El gobierno de Javier Milei resolvió retrasar un mes el inicio del período invernal para hacerlo coincidir con la llegada de los barcos con GNL (gas natural licuado) importado. El objetivo es resguardar las finanzas de las empresas de gas y trasladar al usuario todo el riesgo de las subas del GNL en medio de la guerra en Irán.
Hasta la aparición de la Resolución 60 este miércoles, la temporada invernal arrancaba el 1 de abril y se extendía hasta septiembre. Ahora empezará el 1 de mayo y regirá hasta el 31 de octubre. En tanto, la importación de GNL estaba prevista para el 6 de abril (presentación de ofertas) y el 21 de abril (adjudicación).
¿Cuál era el problema con las fechas anteriores a la Resolución 60? El problema era que el inicio de la temporada invernal implica un nuevo cuadro tarifario que dura a lo largo del período y que se calcula con el gas existente y un pronóstico del valor del gas que se va a importar. Ese valor iba a tener vigencia desde el 1 de abril.
Pero la guerra que iniciaron Estados Unidos e Israel contra Irán derivó en un alza descomunal del precio del GNL: en Europa, que importa de Medio Oriente solo el 15% de su GNL, el valor subió un 80% en el Dutch TTF, un mercado donde se negocian los futuros de este energético. Después, el precio bajó a un nivel 50% superior al previo al inicio de la guerra, pero con una elevada volatilidad.

En la Secretaría de Energía, que dirige María Tettamanti, recibieron planteos de las empresas privadas que están interesadas en participar de la licitación en el sentido de que las autoridades deberían tomar medidas para evitar que por esa volatilidad, las importadoras debieran cargar con el riesgo de que el GNL tuviera un precio superior al calculado para la tarifa invernal y se vieran obligadas a cargar con esa diferencia hasta poder cobrarla a los usuarios en el inicio del nuevo ciclo tarifario.
Una posibilidad que se evaluó fue que la Secretaría de Energía autorizara una fórmula por la cual los saltos en el precio del GNL importado pudieran ser trasladados a la tarifa. Se descartó por la elevada incertidumbre que se generaría entre los usuarios. Otra alternativa fue la que finalmente se resolvió: al correr un mes la entrada en vigor de la nueva tarifa invernal, en su cálculo se podrá incorporar todo el precio surgido de la licitación de abril.

Hay que consignar que para este año, el gobierno nacional impuso un cambio radical en las importaciones de GNL al sacar del proceso a la empresa estatal Enarsa y ofrecer la operación al sector privado.
Con la coordinación de fechas entre la licitación de GNL y el inicio del período tarifario invernal, el propio gobierno se cura en salud. Esto porque también el Estado podría hacerse cargo de la diferencia de valores en la forma de un incremento de los subsidios.
Pero la decisión de privilegiar la protección de las cuentas de las empresas y las del Estado por encima de los bolsillos de los usuarios forma parte de una política más general de la administración libertaria, que ha castigado a los asalariados y trabajadores en general y beneficiado a las grandes empresas, entre ellas y especialmente, a las dedicadas a la actividad energética.
Así las cosas, si el conflicto en el golfo Pérsico se sostiene en el tiempo y persiste la caída del flujo de GNL (Qatar suprimió sus embarques de GNL) es muy probable que para el mes que viene su precio sea sostenidamente elevado. El Estado argentino se desentiende de esos riesgos y los traslada por entero a los usuarios.