El recrudecimiento de la guerra en Irán y el asesinato del ayatolá Alí Jamenei desinflaron la pompa que el gobierno viene construyendo desde la semana pasada para la asamblea legislativa de este domingo. El pico de euforia se registró este viernes, con la sanción de la reforma laboral en el Senado y la sumatoria de voluntades que le permitió cerrar un período de extraordinarias mucho mejor de lo esperado. El proyecto insignia del empresariado para provocar un cambio drástico en las relaciones laborales pudo pasar el Congreso en el receso de verano con menos sobresaltos de los esperados. La sanción de la reforma terminó con una votación que exhibió al oficialismo en uso de la nueva mayoría que pretende cristalizar como parte de la victoria de las elecciones de medio término del año pasado.

El Senado es una cámara que resultó muy árida para el oficialismo desde 2023. Dos años después, la mayoría obtenida para conseguir la sanción de los cambios en la legislación del trabajo llegó a los 42 apoyos y 28 rechazos. Dos respaldos menos que los obtenidos para la sanción de la reforma penal juvenil. Entre los 42 de la pulseada laboral y los 44 de la baja de imputabilidad queda un rastro que anticipa hasta dónde puede llegar el oficialismo en este año electoral. Ambas sanciones dejaron al oficialismo a seis y cuatro votos de un número que al peronismo le costó reunir, incluso siendo oficialismo y con un a bancada que superaba las 40 voluntades. El rastro más urgente de las pulseadas legislativas del verano tiene que ver con los pocos votos que le faltan al entramado oficialista para llegar a los dos tercios del Senado. Son 48 votos que le permitirían al gobierno contar con la mayoría necesaria para cubrir las vacantes de la Corte, nombrar al titular del Ministerio Público Fiscal o habilitar la sala enjuiciadora para la realización de un eventual juicio político.

Esa mayoría deja al oficialismo muy cerca de un número que la ultraderecha nunca tuvo en el Congreso. En este caso el tinglado fue construido luego de un rotundo estallido del PJ y los poco sigilosos movimientos de los gobernadores, que vienen tramando una salida del bloque panperonista para desafiar al liderazgo de Cristina Fernández de Kirchner, pero también para ofrecerle a Javier Milei un objetivo que Mauricio Macri buscó por todos los medios y no logró: la división de la principal fuerza opositora para contar con una parte a su favor, en un equilibrio inestable, pero con la fuerza suficiente para proyectar un posible saldo positivo en las próximas elecciones presidenciales.

Milei no tiene ningún gobernador, pero en su entorno sueñan con 16 mandatarios aliados. Son los que el ministro del Interior, Diego Santilli, cuenta como artífices de la nueva mayoría que incluyó un reempoderamiento de un puñado de mandatarios norteños que vienen pidiendo pista desde que vieron la estrepitosa derrota del peronismo en las elecciones de 2023 y su continuidad en las legislativas del año pasado. El oficialismo no sólo pudo imponerse en 2025, sino que ahora busca capitalizar el ahogamiento de las provincias como una fatalidad que no pudo ser revertida en las urnas. De aquí hasta 2027 ese camino incluirá la articulación de una mayoría, liderada por la ultraderecha, en la que participan, además de los 21 votos libertarios, a diez de la UCR, siete del bloque Impulso País, donde está lo que queda del PRO y hasta una representante del gobernador tucumano Osvaldo Jaldo y una delicada lista de aliados que aportan uno o dos votos por tribu. Incluye al salteño Gustavo Sáenz, que mueve a la exministra Flavia Royón como articuladora confiable y, a la vez, logró imponer a Carolina Moisés como la nueva vicepresidenta del Senado, a cambio de otro deseo estratégico de Milei: dejar al kirchnerismo sin ninguna autoridad en la Cámara Alta y, en su lugar, reemplazarlo por un esquema afín que le permita, ante todo, rodear a la vicepresidenta Victoria Villaruel, hasta empujarla al escarnio o a la renuncia, algo que la dirigente negacionista nunca hará.

La lista para llegar a los 48 en el Senado incluye el inestimable apoyo del Frente Renovador de la Concordia, que lidera el exgobernador Carlos Rovira, con dos senadores muy costosos, y también otros aliados acercados a la Rosada por la profunda convicción antikirchnerista. Es el caso del santacruceño Claudio Vidal, que cuenta con otros dos escaños que, de ahora en adelante, tendrán un valor superlativo para reforzar una mayoría donde algunos votos del peronismo ya le sobraron al gobierno en la sanción del Presupuesto 2026 antes de la finalización del año. Por eso, el período de extraordinarias cerró como nunca había conseguido el peronismo. El corto trayecto de diciembre terminó con el primer presupuesto sancionado por el Congreso para el tercer año de Milei en el poder y la versión de febrero cerró con la reforma penal y un cambio tan duro en la relación de capital y trabajo que continuará en la Justicia con final abierto. El otro saldo que reivindican en la Casa Rosada es el control de la calle a fuerza de un dispositivo represivo que casi ha sido naturalizado desde el arribo libertario al gobierno.

Son las piezas del rompecabezas que Milei buscará exhibir este domingo ante la Asamblea Legislativa como un relanzamiento de sus aspiraciones, junto con la foto de una parte del peronismo a sus pies. Sus asesores se preguntan por cuánto tiempo podrá someterlos a una negociación perdidosa donde el gobierno se jacta del duradero respaldo en las urnas a una motosierra que logró, entre otros saldos, ponerle precio a un puñado de gobernadores y legisladores que negocian tranquilos, lejos de las próximas elecciones.

 Después de la euforia de este domingo, habrá concluido la pompa que armó el gobierno para mostrar las últimas sanciones en el Congreso como un punto de partida. Afuera del palacio, en la realidad que contrasta con las aspiraciones presidenciales, a Milei lo espera un paro nacional educativo que complicará el comienzo de las clases en 15 provincias. El malestar económico se expande en todas las direcciones y también golpea a la administración del bonaerense Axel Kicillof. Es un mosaico del otro escenario que el gobierno prefiere eludir, con una economía marcada por una ola cotidiana de despidos y un malestar a cuentagotas que hace crujir la refundación que sueña la ultraderecha con la reforma laboral. 

En la calle, más allá del veredicto de las urnas, no asoma una defensa abierta de los cambios que Milei reivindica. La fuga sigue siendo hacia adelante y con un viento de cola que sólo proviene de Washington, en un momento donde la buena estrella republicana de Donald Trump comienza a mostrar sus flaquezas dentro de su propio territorio. Son los trazos del otro mundo que Milei no mencionará este domingo ante un Congreso que sigue despreciando, pero con una mayoría que, al menos por ahora, le permite mostrarse poderoso y soñar con otro mandato. La gran pregunta es a qué costo y en qué condiciones cuando sobrevenga la desilusión de sus propios votantes. «