En la segunda mitad del siglo XXI, cuando las redes sociales, los medios de comunicación, con ayuda de la inteligencia artificial, hayan convertido al mundo en un aquelarre de falsedades que hayan terminado de destruir la verdad de lo que acontece en el planeta, seguramente habrá historiadores que calificarán al siglo XX como el siglo de la manipulación informativa y al XXI como el de la mentira cínica.

La principal diferencia entre la manipulación informativa y la mentira descarada radica en la forma y la sutileza con la que se altera la verdad. La manipulación informativa distorsiona el contexto o sesga datos reales para influir sutilmente en la opinión mientras que la mentira cínica es la negación directa y evidente de hechos verificables. 

La mentira ha funcionado históricamente como un arma política estratégica para obtener poder, manipular la opinión pública y legitimar regímenes, evolucionando desde artimañas individuales hasta la propaganda sistemática. A diferencia del error, la mentira política es intencional. Está diseñada para generar réditos y, a menudo, aceptada por la ciudadanía cuando halaga sus intereses o percepciones psicológicas. 

 Desde la antigüedad, figuras como Ulises han encarnado la astucia y el engaño como herramientas legítimas en la lucha por el poder. Sin embargo, la mentira política moderna a menudo llamada post verdad implica el autoengaño. El mentiroso queda inmerso en su propia falsedad, una característica destacada en el análisis de Hannah Arendt sobre el nazismo y el fascismo.

 La indiferencia ante la mentira institucionalizada genera un deterioro moral y social, convirtiendo el engaño en parte del «juego político». 

En resumen, la mentira en política trasciende el mero acto de ocultar la verdad. Es una herramienta sofisticada para construir realidades alternativas que facilitan el control social y el dominio político. 

En 2026 puede ser tarea colegial para un adolescente inteligente encontrar las mentiras cínicas a menudo mezcladas con manipulación informativa en la política internacional. Elijamos casi al desgaire en la montaña de informaciones que aparecen diariamente en los medios.

Durante la 62 Conferencia de Seguridad de Múnich (CSM), Volodímir Zelensky, líder del régimen de Kiev, fue interrogado sobre los reportes de Financial Times que indicaban que podría anunciar la convocatoria de elecciones el próximo 24 de febrero. «Es algo nuevo para mí», respondió Zelensky. «Denos, hablo con toda sinceridad, dos meses de alto el fuego y celebraremos elecciones», añadió.

La mentira cínica como política de Estado

Eso declara este sujeto auto prorrogado presidente de Ucrania desde mayo del 2024. Él sabe que no habrá ningún alto al fuego en la guerra con Rusia hasta que Moscú obtenga el legítimo reconocimiento de todos los territorios militarmente ocupados, cuyos ciudadanos ruso parlantes han votado ampliamente por su incorporación a la Federación Rusa.

Leyendo un caso típico de manipulación informativa y sobreestimación posiblemente indispensable por las amenazas de su destitución parlamentaria, el primer ministro de Gran Bretaña, Keir Starmer, declaró en la misma conferencia que Europa es un “gigante dormido” aludiendo a su poderío económico y militar.

El Fondo Monetario Internacional proyecta para 2026 un crecimiento del 1,3% en la eurozona, con una leve aceleración en 2027 al 1,4%. Según un resumen de las previsiones del informe sobre perspectivas de la economía mundial, se espera para este año un crecimiento del 1,1 % para Alemania, 1% para Francia y  1,3 % para el Reino Unido. 

Es ampliamente conocido que la mayor potencia nuclear de Europa es Francia. Está muy lejos de la capacidad nuclear de China y sideralmente distante de las capacidades nucleares de Estados Unidos y Rusia, países que analizan las condiciones para un START III que sustituya el STARTII firmado hace décadas para evitar un crecimiento descontrolado de las armas nucleares y su proliferación en el mundo.

Mirando el tema de las mentiras cínicas, en nuestro continente vemos declaraciones del inquilino de la Casa Blanca, Donald Trump.

Hace pocos días se firmó un acuerdo comercial entre Estados Unidos y la India. A propósito de ese acontecimiento, el presidente de EE UU declaró que India no compraría más petróleo ruso. Días después el ministro de relaciones exteriores indio, Subrahmanyam Jaishankar, afirmó en la Conferencia de Seguridad de Múnich que la India mantiene su «autonomía estratégica» pese al acuerdo comercial con Estados Unidos y a la presión ejercida para que reduzca sus compras de petróleo ruso.

En días recientes los presidentes de EE UU y México tuvieron una conferencia telefónica sobre diversos asuntos calificada por ambos mandatarios como excelente.

Trump dijo que habían tratado también el tema de Cuba y 24 horas después la presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, lo desmintió declarando “de Cuba no hablamos”.

La mentira cínica como política de Estado

En enero de este año Trump firmó una orden ejecutiva declarando que Cuba era una “amenaza extraordinaria” para la seguridad de EE UU y por ello endureció el bloqueo que impone hace 66 años.

Simultáneamente Trump y sus voceros declararon que Cuba era un país en decadencia y al borde del colapso.

Surge una pregunta de elemental lógica: como puede ser una amenaza extraordinaria para la seguridad de Estados Unidos, la mayor potencia de Occidente, un país supuestamente al borde del colapso. Es un ejemplo clásico de lo que es una mentira cínica.

El interrogante que emerge es: ¿qué obtienen líderes inteligentes de la manipulación informativa o de las mentiras cínicas, que suelen caerse con mayor frecuencia que una persona que padezca de cojera aguda?

En un mundo donde el común de las personas vive aceleradamente con poco tiempo para reflexionar suele ocurrir lo que el nazi Joseph Goebbels decía: “La mentira repetida cien veces se convierte en verdad”.

Si fuesen no sólo astutos sino ilustrados los líderes críticamente mencionados en este artículo deberían pensar que están construyendo lo que León Tolstoy llamaba “el Estado como mentira organizada” y que la historia les pedirá rendir cuentas.