La última vez que Egberto Gismonti tocó en el Teatro Colón, en 2003, quedó establecido un vínculo particular entre el músico brasileño y una sala que parecía hecha para su manera de entender el sonido. Más de veinte años después, ese diálogo tendrá un nuevo capítulo: el sábado 21 de noviembre a las 17, presentará Ofrenda, un recital de piano solo en el que desplegará una obra construida durante más de cinco décadas entre la tradición brasileña, la escritura académica y la libertad de la improvisación.
El título elegido para el encuentro funciona también como una declaración de principios. En la presentación del espectáculo, Gismonti define esta nueva visita como un gesto de agradecimiento hacia el público argentino y hacia un país con el que mantiene una relación artística profunda. La propuesta será particularmente reveladora porque lo ubicará frente a un solo instrumento: sin banda, sin acompañantes y sin la posibilidad de esconderse detrás de una formación colectiva.
A sus 79 años, Gismonti conserva un lugar difícil de comparar dentro de la música brasileña. No pertenece exactamente al jazz, aunque muchos músicos de ese ámbito lo reivindiquen; tampoco encaja por completo en la música clásica contemporánea ni en la música popular de su país. Su singularidad nació justamente de haber convertido esas fronteras en un territorio de intercambio.

Nació en Carmo, en el estado de Río de Janeiro, en 1947, estudió piano, composición y orquestación antes de profundizar en la guitarra, instrumento que terminó transformando en una extensión de sus ideas musicales. Durante su formación en Europa estudió con figuras como Nadia Boulanger y Jean Barraqué, pero su búsqueda nunca quedó encerrada en la tradición académica: volvió a Brasil para investigar sus raíces musicales y dialogar con formas populares, sonidos indígenas y ritmos afrobrasileños.
Una de las claves de su obra está en esa convivencia de mundos aparentemente opuestos. Gismonti puede construir una pieza con la complejidad de una composición de cámara y, al mismo tiempo, sostener la respiración rítmica de la música brasileña. Su manera de tocar la guitarra de ocho cuerdas amplió las posibilidades del instrumento hasta acercarlo a una pequeña orquesta: bajos, melodías y texturas aparecen superpuestos con una lógica propia.
El reconocimiento internacional llegó especialmente a partir de su vínculo con el sello alemán ECM. Dança das Cabeças, grabado en 1976 junto al percusionista Naná Vasconcelos y editado al año siguiente, se convirtió en una obra fundamental para entender una nueva forma de pensar la música brasileña fuera de sus categorías tradicionales. Allí, la percusión de Vasconcelos y la guitarra de Gismonti construyeron un diálogo entre improvisación, paisaje sonoro y composición.

A lo largo de su carrera también trabajó con músicos como Jan Garbarek, Charlie Haden y Ralph Towner, además de desarrollar sus propios grupos y proyectos, siempre con una misma idea: que la música no debía elegir entre la precisión de la escritura y la espontaneidad del momento.
Ese equilibrio es, probablemente, lo que vuelve única su obra. En Gismonti la técnica nunca aparece como demostración de virtuosismo sino como una herramienta para ampliar la expresión. Sus piezas pueden ser contemplativas y explosivas, abstractas y profundamente melódicas, personales y al mismo tiempo conectadas con una tradición colectiva.
En el Teatro Colón, la elección del piano solo pondrá el foco justamente en esa esencia: un compositor frente a sus propias ideas, sin intermediarios. Una oportunidad para escuchar a un músico que hizo de la búsqueda permanente una forma de creación y que todavía encuentra nuevas maneras de volver sobre su propia historia.
Egberto Gismonti – Ofrenda
Sábado 21 de noviembre a las 17 en el Teatro Colón, Cerrito 618 (CABA).