El presidente estuvo en el palco central junto a su hermana y sus ministros durante la hora y 40 minutos que se extendió el discurso introductorio del jefe de Gabinete.

No se despegó del lado de su hermana, su sombra permanente, quien tuvo mucho que ver con la organización de la parafernalia militante que vistió la sesión, con mucho componente «parejista» y la exclusión explícita de las «Fuerzas del Cielo».
El jefe de Estado empezó con las revoluciones bajas, en sintonía con el clima de una sesión que no levantaba temperatura pese a las expectativas previas que había alimentado el presidente de la Cámara baja, Martín Menem, cuando invitó a “comprar pochoclos”.
Solamente levantó los brazos en agradecimiento cuando los diputados y militantes libertarios le dieron la bienvenida con gritos de guerra.
Se dedicó a observar los acontecimientos con relativa calma, en línea con la serenidad opositora, que empezó haciendo poco ruido.
Si bien en un primer momento la actitud de Milei fue más contemplativa que participativa, la vibración anímica del mandatario se alteró cada vez que Adorni mencionó los logros de cada una de las carteras ministeriales
En cada uno de esos momentos, el jefe de Estado se levantó de su silla para abrazar a los ministros que tenía a su lado (como al titular de Economía, Luis “Toto” Caputo, y de Capital Humano, Sandra Pettovello) o para aplaudir rabiosamente a los que estaban a unos metros de distancia, en los palcos de los costados.
Más allá de esas situaciones puntuales, Milei recién experimentó un subidón de adrenalina cuando los diputados nacionales del Frente de Izquierda lo desafiaron con feroces invectivas.
Ya había tenido una primera reacción nerviosa cuando el diputado nacional de Unión por la Patria Aldo Leiva lo encaró desde su banca y con la mirada clavada en su rostro le mostró un cartel en el que le pedía explicaciones serias por la presunta corrupción de Adorni.
Sin embargo, no fue hasta que Myriam Bregman y Néstor Pitrola lo increparon a los gritos por la postura del Gobierno a favor de la intervención israelí en Gaza que a Milei se le salió la chaveta con gesticulaciones ampulosas y bronca indisimulada.
La furia mutó a sarcasmo cuando el presidente replicó las críticas simulando un corazón con sus dos manos, y arrojándoles besos imaginarios.
Al concluir el mensaje inicial del jefe de Gabinete, Milei se retiró junto a todo su séquito de ministros y funcionarios del Poder Ejecutivo.
Pero antes de abandonar el Congreso, dejó una imagen violenta que lo conectó con sus instintos más bajos: defenestró a la prensa con improperios e insultos que no hacen honor a su investidura. Nada nuevo en Milei.
“Chorros, corruptos”, disparó el jefe de Estado a los periodistas en la puerta de la sala de prensa gráfica.
El exabrupto ocurrió luego de que uno de los cronistas le hiciera una pregunta incómoda que alteró su estado de ánimo. Ante la consulta de “por qué sostenía a un funcionario corrupto”, Milei retrucó: “Los corruptos son ustedes”.
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