En salud, la desregulación trae problemas, patologías, riesgos de vida. Un Estado que se aleja y deja de controlar es un peligro social. Eso se ve reflejado en una reciente decisión del Ministerio de Salud de la Nación: a través de la Resolución 549/2026, derogó la prohibición de la importación, venta y promoción de los dispositivos electrónicos para inhalar vapores o aerosoles de tabaco, incluyendo sus accesorios. En el Día Mundial Sin Tabaco, organizaciones médicas y especialistas advierten por los efectos de esta medida que nadie estaba reclamando y por las que todos en el sector apuntan a un interesado: el fabricante de Phillip Morris.
El fin de la prohibición dio paso a un supuesto nuevo régimen regulatorio para el registro, comercialización y fiscalización de productos de tabaco y nicotina. Especialistas del Hospital de Clínicas de la Universidad de Buenos Aires advierten sobre los riesgos asociados a su consumo y el posible impacto en la salud pública, especialmente entre adolescentes. “Si bien podrían ser menos tóxicos que los cigarrillos combustibles (al no quemarse papel y otras sustancias), los vapeadores no son inocuos porque producen distintos daños a la salud, como el deterioro de los pulmones y el favorecimiento a la adicción a la nicotina”, sostiene Raúl Mejía, médico consultor del Departamento de Medicina Ambulatoria del Hospital, especializado en tabaquismo.
En Argentina el 30% de los adolescentes de entre 14 y 17 años asegura haberlos probado alguna vez, de acuerdo con datos del Centro de Estudios Estado y Sociedad (CEDES). Otra investigación de esta institución comprobó que tanto en Argentina como en México el uso de los vapers es la puerta de entrada al cigarrillo convencional.

“Los vapeadores suelen tener sabores, diseños y estrategias de marketing muy atractivas para adolescentes, resultando especialmente vulnerables”, explica Evangelina Membriani, médica neumonologa del Clínicas.
La Sociedad Argentina de Pediatría (SAP) difundió un documento elaborado por su Comité de Neumonología y el Grupo de Trabajo de Consumos Problemáticos, en el que advierte sobre el aumento del consumo de estos productos y sus consecuencias sobre la salud física y mental de niños, niñas y adolescentes.
No baja el consumo, cambian los productos
Los especialistas destacan que el crecimiento del vapeo se da en un contexto particularmente sensible: luego de años de descenso sostenido del tabaquismo convencional en adolescentes, comenzaron a aparecer nuevas formas de consumo de nicotina impulsadas por dispositivos tecnológicos, diseños atractivos y sabores especialmente orientados al público joven.
De acuerdo con información provista por el propio Ministerio de Salud, el cigarrillo electrónico emite aerosol con numerosas sustancias tóxicas y cancerígenas. Al respecto, Membriani advierte que “aunque muchas personas creen que el vapor es solo ‘agua’, en realidad contiene múltiples sustancias potencialmente tóxicas”. Y aclara que “al no haber estado regulado hasta el momento, no se conoce fehacientemente qué contiene cada dispositivo, pero sí se sabe que los vapeadores suelen contener nicotina, propilenglicol, glicerina vegetal, saborizantes y múltiples compuestos químicos que al calentarse liberan sustancias químicas capaces de causar estrés oxidativo con inflamación pulmonar y alteraciones cardiovasculares”.
En relación a las consecuencias del vapeo, Membriani explica que las investigaciones de los últimos años indican que los cigarrillos electrónicos pueden causar riesgo para la salud como enfermedades pulmonares, cardiovasculares y oncológicas. Incluso, el consumo combinado de tabaco y cigarrillo electrónico parece aumentar aún más el riesgo de cáncer y enfermedades relacionadas al tabaquismo.
Entre los principales riesgos, la especialista destaca la adicción a la nicotina; la inflamación e irritación de las vías respiratorias, con síntomas como tos crónica, disnea o falta de aire; broncoespasmos y empeoramiento del asma. Además, indica que se han descrito daños pulmonares asociados al vapeo —conocidos por la sigla en inglés EVALI—, una enfermedad pulmonar aguda que puede presentarse pocas horas después de su uso. También se registraron casos de hemorragia alveolar y proteinosis alveolar, así como efectos cardiovasculares, entre ellos el aumento de la frecuencia cardíaca y de la presión arterial.
Estos productos también pueden afectar la salud de terceros, ya que la exposición secundaria al aerosol puede causar problemas respiratorios e incluso intoxicaciones agudas en niños y lactantes.
Un nuevo «desafíos sanitario» para la cardiología
La Sociedad Argentina de Cardiología también expresó su preocupación por el aumento del consumo de cigarrillos electrónicos y dispositivos como, entre otros, vapeadores, calentadores de tabaco y bolsas de nicotina. ‘Estos productos son frecuentemente presentados como alternativas “más seguras” o como herramientas de reducción de daño. Sin embargo, la evidencia disponible indica que no son inocuos, contienen o pueden vehiculizar nicotina —una sustancia altamente adictiva con efectos cardiovasculares— y pueden exponer a los usuarios y al ambiente a compuestos potencialmente tóxicos’, afirman.

La SAC considera que la estrategia sanitaria prioritaria debe seguir siendo la prevención de la iniciación, la protección de niñas, niños y adolescentes, el tratamiento integral de la dependencia al tabaco y la nicotina mediante intervenciones con eficacia demostrada, y el fortalecimiento de políticas públicas de control del tabaco y de productos emergentes de nicotina. Más aún cuando la disponibilidad, diseño, sabores, marketing digital y percepción de bajo riesgo de este tipo de productos pueden favorecer la iniciación al consumo de nicotina y perpetuar la dependencia.
“Desde la perspectiva cardiovascular, la expansión de estos dispositivos constituye un nuevo desafío sanitario. La nicotina produce activación simpática, incremento de la frecuencia cardíaca y de la presión arterial, disfunción endotelial y potenciales efectos proarrítmicos y protrombóticos. A ello se suma la exposición a partículas ultrafinas, metales pesados, carbonilos y sustancias químicas inhaladas cuyos efectos a largo plazo aún no se encuentran completamente establecidos”, afirmó María Inés Sosa Liprandi, médica cardióloga, consultora del área Corazón y Mujer ‘Dra. Liliana Grinfeld’ de la Sociedad Argentina de Cardiología (SAC).
“El acetato (aceite) de vitamina E que se usa a veces para espesar los productos para vapear, puede dañar la función pulmonar. El daño pulmonar directo puede ocurrir a causa de los productos químicos, los vapores y los metales”, agregó la especialista.
Los adolescentes, el vapeo y Phillip Morris
Los datos más recientes del “Séptimo Estudio Nacional sobre Consumo de Sustancias Psicoactivas en Estudiantes de Enseñanza Secundaria. Argentina 2025”, realizado por el Observatorio Argentino de Drogas (SEDRONAR) evidencian un crecimiento preocupante del consumo de vapeadores y cigarrillos electrónicos entre adolescentes argentinos.
Entre los hallazgos más relevantes, del estudio, que incluyó 117.833 estudiantes secundarios y representa a más de 2,1 millones de adolescentes escolarizados en Argentina, se destaca que el consumo de vapeadores o cigarrillos electrónicos alcanzó una prevalencia de vida del 35,5%, ubicándose como la tercera sustancia de mayor consumo entre adolescentes, solamente por detrás de las bebidas energizantes y el alcohol, y superando incluso al tabaco convencional.
El informe muestra además que el consumo de tabaco convencional descendió respecto de décadas previas, mientras emergen con fuerza nuevos dispositivos de administración de nicotina, particularmente vapeadores y cigarrillos electrónicos. Esta transición epidemiológica genera especial preocupación sanitaria debido a la percepción errónea de inocuidad asociada a estos productos, su fuerte penetración en adolescentes y jóvenes, y su capacidad de inducir dependencia nicotínica temprana.
La elevada prevalencia observada en población escolar resulta especialmente alarmante considerando que gran parte de los usuarios son menores de edad y que la exposición temprana a nicotina se asocia con alteraciones del neurodesarrollo, mayor probabilidad de adicción sostenida y riesgo aumentado de progresión hacia otros productos con nicotina y tabaco combustible.
La SAC sostiene que la política sanitaria sobre productos de tabaco y nicotina debe formularse sin interferencia de la industria tabacalera, de vapeo o de nicotina. Toda participación en debates técnicos, regulatorios o educativos debe declarar conflictos de interés financieros, institucionales o comerciales.
«Eso lo venimos denunciando desde el Observatorio de Adicciones y Consumos Problemáticos de la Defensoría del Pueblo bonaerense. Pasar de una prohibición total de la comercialización de los dispositivos destinados a vapear y a calentar tabaco, en busca de proteger la salud, a un modelo de registro laxo no es regular ni establecer una política pública; es abrirle la puerta al Caballo de Troya de la Nicotina 4.0«, apunta Walter Martello, Defensor del Pueblo Adjunto de la PBA.
Desde el Observatorio son categóricos: la «reducción de daños» es una falacia comercial. El vapeo no es la salida del tabaco, es la puerta de entrada a la adicción para una generación que ya no fumaba. «La industria ha invertido 16.000 millones de dólares en productos ‘sin humo’ no por filantropía, sino por una estrategia financiera calculada: el 41,5% de los ingresos de gigantes como Philip Morris International (PMI) ya proviene de estos dispositivos», remarca Martello.«