En la mitología del cine, hay historias que trascienden a sus propias películas y se convierten en leyendas. El Padrino (1972) es una de esas raras obras monumentales que no solo marcó un antes y un después en la narrativa del cine estadounidense, sino que inauguró una saga que definió un género. Pero lo que pocos saben es que, a fines de los años 90, Francis Ford Coppola y el escritor Mario Puzo tenían planes reales para una cuarta entrega, una película que habría funcionado como secuela y precuela al mismo tiempo, y que estuvo tan cerca de concretarse que incluso se especuló con un elenco de primer nivel como Leonardo DiCaprio en el papel de un joven Sonny Corleone.
La idea de El Padrino: Parte IV nació en paralelo a la producción de la tercera película de la saga. Coppola y Puzo conversaron extensamente sobre cómo continuar la historia de los Corleone con una estructura narrativa similar a la de El Padrino II: una línea temporal en el presente centrada en Vincent Corleone, interpretado por Andy García, y otra en el pasado, con los orígenes y ascenso de personajes clave como Santino “Sonny” Corleone. En ese contexto, varios medios apuntaron a Leonardo DiCaprio como opción para el rol de Sonny joven, aprovechando la fuerza de su estrella en ese momento y su capacidad para encarnar a un personaje apasionado y violento.

El deseo de Coppola
El proyecto prometía una mezcla de épocas y tonos: veríamos a Vincent consolidando su liderazgo en la familia en años recientes, a la vez que retrocedíamos a los años treinta para explorar cómo personajes como Vito y Sonny construyeron -y casi destruyeron- el legado Corleone. El plan era ambicioso en su alcance dramático y en la forma de expandir el universo narrativo sin traicionar su espíritu original.
Sin embargo, lo que podría haber sido un hito cinematográfico quedó en suspenso cuando Mario Puzo murió en julio de 1999, justo cuando el tratamiento estaba en desarrollo. Sin su coautor y visión creativa, la idea perdió impulso: no llegó a escribirse un guion final ni se cerraron acuerdos concretos de producción, y el proyecto se disolvió definitivamente. La muerte de Puzo, combinada con la renuencia del estudio y de algunos ejecutivos a invertir en una extensión tan compleja de la saga, marcó el fin de El Padrino IV antes de que existiera realmente.

El factor DiCaprio
Parte de ese material que se estaba gestando no desapareció por completo: algunos de los conceptos que Coppola y Puzo exploraron inspiraron novelas y ficciones derivadas, como The Family Corleone (2012) de Edward Falco, que toma elementos de aquellos primeros borradores para imaginar la juventud de los Corleone. Pero ni eso fue suficiente para que Hollywood reviviera oficialmente el proyecto cinematográfico.
Con el paso de los años, Coppola ha sido claro: no tiene la intención de dirigir una nueva película de El Padrino, aunque deja la puerta abierta a que otros cineastas o formatos narrativos exploren ese universo si aparece “la historia adecuada”. Los derechos de la franquicia pertenecen a Paramount Pictures, y aunque el estudio ha dicho que no hay planes inmediatos para una nueva entrega, reconoce que el legado sigue siendo potente.

Así, El Padrino IV se mantiene en el imaginario como uno de los proyectos más intrigantes que nunca llegaron a la pantalla. Fue una película que estuvo en conversación, tuvo ideas narrativas ricas y casi consigue un reparto extraordinario, pero que terminó siendo una especulación histórica, un guion que podría haber sido, una bifurcación perdida en la saga de los Corleone. El cine, como la mafia ficticia que retrató, está lleno de caminos no transitados, y este quizá sea uno de los más fascinantes.