El relato de la «libertad» y el combate a las estructuras políticas sumó un nuevo capítulo de contradicciones. YPF informó a la Comisión Nacional de Valores (CNV) que Manuel Adorni, Jefe de Gabinete y principal espada discursiva de Javier Milei, ha sido designado Director Titular en representación de las Acciones Clase A del Estado.
Ante la previsible ola de críticas, Adorni se apresuró a aclarar que renunciará a los honorarios correspondientes al cargo. Sin embargo, el gesto de «austeridad» no logra tapar el trasfondo político: la designación de un funcionario sin antecedentes en el sector hidrocarburífero para vigilar la empresa que el Ejecutivo anhela privatizar. El ahorro del sueldo parece un precio bajo a cambio del control directo sobre la toma de decisiones de la joya de la corona estatal.

El refugio de la política
El movimiento en el Directorio incluyó la salida de figuras técnicas como Eduardo Rodríguez Chirillo y José Rolandi, quienes renunciaron por «razones personales» en medio de una crisis energética latente. En sus lugares, además de Adorni, aterrizan nombres de peso político como el ex Jefe de Gabinete Guillermo Francos y el legislador Martín Maquieyra.
Esta reconfiguración transforma el Directorio de YPF en una mesa de enlace de la Casa Rosada, desplazando la pericia técnica por la lealtad partidaria. Mientras Adorni celebra desde su atril el desguace de organismos públicos y la caída del empleo estatal, su presencia en YPF garantiza que el ojo del Presidente esté puesto sobre cada barril y cada peso de la compañía.
La movida confirma que para el gobierno libertario, la «casta» no era el cargo en sí, sino quién lo ocupaba. Con el Jefe de Gabinete sentado en el Directorio, la autonomía de YPF queda supeditada a la estrategia comunicacional y política de un gobierno que, mientras predica el retiro del Estado, nunca estuvo tan presente en las estructuras de mando de sus empresas.