El 9 de mayo en Moscú y otras ciudades rusas se celebró el Día de la Victoria sobre la Alemania nazi, presidida por el jefe de Estado de la Federación Rusa, Vladímir Putin. Esa celebración es sagrada para los rusos porque el ejército ruso-soviético izó la bandera de la Unión Soviética en el Reichstag alemán, a costa de 26 millones de vidas.
El Ejército Rojo peleó heroicamente y avanzó hasta Berlín, liberando a Europa y salvando al mundo de la tragedia que habría significado la victoria del Tercer Reich, esclavizando al mundo mil años como fantaseaba en sus patológicos sueños Adolfo Hitler.
La historia es una ciencia social que estudia, interpreta y narra los hechos del pasado de la humanidad basándose en fuentes, documentos y evidencias verificables. Sobre su historia, los pueblos construyen sus naciones y sus estados soberanos que conforman la comunidad internacional, representados en la ONU.

El 3 de mayo llegó a México Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid, con el declarado objetivo de glorificar a Hernán Cortés, aventurero llegado a lo que hoy es México en 1519 para saquear las riquezas de estas tierras cometiendo genocidios, marcando miles de niños en la frente como reses y para rebautizar esta operación sangrienta como un acto de amor.
¿Qué tienen estos acontecimientos ocurridos en mayo en común? El pueblo ruso ama intensamente a su patria, desprecia a los que quisieron someterla o destruirla como Napoleón Bonaparte o Adolfo Hitler, y rechaza a quienes pretenden tergiversar su gloriosa historia. Como el diario New York Times, que en 1945 escribió en primera página que Rusia derrotó a la Alemania nazi y tomó Berlín, y sesenta años después publicó en sus páginas un artículo sobre cómo Rusia perdió la Segunda Guerra Mundial.
Al respecto, la periodista y escritora española Cristina Martín Jiménez plantea que la historia oficial de la Segunda Guerra Mundial ha sido moldeada por las élites globales para consolidar su poder y ocultar los verdaderos intereses:
- Sustitución del sistema económico: sostiene que tras la guerra se impuso el sistema de Bretton Woods, el cual ha sido utilizado por grupos como el Club Bilderberg para controlar la economía global a través de crisis planificadas.
- Manipulación de la memoria colectiva: afirma que la «historia de los vencedores» sirve para mantener a la ciudadanía en un estado de obediencia mediante el control de la narrativa en los medios y la educación.
- Experimentos de comportamiento: relaciona el análisis del nazismo con experimentos posteriores (como los de Milgram) para demostrar cómo las élites han aprendido a manipular a las masas a través del miedo y el engaño.
- La «Tercera Guerra Mundial» actual: en su libro La Tercera Guerra Mundial ya está aquí, argumenta que estamos viviendo una continuación de estos conflictos históricos, donde el campo de batalla ya no es sólo físico, sino que se centra en el control de la mente y la información.
Lo que los latinoamericanos hace muchos años llamamos la batalla cultural.
El pueblo mexicano es profundamente nacionalista; hace mucho tiempo, después de la revolución constitucionalizada en 1917, ha juzgado sin absolución a Hernán Cortés. Y diariamente renueva su orgullo por las grandes civilizaciones que habitaron en su suelo milenios.
En Europa los neonazis ucranianos niegan identificarse como tales.
Pero en España los neofranquistas simulados como Ayuso militan en el Partido Popular. Los neofranquistas confesos militan en Vox. Ambos partidos cogobiernan varias comunidades autónomas y aspiran a codirigir el gobierno de España.
Hitler se suicidó en su búnker cuando la cohetería rusa tronaba a su alrededor.
Ayuso interrumpió su fracasada gira para descansar unos días en la Riviera Maya. Como expresó Pedro Sánchez, actual presidente del gobierno español: “Díaz Ayuso fue a México a dar lecciones de historia y sólo cometió un acto que provoca vergüenza ajena”.
Ernest Hemingway lo expresó con meridiana claridad: “Cada ser humano que ame la libertad le debe más agradecimientos al Ejército Rojo que los que podrá pagar en toda una vida”. Y Miguel de Unamuno, el escritor español, expresó a y sobre los franquistas: “Venceréis, pero no convenceréis” y “me duele España”.