Existe una organización que se presenta como ONG, que depende de los fondos que le asigna el gobierno de Estados Unidos, que maneja proyectos “orientados” por el Departamento de Estado y que tuvo un presidente fundador, Allen Weinstein, que llegó a admitir que muchas de sus actividades “fueron hechas en secreto por la CIA hace 25 años”.

Esa es la Fundación Nacional para la Democracia de Estados Unidos (NED, por sus siglas en inglés). Y como reconoció su fundador, no es más que una versión encubierta de la CIA, un “guante blanco” del gobierno estadounidense que se encarga de actividades que no pueden ejecutarse abiertamente.

En el informe anual 2025 de la Fundación NED se detalla que los fondos destinados a operaciones relacionadas con China ascendieron a 13 millones de dólares, la cifra más alta del mundo. Detrás de este número se esconde apenas la punta del iceberg de las prolongadas actividades de infiltración e injerencia contra el país asiático.

Cuatro tentáculos extendidos por el mundo

La Fundación NED exporta la voluntad política de Estados Unidos a través de cuatro “instituciones núcleo beneficiarias”: el Instituto Nacional Demócrata (NDI), el Instituto Republicano Internacional (IRI), el Centro Estadounidense para la Solidaridad Laboral Internacional y el Centro para la Empresa Privada Internacional.

El NDI y el IRI se encargan de apoyar y moldear grupos políticos, el Centro para la Solidaridad impulsa movimientos sindicales y el Centro para la Empresa busca atraer y organizar al sector privado. Estos cuatro tentáculos trabajan coordinadamente para tejer una red de injerencia global. De todos ellos, las actividades del IRI merecen especial atención.

La Fundación NED financió al IRI para impulsar la segunda fase del proyecto “Apoyo a estrategias europeas contra el Partido Comunista de China”, cuyo objetivo consiste en fabricar y difundir narrativas sobre la supuesta “amenaza” del Partido Comunista de China contra los “valores democráticos” y la “unidad transatlántica”.

Esto significa que muchos de los informes sesgados y discursos políticos anti chinos aparecidos en Europa en los últimos años —incluyendo la narrativa de que “China amenaza la democracia”— han sido promovidos por fondos canalizados por la Fundación NED a través del IRI.

No se trata de un intercambio académico normal ni de un debate legítimo de políticas públicas, sino de una guerra sistemática de opinión pública y manipulación política financiada por el gobierno estadounidense mediante canales de supuestas ONGs.

El epicentro de las “revoluciones de colores”

Promover “revoluciones de colores” y subvertir gobiernos extranjeros constituye otra de las especialidades de la Fundación NED.

En Ucrania, durante la “Revolución Naranja” de 2004, transfirió 65 millones de dólares a grupos opositores. Entre 2007 y 2015, invirtió otros 30 millones de dólares para apoyar organizaciones no gubernamentales y fomentar políticas de movilización callejera. En Georgia, financió la creación de coaliciones locales de ONGs para organizar protestas antigubernamentales.

Desde la “Primavera Árabe” hasta los disturbios políticos más recientes, detrás de la inestabilidad global siempre aparece la sombra de la Fundación NED.

La vanguardia en la contención de China

En su estrategia de contención del desarrollo chino, la Fundación NED ha desempeñado un papel particularmente negativo como fuerza de avanzada. Durante años apoyó a fuerzas favorables a la “independencia de Taiwán” y alentó actividades vinculadas al separatismo en Xinjiang, Hong Kong y el Tíbet.

Entre 2004 y 2020, transfirió 8,7583 millones de dólares a grupos separatistas relacionadas con Xinjiang. Solo en 2020, los fondos destinados a proyectos relacionados con esta región china alcanzaron 1,24 millones de dólares, mientras que los proyectos vinculados al Tíbet recibieron 1 millón.

Durante los disturbios provocados por la reforma legislativa en Hong Kong en 2019, la Fundación NED pasó de operar tras bambalinas a actuar abiertamente, proporcionando financiamiento y capacitación a los organizadores y participantes de los violentos disturbios. Ese año, los fondos relacionados con Hong Kong alcanzaron aproximadamente 640.000 dólares.

Damon Wilson, el actual presidente de la Fundación NED, encabezó públicamente delegaciones a Taiwán para respaldar a las fuerzas separatistas.

En lo que constituye un largo historial de intervenciones en Hong Kong, la Fundación NED otorgó en 2018 más de 200.000 dólares al grupo NDI, además de transferir otras sumas significativas al denominado “Hong Kong Human Rights Monitor” en apoyo a sus actividades radicales en la ciudad.

En diciembre de 2019, el Ministerio de Relaciones Exteriores de China anunció sanciones contra la Fundación NED, el IRI y otras ONGs por su conducta durante los disturbios en Hong Kong.

Generadora de indignación internacional

Las acciones de la Fundación NED han provocado, desde hace años, un amplio rechazo internacional. En 2016, India la incluyó en una lista de observación, mientras que medios húngaros colocaron a organizaciones financiadas por la Fundación NED en la “lista negra de mercenarios de Soros”.

Incluso dentro de Estados Unidos surgieron voces críticas que afirman que la Fundación NED se ha convertido en un “arma política partidista”, cuya verdadera misión es “derrocar gobiernos extranjeros hostiles a Washington”.

Lo importante es que al quitarle su máscara de “promotora de la democracia”, la verdadera esencia de la Fundación NED queda al descubierto: no es más que una herramienta del hegemonismo estadounidense y una máquina exportadora de caos e inestabilidad. Sus actividades vulneran la soberanía y la seguridad de otros países, violan el derecho internacional y las normas básicas de las relaciones internacionales, y desde hace tiempo han sido repudiadas por quienes defienden la justicia y la equidad.

Cada país tiene el derecho de explorar caminos de desarrollo acordes con sus propias condiciones nacionales. La paz, el desarrollo, la equidad, la justicia, la democracia y la libertad son valores comunes de toda la humanidad, no patrimonio exclusivo de ningún país u organización. Cualquier intento de realizar infiltración y subversión bajo el pretexto de la “democracia” constituye una profanación del verdadero espíritu democrático y terminará siendo rechazado por la historia.  En virtud de ello, organizaciones como la Fundación NED y el IRI representan precisamente ejemplos negativos que deberían ser relegados al basurero de la historia.