El rumor lo instaló un periodista-empresario que tiene una gran visión y talento para crear empresas de medios y también un alineamiento monolítico con la política exterior de Estados Unidos, siempre. Hay que remarcar que esa línea editorial no es sólo de Daniel Hadad. Todos los medios del establishment argentino defienden de manera acrítica la política exterior de Washington. Si el Departamento de Estado dice que Nicolás Maduro es un dictador macabro y hace silencio sobre la teocracia de Arabia Saudita conducida por Mohamed bin Salmán, príncipe heredero, los medios de la derecha argentina siguen el relato sin moverse un milímetro. Esta aclaración es para precisar cuál es alineamiento de la fuente de información.
A mediados de diciembre, en una entrevista en Radio La Red, el fundador de Infobae dijo: “Creo que tal vez el año que viene o cuando esté más cerca la elección del 2027 nos vamos a enterar de gestiones muy silenciosas propiciadas por Estados Unidos para acercar posiciones en el tema Malvinas entre Argentina y Gran Bretaña. Creo va a ser un shock muy fuerte”.
Hay dos dirigentes peronistas que dedican gran parte de sus apariciones públicas a cuestionar a China, y que hicieron silencio respecto del bombardeo de Caracas y el secuestro de Maduro, que vienen sosteniendo lo mismo. Guillermo Moreno y Miguel Pichetto también dicen que EE UU podría interceder ante Inglaterra por Malvinas.
La interpretación política que está detrás de esa afirmación es que la histórica alianza de EE UU con Europa-incluido Reino Unido-se está quebrando con el nuevo orden mundial. Todo lo que había surgido luego de la Segunda Guerra se desvanece. Donald Trump se repliega sobre América y cambia de alianza. Ahora defenderá a la Argentina en lugar de a Inglaterra.
La comparación que se hará en el siguiente párrafo no pretende ser ofensiva. Se comparan los criterios, no las personas.
Los militares que impulsaron el intento de recuperación de las Islas en 1982 también creían que EE UU se mantendría neutral. Se basaban en dos cosas: la lucha “anticomunista” que la dictadura había desplegado cometiendo los peores crímenes conocidos con el terrorismo de Estado y el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR). Se sabe que EE UU no fue neutral y respaldó a su madre patria.
En la lectura que hacen los referentes que difunden las supuestas nogociaciones revervadas hay además un error de base. Estados Unidos no ve a la Argentina como un aliado sino como un vasallo. Un gobierno como el de Javier Milei refuerza esa condición. Claudia Sheinbaum, presidenta de México, negocia con Trump. Luiz Inácio Lula da Silva, líder del Brasil, negocia con Trump. Milei obedece, no negocia.
La historia y la información que circula en Washington muestran que la posibilidad de que Argentina recupere las Islas por una especie de premio otorgado por EE UU no tiene consistencia. Lo que sí existe como posibilidad cierta es que Estados Unidos -no la Argentina- busque una presencia directa en el archipiélago.
Los mares están plagados de territorios colonizados por los ingleses que EE UU utiliza. El caso que más resurgió en los últimos días es el de la isla Diego García, en el Océano Índico, un pedazo de tierra de 27 kilómetros cuadrados con playas de arena de blanca. Forma parte del archipiélago de las Islas Chagos, que están bajo dominación británica desde 1814. Inglaterra anunció la semana pasada un acuerdo con la Isla Mauricio que reclama la soberanía. Trump, por cierto, no apoyó la decisión; la cuestionó.
En Diego García Estados Unidos tiene una base militar que fue clave en las guerras de Afganistán e Irak por su ubicación. El acuerdo firmado por Inglaterra tiene como condición que la base conjunta podrá quedarse en la isla por un siglo más.
En el Atlántico Sur, en la Isla Ascensión, a mitad de camino entre Brasil y África, ocurre lo mismo. Está bajo dominación británica desde 1815 pero hay una base militar estadounidense.
En el Caribe hay varias islas que fueron colonia británica, como Bahamas, que logró su independencia en 1973, pero mantiene una base de EE UU.
El repliegue de Trump no es sólo sobre el continente americano. Es también sobre el poderío militar de su país, único frente en el que sigue teniendo una superioridad absoluta, mientras pierde la guerra económica con China que ya produce el 30% de las manofacturas que se consumen en todo el planeta.
El profesor de política y relaciones internacionales de la Universidad de Bristol, Peter Clegg, publicó un artículo en su blog a mediados de enero. Analizaba qué podía ocurrir con territorios controlados por países europeos en el nuevo contexto internacional. En concreto se enfocó en la Guyana Francesa y en Malvinas. La conclusión de su análisis era que EE UU podría buscar el control de Groenlandia por el Ártico y el de Malvinas por la Antártida. De Norte a Sur, la muralla del imperio. Esa hipótesis tiene más anclaje en el presente y el pasado que pensar que Washington intercederá para que Inglaterra le devuelva las Islas a la Argentina. En tal caso las pedirá para sí mismo o pondrá una base militar. Quizás haya algún gesto simbólico para la Argentina. Nada más. «