La comunicación telefónica con Enrique Ubieta Gómez se interrumpió por las restricciones energéticas en La Habana, producto de la intensificación del bloque estadounidense. La recuperación del contacto se dio casi sobre la medianoche cubana. Así se completó el intercambio con Tiempo Argentino de un ensayista y periodista cubano de enorme prestigio y claridad de pensamiento. Intelectual militante desde que se inició como profesor instructor de filosofía del Instituto Superior Pedagógico José Martí, de Camagüey, en 1983, y dos años después se integró como investigador al Instituto de Literatura y Lingüística de La Habana, su foja de servicios y su influencia en el pensamiento contemporáneo de la isla es extensísimo. Así como fue director del mensuario cultural La Calle del Medio y de la histórica revista Revolución y Cultura, es responsable de Cuba Socialista.

La pregunta inicial, tan obvia como abarcadora, tan elemental como necesaria apunta a entender cómo influyen los últimos acontecimientos devenidos de la profundización de la agresión del imperio, que viene de lejos en el tiempo.

Enrique Ubieta Gómez: "Cuba no se tambalea: por ello la gusanera miamense empieza a desesperarse"

-¿Cómo está Cuba hoy?

-El bloqueo a Cuba no empieza ahora. Los que como yo nacimos con la Revolución (yo tenía apenas cuatro meses en enero de 1959), hemos vivido siempre en condiciones de racionamiento y limitaciones materiales, provocados en gran medida por el bloqueo económico, comercial y financiero de los Estados Unidos de carácter extraterritorial, vigente desde 1962, con sucesivas adiciones que lo profundizan. Un Memorando del Departamento de Estado de abril de 1960 explica su intención: “El único medio previsible de enajenar el apoyo interno es a través del desencanto y la desafección basada en la insatisfacción económica y las dificultades…”. De alguna manera, su permanencia durante décadas acaba por convertirlo en una indeseada “normalidad”, cuyos efectos se hacen omnipresentes en la vida privada y social de los cubanos. Esos efectos, sin embargo, no han logrado el propósito confeso de revertir el apoyo mayoritario del pueblo cubano a su Revolución. La agresividad del actual gobernante estadounidense, manifiesta desde su primer mandato, con la implementación entonces de 265 medidas adicionales de reforzamiento del bloqueo y la inclusión de Cuba en una lista de supuestos países patrocinadores del terrorismo sin aval de Naciones Unidas, que impide que cualquier transacción bancaria internacional sea castigada con elevadas multas por Estados Unidos, alcanza en el actual período costos extremos.

-¿Cuál es la respuesta de la población en general, de la intelectualidad, la cultura, la dirigencia intermedia, ante este nuevo ataque?

-El bloqueo petrolero a Cuba está concebido para ahogar la vida del país y propiciar el tan ansiado quiebre del apoyo popular al gobierno: parálisis de hospitales, escuelas, fábricas, del transporte, lo mismo de personas que de alimentos, la carencia de electricidad en los hogares, lo que implica la pérdida de los alimentos por falta de refrigeración en un país de altas temperaturas ambiente, para sólo enumerar algunas consecuencias visibles. Estas medidas producen también el efecto contrario: aunque profundizan nuestras dificultades, transparentan la intención neocolonizadora del imperialismo. Claro que a la vez exacerban el sentimiento patriótico del pueblo, que posee una tradición de lucha que se remonta al siglo XIX, y que la Revolución consagró como victoriosa. Esa tradición no es unívoca, por supuesto, en nuestro seno coexisten mentes colonizadas, personas que estarían dispuestas a regalar el país a cambio de un dudoso bienestar personal. Pero son minorías sin fuerza real, a pesar del despliegue de las falsas noticias y de los mensajes provocadores de toda índole, que inundan las redes e intentan sembrar la duda y la división. Trump es un mentiroso compulsivo y cree que sus mentiras acabarán convirtiéndose en verdades.

Enrique Ubieta Gómez: "Cuba no se tambalea: por ello la gusanera miamense empieza a desesperarse"

-¿Cómo es la vida cotidiana hoy por hoy en la isla, a partir de las nuevas características del bloque? 

-Veamos otros planos del asunto: la presión extrema sobre Cuba nos obliga a encontrar soluciones creativas, incluso a acelerar planes que ya estaban en marcha, como la reconversión energética del país. Contrario a la creencia que se difunde, Cuba no es un Estado fallido: sus estructuras de gobierno funcionan y tienen como centro de su actividad la protección de los seres humanos. Lo primero fue reorganizar la vida laboral: como el transporte es escaso y se ha encarecido, los trabajadores de oficina se han reubicado o trabajan ahora desde sus casas (trabajo a distancia o teletrabajo), dándole prioridad a los trabajadores directamente vinculados a la producción. Lo segundo es la instalación apresurada de grandes parques fotovoltaicos, con la ayuda de China, algo en lo que ya se había avanzado, pero esta vez dándole prioridad a los sectores más vulnerables. Se instalan paneles solares en 556 policlínicos, en 161 hogares maternos, en 156 hogares de ancianos, en 305 casas de abuelos, en 336 bancos; para la atención de 282 niños electrodependientes, en las casas de 10 mil maestros y profesores y en 5 mil viviendas aisladas de las zonas montañosas del país. Se reparan las refinerías del país para procesar mayor cantidad de crudo cubano, de menor calidad, para que cubra una parte importante del que necesitan las termoeléctricas. Esta estrategia ha tenido un impacto positivo, sobre todo en la generación diurna de electricidad.

-¿Cómo tomó Cuba el ataque a Venezuela y el secuestro? ¿Cómo toman las definiciones de Trump respecto de declarar al país como una “amenaza”?

-Con seriedad. Trump se siente envalentonado con su pírrica victoria en Venezuela, y trata de amedrentarnos. Unos amigos me llamaron por teléfono al amanecer del 3 de enero, para alertarme de lo que estaba sucediendo, o acababa de suceder, aunque no teníamos aún información al respecto. Todos nos comunicábamos, compartíamos la poca información que existía. Nuestro deseo en ese momento era partir al país hermano a pelear junto a su pueblo. Y al día siguiente, el presidente Miguel Díaz Canel nos convocó a la Tribuna Antimperialista y dos horas después, de manera casi espontánea, se reunieron allí decenas de miles y miles de habaneros. Después supimos que 32 cubanos habían defendido hasta la muerte la dignidad latinoamericana, y las revoluciones de Cuba y Venezuela, durante dos horas de feroz combate. Y que presumiblemente, habíamos ocasionado bajas que aún no fueron reconocidas. Sentimos un orgullo inmenso. El pueblo se congregó en la avenida que parte del aeropuerto capitalino hasta la sede del Ministerio de las Fuerzas Armadas donde fueron expuestos sus restos, y aplaudimos a los caídos al paso de la caravana. Y así, otra vez, decenas de miles de cubanos aguardamos durante horas bajo un torrencial aguacero para desfilar frente a ellos, en sentido tributo. Esta sucesión de hechos relativos a la agresión en Venezuela, unió más a los cubanos, transformó la llama de la mística revolucionaria en fuego. Creo que es una advertencia que el imperialismo debe considerar. Ha transcurrido más de un mes de aquellos hechos, y Cuba no se tambalea. Quizás por ello la gusanera miamense empieza a desesperarse.

Enrique Ubieta Gómez: "Cuba no se tambalea: por ello la gusanera miamense empieza a desesperarse"

-Una señal fue el episodio de la lancha con armas de esta semana.

-Ellos habían preparado maletas para el regreso triunfal cuando se desmerengó el socialismo europeo, o cuando falleció Fidel, y tuvieron que deshacerlas. Ahora orquestó una provocación enviando una lancha cargada de armas y explosivos con diez tripulantes. Se equivocaron nuevamente: siempre defenderemos la soberanía de la Patria. Cinco guardias guardafronteras abatieron a cuatro de ellos e hirieron a los otros seis, después que éstos abrieran fuego. Hemos reiniciado los domingos de la defensa y los entrenamientos del pueblo. Queremos la paz, necesitamos la paz, y siempre hemos estado en disposición de conversar de igual a igual, sin amenazas. Pero la paz no se cambia ni por dignidad ni por soberanía.

-¿Se siente en Cuba la solidaridad internacional, por caso, en el suministro de petróleo? ¿O sólo los ejemplos de Venezuela, México, Rusia, y pocos más?

-No hay que esperar mucho de los actuales gobiernos latinoamericanos. Aclaro que es una opinión personal. Excepto México, cuya presidenta ha defendido la hermandad histórica de nuestros países con un extraordinario temple para resistir las presiones del imperialismo y las de una derecha interna, corrupta y dependiente del comercio con los Estados Unidos. También algunos de los dignos pequeños estados del Caribe insular, siempre valientes y solidarios, la llegada al gobierno de fascistas abiertos o solapados, imitadores de Trump, crea un escenario adverso. El fascismo es hijo del imperialismo, del capitalismo en su fase más decadente. O se combate en sus raíces, o nos perdemos en la restauración de la “normalidad” colonial y neocolonial. «