Diciembre fue una muestra resumida del consumo en 2025 y ni siquiera las tradicionales fiestas de Fin de Año lograron reavivar las ventas de los comercios minoristas, que vieron poca circulación de clientes, cada vez más precaución a la hora de las compras y una llamativa postergación hasta las últimas horas previas a las cenas del 24 y 31 de diciembre.
El estancamiento de las operaciones fue una constante en supermercados y almacenes y autoservicios de barrio, que anticiparon el clima desde principios de mes y cerraron el año con una confirmación rotunda de la crisis que atraviesa a las familias de las clases medias y de trabajadores de todo el país.
El titular de la Federación de Almaceneros bonaerenses, Fernando Savore, aseguró que la desaceleración del flujo de clientes fue un problema común a lo largo y ancho del país, consecuencia de los problemas económicos que marcaron a fuego el año: la caída del salario y la creciente presión de los servicios y el endeudamiento en los bolsillos de las familias.
Una conclusión adicional es que el consumo atraviesa un cambio de época, una suerte de transformación cultural condicionada por factores múltiples, y cuya forma definitiva sigue siendo una incógnita.
“Estamos cruzando información entre los socios de todo el país y el resumen de la venta de la semana de entre el 24 y el 31 de diciembre es el mismo: las fiestas de fin de año movilizan cada vez menos el espíritu navideño”, lo que explicaría, según ese análisis, la apatía que se ve en los locales de todo el territorio.
Disciplina de bolsillo
En el mejor de los casos, lo que se ve en los clientes es una racionalidad extrema, que implica ajustes cuantitativos y cualitativos de las compras. Se compra menos cantidad, al precio más barato disponible y marcas de segundo y tercer orden.
El “espíritu navideño” es percibido como lo que tradicionalmente hacía que las ventas relacionadas con la Navidad y el Año Nuevo empezaran a revolucionar los supermercados, autoservicios y almacenes desde el primer día de diciembre.
Dos años después de la asunción del gobierno de La Libertad Avanza (LLA) el panorama cambió de una forma radical, pateando la llegada del comprador hasta bien entrado el mes, desde la perspectiva de los comercios, hasta la víspera misma de las festividades.
“Este año la venta fue fuerte los últimos dos días previos a cada fiesta”, precisó Savore en plena evaluación. “Trabajamos bien esos días, pero no más que el doble de un día normal, lo que significa que las fiestas ya no son significativas en términos de ventas”.
En los supermercados las evaluaciones están en sintonía. El sector consigna ventas que apenas superaron los registros de 2024, con la moderación y la racionalización de las compras como característica distintiva.
En ese segmento del comercio minorista todavía hacen las cuentas, pero dejaron trascender que las facturaciones fueron levemente superiores a la inflación y que se registraron mayores cantidades por ticket pero, nuevamente, con mayor presencia de productos de segundas y terceras marcas.
Otro factor que se repitió en ese segmento en relación con los almacenes es la demora de la compra efectiva hasta las últimas horas previas a las fiestas.
Esa particularidad también se puede relacionar con una posible menor expectativa de aumentos de precio. En diciembre, la inflación no pudo romper el piso del 2% pero tampoco presionó la barrera del 3%, según las estimaciones privadas sobre precios minoristas que se anticipan a la publicación de los datos del Indec.
Tarifas y endeudamiento
Quita el sueño pensar en lo que va a pasar con el consumo, el ingreso y dos problemas que acechan como monstruos: los aumentos de las tarifas y otros servicios y la bola de nieve del endeudamiento familiar.
Al gobierno no parece importarle demasiado la cuestión. En la ley de Presupuesto 2026 planteó un horizonte de inflación apenas superior al 10% que mueve a risa al troll libertario más pintado, pero que dice mucho sobre lo que se puede esperar en materia de aumentos salariales y de actualización de jubilaciones, pensiones y asignaciones en el año que acaba de comenzar.
A contramano del Presupuesto y lo que parece traer para los ingresos de las familias, el gobierno ratificó desde el primer suspiro de 2026 su política de ajuste permanente de las tarifas de los servicios públicos, con aumentos del transporte público de pasajeros en función del IPC; combustibles, prepagas, luz, agua y gas. También están anunciados aumentos de la VTV a partir de la segunda semana del mes; y de los alquileres sujetos a la vieja ley. Además, los subtes se incrementarán a partir de febrero.
Más allá de lo cultural, estos aumentos representan verdaderos hachazos a los ingresos y suponen un achicamiento de lo disponible para consumo.
En las familias, lo primero que se recorta es el consumo de necesidad secundaria, pero en 2025 se vio seriamente afectado el acceso a productos de primera necesidad, como alimentos y bebidas, productos de tocador y limpieza.
El aguinaldo se fue por la canaleta del tarjeteo
Otra de las impresiones que analizan los comerciantes en las primeras horas del año es que en el cierre de 2025 no se sintió como en otros momentos la fuerza del aguinaldo traccionando la concurrencia en los locales.
Para el almacenero Fernando Savore no solo se trató del zarpazo del gobierno a través de los servicios públicos, sino de la presión del endeudamiento familiar que se tragó el pago extraordinario en un abrir y cerrar de ojos, sin dejar una moneda para el pan dulce y la sidra.
El aspecto más dramático del endeudamiento de las familias es la bola de nieve que se generó con el uso de las tarjetas de crédito para cubrir gastos cotidianos, entre ellos el de lo más esencial que necesita un grupo para subsistir y hoy supone una de las grandes incógnitas relacionadas al futuro cercano del consumo y, un poco más allá, de la producción y el empleo.
La bola de nieve sigue adelante agrandando la deuda y la presión sobre el trampolín de intereses extraordinarios y es uno de los problemas que estanca la demanda y la actividad.