Este 17 de marzo, la Asamblea General de las Naciones Unidas emitió la “Declaración sobre la Calificación de la Trata de Africanos Esclavizados y la Esclavitud Racializada de Africanos como el Crimen de Lesa Humanidad más Grave”. No es una declaración más. Allí se establece que «los delitos relacionados con la trata de africanos esclavizados y la esclavitud racializada de africanos no están sujetos a prescripción», en consonancia con un principio fundamental en todas las tradiciones jurídicas y morales africanas: «los delitos no prescriben».

Pero va más allá cuando especifica que “los Estados son responsables de los hechos internacionalmente ilícitos y tienen la obligación de reparar íntegramente el perjuicio causado”. Es el momento de introducir el concepto de “justicia reparadora”. Significa: “una disculpa plena y formal”; “medidas de restitución, indemnización, rehabilitación y satisfacción”; “garantías de no repetición”; “modificaciones de leyes, programas y servicios para combatir el racismo y la discriminación sistémica”

La palabra clave es “indemnización”: es allí donde saltan Occidente y vasallos. Porque si bien la resolución fue aprobada por 123 votos, hubo 52 abstenciones. La mayoría fue de los países europeos que cometieron los crímenes, más otros que lo hicieron por seguidismo. Es un asunto de dinero. Siempre lo fue. Uno de los argumentos para rechazar el pago de indemnizaciones a víctimas de la esclavitud es que los contribuyentes de hoy no pueden pagar por hechos pasados. Sin embargo, desde 1952 la actual Alemania paga reparaciones a los judíos por el crimen del Holocausto, lo que incluye pagos directos al Estado de Israel, todo con recursos fiscales. Esto también hace caer la idea que las naciones europeas de hoy poco tienen que ver con las que practicaron la trata para la negación de la teoría de la “continuidad del Estado”, que es la usada para obligar a las democracias a pagar las deudas tomadas por las dictaduras, bien lo sabemos en Argentina. De hecho, la Alemania de hoy está bastante más lejos de la Alemania nazi que la monarquía británica de ahora con la que se benefició en otros siglos y de modo directo con los crímenes de la esclavitud. ¿O los palacios que vemos en Londres o en Europa salieron del ahorro real? Y bien hace la declaración de las Naciones Unidas en incorporar todas las formas de sometimiento a las que fueron (a las que son) sometidos los africanos y los afro-descendientes. Y lo más triste es que las únicas reparaciones que se pagaron fueron la de los gobiernos… ¡a los dueños de los esclavos! Así Haití pagó un resarcimiento a Francia por la independencia.

Digamos que si el apartado sobre la “restitución” fuera aplicado, los más célebres museos europeos quedarían casi vacíos. La idea no sólo fue robar la vida, sino también eliminar la cultura como alma de los pueblos. Es la demostración del poder imperial. No se trata de un problema del pasado, la última persona que fue esclava es Estados Unidos falleció en 1937. Hasta los años sesenta había zoológicos humanos en Bruselas, para ver cómo viven los congoleses. De hecho los chocolates belgas tienen muy buena reputación, pese a que Bélgica no produce cacao. Muy de vez en cuando vemos por ahí los estragos de la esclavitud (en especial infantil) en las minas de cobalto, explotadas por empresas occidentales. Y es sólo un ejemplo.

Por supuesto que los tres votos negativos merecen un rápido comentario. En especial es incomprensible la negativa de Israel, que siempre identificado con las escrituras olvida la esclavitud sufrida en Babilonia, en Egipto y las exacciones sufridas a lo largo de la historia en Europa, el continente que inventó y practicó el antisemitismo. ¿Qué dirá el coro de Nabucco? Lo de Estados Unidos sólo puede exacerbar las tensiones internas, en una sociedad donde los pudientes siempre quisieron identificar raza y clase. Al culminar el sitio de Yorktown que selló la derrota británica en 1781, un cuarto de los soldados del ejército continental conducido por George Washington eran afrodescendientes. El caso del voto del régimen de Milei deshonra a la Argentina, como siempre. En lo internacional, es crear una enemistad gratuita con países que apoyaron la causa Malvinas, o quizás por eso mismo ese pronunciamiento. También olvida a los Pardos y Morenos, que pelearon desde las invasiones inglesas en las batallas por la independencia nacional. O quizás por eso. Por nuestra parte, sólo nos queda sentir que la Capitana María Remedios del Valle, Madre de la Patria, el sargento Juan Bautista Cabral y Antonio “Falucho” Ruiz, como tantos más, están muy contentos con esta resolución de la Naciones Unidas. Nadie es libre en un país que no es soberano. Cuando aprecie un tango recuerde que es un ritmo que viene de la Madre África, así como el jazz, jamás mejor interpretado que en las cuerdas bien argentinas de Oscar Alemán. «