El exagente Mauro Aguilera fue condenado a casi 11 años de prisión por el delito de homicidio agravado por el uso de arma contra Soledad Bowers, de 18 años, quien recibió el impacto mortal cuando se aprestaba a ingresar a un recital.

Aguilera fue detenido inmediatamente después del hecho. Sin embargo, a las pocas semanas abandonó la cárcel común y fue beneficiado con el arresto domiciliario y en esa condición llegó a la primera jornada del juicio. Si bien fue desafectado de la fuerza, desde hacía cinco meses gozaba de salidas laborales. El abogado defensor de Aguilera, Julio Beley, admitió que su cliente había asesinado a la joven, pero pidió la absolución por considerar que su conducta «no puede ser penada».
El 29 de agosto de 2013, dos jóvenes entraron a robar a la confitería del centro platense Me piace. Aguilera, que estaba de civil, ingresó al local y dio la voz de alto. Los dos asaltantes escaparon subiéndose a dos motos que los estaban esperando afuera. Una vez en la calle, Aguilera disparó varias veces: uno de esos plomos alcanzó a Soledad, quien en ese momento estaba con su hermana por entrar a un bar de la zona para ver a su ídolo.
Tanto el fiscal como la querella pidieron 10 años y ocho meses de pena con revocatoria de la prisión domiciliaria bajo la figura de homicidio simple con dolo eventual. La familia de la víctima reclamó, además, que se agregue a la sentencia 10 años de inhabilitación para ejercer cargos públicos.
Desde la primera declaración indagatoria, Aguilera reconoció ser el autor del disparo fatal, incluso, durante la instrucción, pidió perdón a la familia de su victima.
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