Durante años, Michael J. Fox sostuvo que su carrera como actor había llegado a su fin. Diagnosticado con Parkinson a los 29 años, en pleno auge de su popularidad tras Volver al futuro, fue reduciendo progresivamente su actividad frente a cámara hasta anunciar, en 2020, su retiro definitivo. Las dificultades para memorizar textos extensos y sostener el ritmo de rodaje terminaron por imponer un límite que él mismo describió sin dramatismo: “Fue algo no emotivo y estuvo bien”, recordó en una entrevista con Variety.

Seis años después, ese retiro que parecía definitivo tuvo una excepción inesperada. Fox, ahora de 64 años, volvió a actuar en Shrinking, la serie de Apple TV+, impulsado no por un plan de regreso ni por una estrategia profesional, sino por una historia que lo interpeló de forma directa. La ficción, creada por Bill Lawrence, Jason Segel y Brett Goldstein, aborda el Parkinson a través del personaje de Harrison Ford, el Dr. Paul Rhoades, un terapeuta que convive con la enfermedad. La forma en que la serie construye ese relato -con humor, humanidad y sin golpes bajos- fue lo que llevó a Fox a levantar el teléfono.

“Vi la serie y pensé: esto está bien hecho”, contó el actor. La identificación fue inmediata. La profundidad de los personajes, la calidad de los vínculos y el lenguaje elegido para hablar del Parkinson lo conmovieron al punto de contactar personalmente a Lawrence, con quien había trabajado años atrás en Spin City. “Hiciste una serie sobre Parkinson y no me llamaste”, le dijo, en tono de broma. La respuesta fue directa: si quería participar, el lugar estaba abierto. Fox aceptó sin dudarlo.

Su aparición en Shrinking no busca disimular su enfermedad ni forzar una normalidad inexistente. Por el contrario, el personaje fue pensado a partir de sus posibilidades actuales. En diálogo con People, el actor explicó que fue la primera vez que llegó a un set sin preocuparse por parecer cansado o por ocultar sus limitaciones físicas. “No tuve que luchar contra eso. Simplemente lo incorporé”, señaló. Esa decisión marcó una experiencia distinta a todo lo anterior: actuar sin esconder el Parkinson, sin negarlo, sin convertirlo tampoco en espectáculo.

El regreso inesperado de Michael J. Fox: actuar con Parkinson sin ocultarlo
Michael J. Fox regresó a la actuación para conscientizar sobre el Parkinson.

Fox y sus elogios a Harrison Ford

El reencuentro con la actuación tuvo, además, un componente emocional fuerte en su cruce con Harrison Ford. Fox elogió la interpretación de su colega y admitió que lo hizo llorar. “Reconocí el Parkinson en sus ojos”, dijo. “No tuve que convencerlo de que yo lo tengo; él tuvo que convencerme de que lo tenía”. Ford, por su parte, habló de Fox como una presencia inspiradora en el set y destacó su humor, su valentía y su compromiso con la historia que la serie quiere contar.

Ese compromiso excede lo artístico. Desde que hizo público su diagnóstico en 1998, Fox se convirtió en una de las voces más influyentes a nivel mundial en la concientización sobre el Parkinson. A través de la Fundación Michael J. Fox, financió más de 2.500 millones de dólares en investigaciones durante los últimos 25 años y sostuvo una agenda activa de visibilización de una enfermedad neurodegenerativa que afecta el movimiento, el equilibrio y la coordinación.

El regreso inesperado de Michael J. Fox: actuar con Parkinson sin ocultarlo
La enfermedad le fue diagnosticada a los 29 años, en pleno éxito de «Volver al futuro».

Shrinking le ofreció algo distinto: la posibilidad de actuar desde la aceptación y no desde la exigencia. Su regreso no implica una vuelta atrás ni un intento de reactivar una carrera interrumpida, sino una forma de avanzar desde otro lugar. “No es el comienzo de una campaña para restablecer mi carrera”, aclaró. Es, más bien, una aparición puntual que funciona como mensaje: sobre la dignidad, la adaptación y la posibilidad de encontrar sentido aun cuando todo parece cerrado.

La tercera temporada de la serie se estrenó el 28 de enero de 2026 y marca el primer trabajo de Fox en imagen real desde su retiro. Su presencia, breve pero significativa, se suma a una ficción que convirtió el Parkinson en parte de su universo narrativo sin reducirlo a un recurso dramático.