Este sábado a las 19 horas, el Campo de la Gloria en San Lorenzo no será solo el escenario de la conmemoración de los 213 años de la histórica batalla de 1813. Será, sobre todo, el set de filmación de un nuevo capítulo del «show de la autoridad» de Javier Milei. A las 19 horas, el mandatario encabezará un acto que, tras la fachada del fervor libertario, esconde una maniobra que ha despertado el rechazo unánime de la comunidad académica y museológica: el traslado forzado del sable corvo de José de San Martín.

El sable como trofeo: Milei y un acto en San Lorenzo marcado por el uso político del bronce

El fetiche militar por sobre el patrimonio nacional

La decisión de retirar el sable del Museo Histórico Nacional pra entregarlo al Regimiento de Granaderos a Caballo no es un mero cambio de locación. Es un mensaje político. Al desoír las advertencias de especialistas, Milei opta por convertir un objeto de estudio y contemplación pública en un trofeo de escolta presidencial.

La renuncia de la directora del Museo, María Inés Rodríguez, no fue un gesto administrativo, sino un grito de alerta. Rodríguez denunció presiones y amenazas de un tenor que recuerda a los peores tiempos de la intolerancia política: “Te vamos a quitar el sable que te dio Cristina”. Esta frase, que circuló en los pasillos oficiales, desnuda la verdadera motivación del traslado: no es una cuestión de «seguridad» o «protocolo», sino un deseo de revancha simbólica contra la gestión anterior, utilizando el patrimonio de todos los argentinos como botín de guerra cultural.

El sable como trofeo: Milei y un acto en San Lorenzo marcado por el uso político del bronce

La traición al testamento de San Martín

La mirada crítica no puede ignorar el rigor histórico que el Gobierno parece despreciar. Eduardo García Caffi, ex presidente del Instituto Nacional Sanmartiniano, ha sido tajante: el sable fue donado por San Martín a Juan Manuel de Rosas en su testamento por la defensa de la soberanía ante el bloqueo anglofrancés. Posteriormente, la familia Rosas-Terrero lo entregó al Estado «con cargo», es decir, bajo la condición específica de que fuera exhibido en el Museo Histórico Nacional.

Al romper este acuerdo histórico, el Gobierno de Milei incurre en una arbitrariedad peligrosa. Si bien la jueza Macarena Marra Giménez rechazó la cautelar presentada por los descendientes de Rosas bajo el argumento técnico de que no se probó el «cargo» de la donación, el daño moral a la voluntad de los donantes y a la estabilidad de las colecciones nacionales es irreparable. Se sienta un precedente nefasto: las piezas históricas dejan de pertenecer a la narrativa nacional para quedar a merced del capricho del presidente de turno.

El sable como trofeo: Milei y un acto en San Lorenzo marcado por el uso político del bronce
Foto: Alberto Presti:Agencia NA

Un despliegue de casta para combatir la «casta»

Resulta paradójico que un gobierno que hace del ajuste y la austeridad su bandera, movilice un operativo de tal magnitud para un acto de apenas una hora. Milei llegará en avión a Rosario, se trasladará en helicóptero a San Lorenzo y luego en vehículo al Campo de la Gloria. Un despliegue logístico que incluye al ministro del Interior, Diego Santilli, y una coreografía diseñada para las redes sociales, más que para el respeto al silencio de los caídos en 1813.

En el lugar lo esperará el gobernador Maximiliano Pullaro, con quien mantendrá una breve reunión previa. Es de esperar que, entre el humo de la pólvora de salva y los uniformes de gala, se intente ocultar la tensión política entre la Nación y las provincias.

El regreso al modelo de 1903

La entrega del sable a los Granaderos no es casual. Este cuerpo, disuelto en 1826 y recreado por Julio Argentino Roca en 1903 como una fuerza de élite, representa para el ideario mileísta esa «Argentina potencia» de principios del siglo XX que tanto añora. Sin embargo, al asignarles el custodio exclusivo del sable, Milei reduce la figura de San Martín —quien nunca quiso participar en luchas fratricidas— a una mera figura de «escolta presidencial».

Mientras el país atraviesa una crisis económica asfixiante, el presidente se refugia en el bronce, buscando en las armas de la independencia una legitimidad que la gestión diaria le esquiva. San Lorenzo, cuna del heroísmo desinteresado, será testigo este sábado de cómo la política pequeña intenta apropiarse de la historia grande.