A las 6:37 de la tarde de ayer, hora de Miami, Donald Trump dio por muerto al ayatoláh Ali Jamenei, a quien en su red Truth calificó como “una de las personas más malvadas de la historia”. Sin confirmación más allá de las palabras de Trump y del primer ministro Benjamin Netanyahu, el magnate inmobiliario se jactó de que “no pudo evitar nuestros Sistemas de Inteligencia y Seguimiento Altamente Sofisticados y, trabajando estrechamente con Israel, no había nada que él, o los otros líderes que han sido asesinados junto con él, pudieran hacer”. El impacto del ataque lanzado en la mañana de este sábado incluyó a figuras clave de la estructura militar y nuclear de Irán. Desde Teherán emitieron un comunicado desmintiendo las bajas y asegurando que sus máximos funcionarios permanecían con vida.

Trump ordenó los ataques desde su residencia de Mar-a-Lago, en Florida, lo que desde ya representa una distopía para una ofensiva que pone al mundo al borde de una contienda de imprevisibles consecuencias. Allí, en una Sala de Situación ad hoc se reunió con el secretario de Guerra, Pete Hegseth, para supervisar cómo marchaban las operaciones. Y desde allí hizo el anuncio de que se había iniciado el operativo que bautizó “Furia Épica”, a diferencia del nombre con que lo titularon en Israel, “Rugido de León”. Lo que podría confirmar la hipótesis de que en realidad Trump fue llevado al conflicto por Netanyhahu.
“Le digo al gran y orgulloso pueblo de Irán: esta noche, ha llegado la hora de su libertad. Quédate en el refugio. No salgan de sus casas. El exterior es muy peligroso. Las bombas aterrizarán en todas partes, en todas partes. Cuando terminemos, apodérense de su gobierno (…) Has estado pidiendo ayuda a los Estados Unidos durante años, pero nunca la has recibido. Ningún presidente haría lo que hago esta noche. Ahora tienes un presidente que te da lo que quieres; veamos cómo respondes”, dijo Trump en un mensaje difundido en redes. Esto alentó al hijo del ex Sha, Reza Ciro Pahlavi, a promover una revuelta que ponga fin al régimen de los ayatolás. El hijo mayor de Mohammad Reza Pahlavi, que vive en Washington prácticamente desde la caída de la dinastía, en 1979, aparece como “la opción democrática” de Occidente para el país persa.

La pronta respuesta iraní, a través de su operativo “Jatm al Tufan”, sorprendió a todo nivel, porque no mostraron dudas a la hora de atacar de manera simultánea a las bases estadounidenses en Bahréin, Qatar, Kuwait, Jordania y Emiratos Árabes Unidos (EAU), lo que despertó el rechazo de los países árabes y el mensaje de Riad de que Arabia Saudita se pondría a disposición de las naciones que se lo solicitaran. Es decir, se rompía el acuerdo que había pergeñado la diplomacia china para restañar históricas diferencias entre el reino saudita y Teherán en agosto de 2023 y que se coronó con la invitación a que la monarquía saudita se incorporara a los países BRICS, cosa que nunca se terminó de concretar, pero tampoco se desechó completamente. El nombre elegido para la operación iraní es muy significativo, ya que una traducción adecuada sería “Terminar la tormenta”, y poco cuesta referirla a la “Tormenta en Al Aqsa”, del 7 de octubre de 2023 en Israel.
La primera oleada de bombardeos se desató sobre edificios donde se supone que había altos funcionarios persas. En las primeras horas, incluso, se dijo que habían caído Jamenei, el presidente Masud Pezeshkian y altos mandos militares. Se mostraron imágenes de la destrucción en el edificio donde se supone que se aloja el líder religioso, quien según el primer ministro israelí aseguró había sido eliminado.

Los elementos de Inteligencia Artificial que tanto Israel como Estados Unidos utilizan en Gaza y Ucrania de las que hizo gala Trump fueron claves en junio pasado para la eliminación de la cúpula científica iraní como en ataques anteriores para la ubicación del líder de Hamas en Teherán en 2024 o de Hezbollah en Beirut. Son maniobras precisas sobre un punto concreto de la geografía donde se sabe que están los objetivos que se quiere exterminar. Y como se trata de algoritmos sin dudas humanitarias, si hubiera algún error de mapeo los “daños colaterales” poco le importarían.
Entre las primeras víctimas de los bombardeos, a todo esto, estuvieron las alumnas de la Escuela Primaria Sahayare Tayiba, de la localidad de Minab, al sur del país, según declaró el presidente Pezeshkian en su primer mensaje televisado, en el que de paso dio “fe de vida”. Allí habrían muerto unas 85 niñas y hubo decenas de heridos en un hecho desmentido por Israel. La Media Luna Roja iraní informó por la tarde que se registraban unos 200 muertos y más de 700 heridos. La Guardia Revolucionaria iraní, por su parte, dijo que “al menos 200 soldados han muerto o han resultado heridos en ataques con misiles contra bases estadounidenses», en ataques contra la Quinta Flota de Estados Unidos en Bahréin, la base aérea de Al Udeid en Qatar, la base aérea de Al Salem en Kuwait y la base aérea de Al Dhafra en EAU.

Por la noche, miles de iraníes salieron a las calles a manifestarse en contra de los ataques y en apoyo a las autoridades, lo que podría ser una señal de que el gobierno cuenta con un cierto apoyo social. Circularon imágenes de miles frente a una mezquita en Teherán o recorriendo las calles en sus vehículos, portando banderas nacionales iraníes.
Mientras tanto los hutíes, que controlan el estrecho de Bab el Mandeb, pueden ser otra arma, ya que junto con el de Ormuz, en proceso de cierre por efectivos de la Armada de Irán, son pasos clave que, de ser bloqueados, amenazan con disparar el precio del crudo a las nubes. Nadie podría creer que la ofensiva de este sábado sea por la democracia o los Derechos Humanos.