Ernesto Samper fue presidente de Colombia entre 1994 y 1998. Llegó al Palacio de Nariño por Poder Popular, el movimiento político que él mismo había fundado una década antes de ganar la presidencia. Fue concejal, diputado, senador, embajador, y del 2014 al 2019 secretario general del último intento institucional de integración regional, la Unasur, que fue desarticulada por los gobiernos de derecha siguiendo las instrucciones de Washington. Samper es un latinoamericanista cabal. En esta entrevista con Tiempo Argentino cuestiona con dureza la política de Estados Unidos hacia la región y analiza el escenario político de su país, que tendrá elecciones a fines de mayo.    

-¿Cómo evalúa la estrategia interamericana de “Escudo de las américas” impulsada por Donald Trump? ¿Es la reedición de la fracasada estrategia antidrogas del expresidente Richard Nixon, el relanzamiento de la Doctrina Monroe o una mezcla de ambas?

-Estados Unidos siempre ha buscado la excusa del miedo para su política exterior y para nuclear a la gente alrededor de distintos temores: al terrorismo, al comunismo, al narcotráfico, y ahora se ha inaugurado el miedo a los migrantes, que es absolutamente vergonzoso. El segundo elemento es que aquí se ha generalizado el concepto de diplomacia ideológica, es decir, que las relaciones internacionales no son entre los estados -como debería ser- sino entre gobiernos. Esto es lo que ha creado esta diplomacia en la que algunos gobiernos no se pueden juntar sino con los que son afines ideológicamente. Eso conspira contra las posibilidades de integración.  Me atrevería a decir que el “Escudo de las américas” es una estrategia hegemónica que le va a hacer mucho daño a la integración, que además tiene el problema de que no invitó a los verdaderos actores de la lucha contra las drogas, que son Brasil, Colombia y México. Es una estrategia del presidente Trump para reunirse con su club de amigos ideológicos.

Ernesto Samper: “EE UU siempre utiliza el miedo como política, ahora es a los migrantes”
Foto: AFP

-Después del secuestro del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, de los asesinatos de cubanos y venezolanos en Caracas, de la masacre de pescadores en el Caribe, ¿cómo ve el endurecimiento del bloqueo a Cuba y las recurrentes amenazas de Trump a Colombia y México?.

-Es lo que el mismo presidente Trump ha denominado la doctrina Donroe. El presidente Monroe ejerció de 1817 a 1825 con la idea de que, pasada la descolonización de América Latina por las guerras de independencia frente a España, Estados Unidos podía reivindicar su propiedad sobre esta parte del mundo. A eso se oponía Simón Bolívar. Está muy bien desarrollado en la Carta de Jamaica que termina proponiendo la convocatoria de Congreso Anfictiónico de Panamá (1826) y que acercaría a toda América Latina. Por eso América Latina no se debe extrañar de que -sin cambiar de política, porque lo que han cambiado es de miedos- vamos a encontrar un énfasis más hegemónico. Y si nos están echando a la fuerza todos los migrantes latinoamericanos pues bienvenidos a sus países. Por supuesto que el sentimiento de identidad no será vivir agradecidos con los Estados Unidos sino al contrario, entender que EE UU es para los latinoamericanos un enemigo. Creo que esto no tiene parecido con la doctrina del presidente Nixon, que era para simplemente trasladar la responsabilidad de la lucha contra las drogas a los países productores y no a los países consumidores.

-¿Cuál es la actual correlación de fuerzas en las instituciones colombianas, después de las recientes elecciones legislativas?

-Permítame en este punto reivindicar la condición de institucionalidad fuerte que tiene Colombia. Lleva 200 años de independencia y apenas cuatro de interrupción fáctica del poder. Colombia ha tenido muchas dificultades, por supuesto, confrontando enemigos como el conflicto armado, pero siempre se ha mantenido con una fuerte institucionalidad. Montesquieu habla de separación de poderes, de independencia de las cortes, de civilidad de las Fuerzas Armadas, pero esos elementos han hecho que el tejido institucional haya podido resistir estos embates de carácter violento. Inclusive una muestra más de esta fortaleza se está viendo en este momento. Después de que acusaron al presidente Gustavo Petro de que iba a acabar con la Constitución, de que iba a acabar con la propiedad privada, de que se iba a hacer reelegir, pues sencillamente va a terminar su mandato. Esperamos que lo puedan continuar personas como Iván Cepeda. Pero va a haber elecciones controladas con presencia de observadores y yo creo que eso es lo importante y lo que refrenda la condición de fuerte institucionalidad de Colombia en el panorama regional.

-¿Cuál es su visión sobre las elecciones presidenciales a celebrarse en mayo y sus probables resultados?

-Está claro que vamos a llegar, como están llegando otras democracias del mundo, no solamente de América Latina, a un escenario de polarización. Me parece que vamos a tener unas elecciones de mucha confrontación. En Colombia están apareciendo por primera vez fuerzas institucionales que representen las ideas progresistas. El mismo partido de gobierno obtuvo alrededor del 30% del Congreso, que es una cifra históricamente muy significativa. Así es que es difícil hacer en este momento predicciones. Esperamos que no estén muy ideologizadas las elecciones para que la gente no se coloque en uno de los extremos y busque temas, más que personas.

Ernesto Samper: “EE UU siempre utiliza el miedo como política, ahora es a los migrantes”

-Usted es un partidario activo del objetivo de la integración latinoamericana como unidad en la diversidad. ¿Qué perspectivas ve a ese antiguo sueño en la actual situación internacional?

-Tengo que reconocer con dolor que después de mi salida de la secretaría general de Unasur ha sido prácticamente imposible renovar mecanismos como ese. Además al poco tiempo apareció la tragedia de la pandemia del COVID y todas las secuelas y cicatrices que nos dejó. Unasur recogía a todos los países de Sudamérica. Está  la CELAC que, sin tener ninguna fórmula, representación política, ni equipos técnicos, de alguna manera a través de las cumbres ha abierto puertas diplomáticas para la región. Esas dos instituciones han quedado prácticamente neutralizadas. Sin embargo, quedan esquemas subregionales de integración como pueden ser Mercosur, el ALBA, el Pacto Amazónico, las Asociación del Caribe, el CARICOM, el Sistema de Integración Centroamericana o la Alianza del Pacífico. Si se sumaran en una matriz de convergencia podrían dar paso a lo que debe ser el concepto de integración hacia adelante, que no es la apertura de espacios de libre comercio y garantías de inversión, como se ha pensado en los últimos 20 años de aplicación del modelo neoliberal, sino un ejercicio para construir esa región que tenemos que construir entre todos y para todos. Necesitamos proyectos de infraestructura que nos integren horizontalmente, acuerdos a través de universidades para el aprovechamiento de la inteligencia artificial, el desarrollo tecnológico, la nueva arquitectura financiera. Una defensa inteligente de los derechos humanos y, en primer lugar, una oposición clara y decidida frente a este autoritarismo hegemónico que tendría que terminar. Lógicamente necesitamos que se acaben todos los mecanismos interamericanos como la OEA, la Comisión de Derechos Humanos o la propia Corte Interamericana de Derechos Humanos. Creo que ahí habría una tarea por delante y volver a pensar, como decía al comenzar este reportaje, que las relaciones internacionales no se pueden seguir dando entre gobiernos amigos sino fundamentalmente entre estados que son los que permanecen. Son los que garantizan la continuidad de los acuerdos internacionales.