“Había una vez un reino donde nada era lo que parecía”. Así comenzaba María Elena Walsh a enseñarnos, con la apariencia de un juego, que el absurdo también podía ser una forma de revelar la realidad.

El jueves pasado, en medio de la fiebre mundialista y mientras se desarrollaba la audiencia pública por la construcción de un helipuerto en la desembocadura del arroyo Medrano, volví a pensar en aquel Reino del Revés.

Las audiencias públicas nacieron para que la ciudadanía pudiera expresarse antes de que una decisión afectara el bien común. Sin embargo, su resultado no es vinculante. Son las reglas del juego pensadas para tomar mejores decisiones, previas a una obra como en este caso.

Pero el colmo del Reino del Revés, es que la obra ya está casi terminada y los estudios de impacto ambiental siguen un trámite inconcluso aún, exigido por la legislación vigente.

El proyecto, impulsado por Servicios Helicenter S.A., empresa vinculada a Cristiano Rattazzi, vuelve a instalar una discusión que Buenos Aires se debe desde hace décadas: ¿qué queremos hacer con nuestra ribera?

El Reino del Revés
Desde el río ya es posible ver el Helipuerto
Foto: @EIA

La explicación oficial, busca sensibilizar sospechosamente, señalando la necesidad de fortalecer la operación del SAME. Nadie puede oponerse a mejorar un servicio de emergencias que será un apéndice para justificar lo que no se puede lograr cumpliendo con las normativas desde que asumió Mauricio Macri. Pero precisamente porque se trata del interés público, corresponde preguntarse si ese objetivo no puede alcanzarse sin comprometer uno de los sectores con mayor valor ambiental de la costa porteña.

Porque en ese mismo lugar existe otra mirada. Vecinas, vecinos, organizaciones ambientales, universidades y especialistas imaginan la recuperación de la desembocadura del arroyo Medrano mediante un gran parque público que articule el Parque de los Niños con la Reserva Ecológica de Ciudad Universitaria. El Parque del Arroyo Medrano es un proyecto que ya tiene trámite parlamentario por iniciativa vecinal. No sería solamente un espacio verde. Sería un gesto histórico: volver a abrir Buenos Aires hacia el Río de la Plata, donde los clubes; el Tiro Federal y los nuevos terrenos otorgados a River Plate, generan lo contrario.

El Reino del Revés
El mismo espacio antes del desarrollo del helipuerto
Foto: @EIA

Esta ciudad ha construido una verdadera muralla física y cultural para que ese lugar sea tierra de nadie, y nadie sepa qué ocurre en esos lugares. Cada nueva intervención aislada dificulta una planificación integral y nos aleja un poco más de la posibilidad de reconciliarnos con nuestro paisaje más importante.

Por eso la discusión excede ampliamente un helipuerto. Se trata de elegir entre dos modelos de ciudad. Uno que continúa ocupando nuestras orillas con decisiones fragmentarias. Otro, que entiende la ribera como un patrimonio ambiental, cultural y social que pertenece a toda la comunidad y también a quienes todavía no nacieron aún.

Quizá el verdadero Reino del Revés sea ese donde el ambiente debe demostrar por qué merece ser protegido, mientras cada obra sólo debe explicar por qué necesita ocuparlo.

Sin embargo, la verdadera pregunta debería ser exactamente la inversa.

Por qué una ciudad que destruye la posibilidad de encontrarse con su río también pierde una parte de sí misma. Recuperar la ribera no es un lujo paisajístico. Es recuperar el derecho colectivo a una ciudad más viva, más democrática y más humana. Es comprender que la naturaleza no es el vacío que queda entre las obras, sino la infraestructura más valiosa que posee una comunidad.

Tal vez haya llegado el momento de salir, de una vez por todas, del Reino del Revés.