Alexandra García Tabernero, fiscal en Barcelona y profesora de derecho penal en esa misma ciudad, abocó parte de su carrera al análisis del derecho penal internacional. Pero hace 13 años su vocación se vio atravesada por una gran paradoja, cuando supo que tenía un tío argentino que había estado implicado en delitos de lesa humanidad cometidos durante la última dictadura cívico militar.
¿Cómo resolver esa encrucijada emocional? ¿Es posible disociar la ley de los vínculos familiares? ¿Desde qué lugar hay que vincularse con el dolor de las víctimas? El intento de resolver todos estos interrogantes, impulsaron a Alexandra a escribir Carta al coronel, un libro en el cual se plantea un diálogo abierto, imaginario y reflexivo con el oficial del Ejército argentino Reinaldo Tabernero, quien murió en 2007, a los 85 años, procesado delitos de lesa humanidad.
“Una vez terminada la carrera de abogacía hice un postgrado en Londres, y allí hice un artículo sobre la detención de Augusto Pinochet. Lo conté entonces en una reunión familiar, en 2013, y les dije que mi intención era dedicarme al derecho penal internacional. ‘Hay un tío tuyo en Argentina que tuvo problemas similares a los de Pinochet’. Fue una referencia aislada. Incluso les pregunté a otros familiares si sabían algo sobre ese familiar, y nadie me brindó muchas precisiones. Me puse a buscar y encontré que un militar llamado Tabernero había sido detenido en Argentina en 2006, tras la derogación de las leyes de Punto Final y Obediencia Debida”, señala Tabernero García en diálogo con Tiempo Argentino al contar los motivos que la llevaron a escribir esta misiva abierta.
Reinaldo Tabernero fue coronel del Ejército Argentino, y entre noviembre de 1976 y diciembre de 1977 se desempeñó como subjefe de la Policía de Camps. Cumplió una función preponderante en la cadena de mandos de la maquinaria genocida que Camps puso en marcha en la provincia de Buenos Aires y estuvo implicado con crímenes que se cometieron en la Comisaría 5ª de La Plata. Murió sin haber sido juzgado.
La historia de este alto mando de la dictadura se remonta a una pequeña aldea de Rioja, en España, donde vivía una familia de seis hermanos. Cinco emigraron a Argentina a principio del siglo XX, y tan solo uno permaneció en esa provincia montañosa del norte de la península Ibérica. “Esa persona que permaneció en España, es mi tatarabuelo y es parte de mi familia materna. El resto de esos hermanos Tabernero emigraron a Argentina. Reinaldo desciende de esa parte de la familia”, explica la letrada.
Alexandra siguió con su vida y su carrera, estudió en Estados Unidos, trabajó en La Haya, en la Corte Penal Internacional, y se convirtió en fiscal en Barcelona. El tema de su tío argentino y su responsabilidad con los delitos penales que siempre quiso investigar y perseguir era algo latente, que no había profundizado en su momento, pero que un día retornó a su cotidianeidad y la motivó a profundizar la historia de ese familiar vinculado con la tragedia de un país del sur, al otro lado del Atlántico.
“En noviembre de 2024, decidí viajar a Argentina. Mi intención era visitar en julio del año siguiente a tres amigas que había conocido en Barcelona. Les conté a unos familiares que tenía planeado ir al país y una tía me dice: ‘Si vas a investigar lo que pasó con tu tío el coronel, lo que encuentres no te va a gustar’. Fue un comentario que soltó por accidente y me llevó a conectarme con lo que había escuchado años atrás, me interesé de nuevo por el tema y empecé a preguntar, a indagar. Una prima que había hecho un árbol genealógico me confirmó que existía un tío, coronel en Argentina que, incluso, había tenido contacto con mi familia y había visitado la aldea de Rioja, donde yo también estuve cuando era pequeña”, repasa.

Un viaje a la memoria
La abogada viajó a Argentina en julio de 2025 con la decisión de saber qué había pasado con su tío y decidió realizar una investigación en el país. Gracias a sus amigas, se contactó con víctimas y obtuvo testimonios de primera mano para saber quién era Reinaldo Tabernero. “Quise conocer el contexto y el ámbito en el cual se movió él durante la represión ilegal en la provincia de Buenos Aires”, afirmó.
En ese sentido, al entrevistarse con víctimas y actores que trabajaron en el proceso de Memoria, Verdad y Justicia, Alexandra sostuvo que Argentina logró algo “asombroso” al sentar en el banquillo de los acusados a los jerarcas de la dictadura genocida y lograr hasta la actualidad 1231 condenas por delitos de lesa humanidad.
“Además se hizo un trabajo exhaustivo de documentación que impacta y que se contrapone con el proceso de justicia transicional que siguió España tras la dictadura con la promulgación de la ley de amnistía de 1977. Aquí (por España) se estableció un criterio de no abrir heridas, muy distinto a lo que pasó en Argentina.
García Tabernero asegura que mientras recopilaba testimonios y documentos para escribir la Carta al coronel tuvo una grata sensación al encontrarse con la predisposición de las víctimas. “Nadie me cerró las puertas y todos compartieron sus experiencias. Esta Carta es una intención de buscar una garantía de no repetición”, subraya.
En su recorrido, Alexandra se reencontró con el exfiscal Luis Moreno Ocampo, que actuó en la Corte Penal Internacional y también acusó a Camps en el juicio que se le siguió en 1986.
“Él fue profesor mío en Harvard y conocí su trabajo en el Juicio a las Juntas. En el proceso a Camps le tomó declaración a mi tío, que declaró como testigo de la defensa, y recordaba bien su testimonio”, aporta.
Tras esa declaración, organismos de Derechos Humanos pidieron el procesamiento de Tabernero, pero las leyes de Punto Final y Obediencia Debida interrumpieron la acción de la justicia. Hasta la derogación de esas normativas. En 2006, el coronel fue detenido y murió un año más tarde, cuando se encontraba bajo arresto domiciliario.
En su derrotero por la memoria, Alexandra se entrevistó también con la titular de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto, quien la animó a escribir este trabajo. “Ella fue increíblemente amable y me impulsó a escribir esta Carta. Resultó importante encontrarme con Estela por todo lo que representa. Es alguien que nunca habló de venganza y lucho siempre por encontrar a los nietos”, agrega.
Como funcionaria judicial, asegura que escribió esta obra como sobrina y que la parte legal quedó a manos del fiscal Felix Crous, que compuso el epílogo de Carta al coronel. “Un fiscal valora indicios y llega a conclusiones. Por eso escribí como sobrina, desde mi experiencia personal y abordando mi conflicto identitario. Es un viaje emocional que remueve mis entrañas porque a mi tío lo acusaron de los delitos contra los que yo decidí luchar. Siento que con este libro me introduje además en el sentimiento de un país que hasta entonces era ajeno a mí”, concluye. «