros cuadrados de impacto.
“The Dark Eternal Night” trajo la cuota de heavy metal sin concesiones, y “Peruvian Skies” se permitió un guiño a sus fantasmas: un fragmento de “Wish You Were Here” de Pink Floyd y un riff prestado de “Wherever I May Roam” de Metallica. El cierre con “Take the Time” fue un manual de lo que hace grande a esta banda: cambios de ritmo imposibles ejecutados con naturalidad. Para cuando terminaron, el hechizo ya era irreversible.
Dream Theater se tomó el tiempo necesario para desempolvar A Change of Seasons, el mítico EP de 1995 que funciona como una oda al paso del tiempo y la pérdida. La inclusión de ese material respondió a la demanda histórica de los fanáticos sudamericanos, más encarnizados que el público del hemisferio norte.
Por su parte, Mike Portnoy volvió a sentarse detrás de los parches y algo cambió. No porque fuera mejor o peor que quienes lo reemplazaron, sino porque la batería, con él, dejó de medirse en cuerpos para medirse en metros cuadrados. Cada golpe ocupaba un espacio físico. Verlo en vivo fue toda una experiencia y la oportunidad de entender -luego de recapitular bastante- que hay músicos que no tocan: colonizan.
En cuanto a James LaBrie, el cantante llegó a Buenos Aires con la voz entonada, sin más contratiempos registrados que una pequeña caída en el Sweden Rock Festival el año pasado mientras interpretaba “Night Terror”. El vocalista de 62 años continuó su gira sin sobresaltos y con el pecho inflado como un profeta del rock sinfónico.
El bloque final fue con la suite completa de A Change of Seasons, los 23 minutos que la banda convirtió en su estandarte emocional desde 1995. Antes, una breve pausa con imágenes de Dead Poets Society -“Carpe Diem”, claro- que funcionaron como antesala filosófica. Y entonces sí: Portnoy golpeó el gong imaginario y la máquina se puso en marcha. “The Crimson Sunrise” desplegó su belleza melancólica,
“Innocence” siguió con su fragilidad característica, y cuando llegó “Carpe Diem”, la noche ya era otra cosa. Hubo espacio para la oscuridad: llegó “The Darkest of Winters”, con un guiño a “When the Water Breaks”; para la redención, “Another World”; y para el cierre inevitable, “The Crimson Sunset”, con un fragmento de “A Fortune in Lies” como guiño al pasado. Fueron veintipico de minutos de riesgo, de épica contenida, de virtuosismo al servicio de la emoción. Y cuando la última nota se apagó, quedó la sensación de que, en un mundo de inmediatez, todavía hay quienes creen en la canción como viaje de ida. Como Petrucci, como Badalamenti.
Tres horas pueden ser una eternidad. Pero el tiempo pasó como si alguien hubiera apretado el acelerador. No hubo respiros largos ni bajar un cambio. Dream Theater tocó con la urgencia de quien sabe que el público argentino no perdona la desconcentración. Y el público, fiel a su fama, respondió: no hubo pogos desaforados, no hizo falta. Hubo eso que los cronistas llamamos “energía” cuando nos faltan adjetivos frente a una actuación regular de una banda y que no sonó a frase hecha. El hechizo del rock progresivo es difícil de explicar, pero imposible de negar. Y nadie salió inmune.
An Evening With Dream Theater – Parasomnia Live. Viernes 24 de abril de 2026. Formación: James LaBrie (voz), John Petrucci (guitarra), John Myung (bajo), Mike Portnoy (batería), Jordan Rudess (teclados). Duración del show: aproximadamente 3 horas.
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