“Dónde va la gente cuando llueve, dónde van aquellos que no van”.
Pedro y Pablo, 1970.

Pese al apellido sospechoso, Julien Pereira es más francés que el Saint-Emilion, lo que no es poco decir. Según la edición parisina del Huffington Post de este 27 enero, este joven entusiasta de 26 años emigró hace nueve años a los Estados Unidos para estudiar un MBA y dedicarse a la carrera de tenista. Toda una vocación. También trabajó, siempre en regla, y consiguió entrar en un club deportivo. La tierra de las oportunidades se terminó cuando el abogado -contratado por el empleador que le gestionaba otra visa de trabajo- le dijo que tenía que escaparse, ya que se la habían rechazado. En marzo de 2025 trató de ir a Canadá, y en camino lo agarro “la migra”. Ninguna explicación fue suficiente: marche preso. Bienvenido a las cárceles de ICE. Encadenado en muñecas, cintura y tobillos, Pereira clama que carece de antecedentes penales. “Es el procedimiento”, le contestan. Lo tiran en un galpón donde yacen otras 80 personas, colchón en el piso, ya sin nombre sino con un número, junto con otros que están allí, algunos desde hace cinco años. Siempre por “criminmigración”, como dicen. Come alimentos vencidos, toma leche podrida. Luego es transferido a una “ciudad-cárcel” cerca de la frontera mexicana. Es Otey-Mesa, propiedad de Core-Civic. En Estados Unidos, ¿tu encierro es mi negocio?

Las dos principales empresas son Core-Civic y The GEO group, contratistas del Estado norteamericano. Si bien estas empresas representan menos del 10% de las instalaciones penitenciarias existentes, reciben el 90% de los acusados de “criminmigración”. La inversión es perfecta. En la cárcel privada, los presos son privados de derechos. Son plusvalía. El capital muerto carcelario precisa del capital vivo de los capturados, diría alguien. Por lo tanto es preciso tener más capturados. Hay capacidad instalada: es posible ampliarla. Abren nuevas instalaciones y recuperan viejas prisiones en desuso, donde las familias son separadas y la luz jamás se apaga para los presos. Al mismo tiempo, las empresas carcelarias privadas financian al candidato que promete más presos, gana el susodicho, y hay más presos, todo pago por el presupuesto federal. ¡Linda teoría de incentivos! La plata está en cobrar caro por cada interno, y reducir los costos de mantenimiento del recluso, como comida, cama, atención médica. Los márgenes de beneficio son infinitos, por eso cotizan en Bolsa. Las compañías, no los presos. Bueno, gracias a los presos. Tu encierro es mi negocio… Así es como trasladan prisioneros de un Estado a otro, de modo tal que caigan los procedimientos judiciales que obstaculizan la generación de lucro. Cobran los traslados, la estadía, el monitoreo y hasta la expulsión de la persona. Cuanto más caro el traslado, y mayor la extensión de la privación de libertad, y encarecido el monitoreo y dispendiosa la expulsión entonces mayores los beneficios. Hay costos de mantenimiento del preso, que se rebajan al mínimo, y precios de venta al Estado, que se aumentan al máximo. También es posible economizar sobre la formación de los guardia-cárceles, que estarán muy felices por fin de ser superiores a alguien. Un uniforme, un arma y ya son ubermensch. Así son los frustrados, sin los cuales el fascismo no existiría. Remuneraciones no monetarias, que le dicen. Le encuentran un sentido a la vida: martirizar a los semejantes diferentes. Según Meg Anderson el negocio de las prisiones privadas se eleva a 3,5 miles de millones de dólares.

Anderson es periodista de NPR News, un buen sitio web. Ya alertaba a mediados de 2025 acerca del aumento en las cuotas de arresto fijadas por la secretaria de Seguridad Nacional de Estados Unidos (DHS) Kristi Noem, que fija el objetivo diario a 3000 por día. Como en todo sistema represivo basado en cuotas de arresto, no mejora el resultado de los objetivos proclamados, sino que actúa como “prima a la productividad”, incluso recompensada. Extraña medición, ya que la mitad de los arrestados carece de antecedentes penales y la gran mayoría de los restantes sólo adeuda multas de tránsito. ¿Recuerdan los muertos por “falsos positivos” en Colombia? Lauren Brooke-Eisen, del Brenner Justice Institute, afirma por otra parte que el Congreso de Estados Unidos votó 45 mil millones para construir centros de detención destinados a niños y adultos capturados por ICE. En 2024 había cerca de 40.000 detenidos, en 2025 subió a 60.000 y esperan más de 100.000 para enero de este año. Evalúa que 10.000 nuevos agentes del ICE producirán 50.000 nuevos arrestos. Uno tiene los presos que quiere: la oferta crea la propia demanda. También se filtraron imágenes de personas presas vestidas de diferente color, mujeres y niños gritando para salir… 

Julien Pereira tuvo suerte. Pagó una fianza de 5000 dólares y lo dejaron en la frontera con México, sin nada más que lo puesto. Fue recibido por una asociación civil mexicana local que lo cobijó. En todo caso más suerte que Liam Conejo Ramos, de apenas cinco años, usado por el ICE como trampa para atrapar al padre, cuya demanda de asilo está en trámite. Ahora ambos están detenidos en el South Texas Family Residential Center, una prisión regenteada por Core-Civic, pero que tiene un lindo nombre. ¿Será parte de un sistema concentracionario “con rostro humano”? “Dónde va la gente cuando llueve / dónde los que no tienen lugar”, nos recuerdan Pedro y Pablo. Por cierto, esta es lluvia ácida.  «