Hasta no hace mucho, las casas venían con biblioteca. No es que ahora ya no vengan, pero ya no es una parte de la casa o un mueble imprescindible a la hora de diseñar un hogar. Además de acomodar libros para mantenerlos en buen estado, ofrecer una estética y dar una imagen de cómo se percibían los anfitriones, servía para muchas otras cosas, que incluían esconder objetos de valor, preferentemente dinero. Por entonces todos conocían a alguien que había depositado sus ahorros ahí y, al querer rescatarlos, no los encontraban: por esas magias de la memoria, nunca estaban en el mismo lugar donde se los había guardado. La tan común anécdota le sirvió a la “escritora, dramaturga, directora, profesora y gestora cultural” -como le gusta presentarse-Cynthia Edul para crear Estos pequeños libros que quedan, la obra que el próximo 1 de junio se estrena en Arthaus Central.

“La protagonista de la obra guarda un sobre en la biblioteca y olvida dónde lo guardó. No se sabe qué tiene adentro del sobre. Y la madre la ayuda a desmontar la biblioteca para encontrarlo.” Efectivamente, a la autora también le sucedió algo similar alguna vez, y tuvo que “pasar mucho tiempo desarmando libro por libro” para encontrar el bendito sobre. “Al empezar a escribir el trabajo empecé a encontrar un montón de escritores que habían tenido el mismo problema”, ríe. “Usar la biblioteca como si fuera una caja fuerte y después olvidar. Y después la cosa quijotesca de quedar entrampado en la propia biblioteca.” Y reconoce: “Yo he perdido dinero”; ahora ríe más.

Edul dice que la obra se desarrolla a través de dos fuerzas. “La madre va hacia la desesperación de encontrar el sobre, la hija está más desapegada.” Y en esa especie de tironeo, “el objeto se va cargando simbólicamente, empieza a tener resonancias mucho más profundas: es como el inconsciente de la obra; no se está buscando un sobre, se está buscando una pérdida mayor. Y ahí empieza a aparecer un duelo que las une a la madre y a la hija, que es la pérdida del hijo, del hermano de la chica”.

"Estos pequeños libros que quedan" convierte el acto de leer en una experiencia teatral viva

Edul empezó a escribir sola, pero completó el proyecto con Mónica Raiola, Agustina Muñoz e Ignacio Sánchez Mestre. La primera es la madre, la segunda la hija y el tercero, la biblioteca. “Los libros tienen un papel protagónico porque la biblioteca está viva. Ellas no lo escuchan, pero tienen los libros en la mano. La biblioteca es un personaje que tiene voz y cuerpo, que habla a través de los libros. Su voz son citas de autores. Hubo que trabajar mucho cómo funcionaba la biblioteca, cómo hablaba, cómo ellas la recibían; es todo un juego. Eso fue como el primer trabajo de dramaturgia, un trabajo con muchos libros. Hay más de mil libros en escena que arman el espacio.”

No se trata de una alegoría: los mil libros en escena son de verdad. “Hice un llamado a gente en Instagram. Dije: estamos buscando libros para la construcción de una escenografía, son para donación y no vuelven, porque muchos están intervenidos. La escenografía está construida solo con libros. Puse ese primer post y en dos días había juntado 500 libros. Y después se juntaron 300 más. Paola Delgado hizo un trabajo fantástico, es hermoso, como una especie de laberinto de libros. Por ejemplo, torres que están pegadas o torres que están atravesadas con un palo y una base, entonces se arman; hay libros dispersos en el suelo: combinar las solapas, los colores, las formas, que se vea de un lado, que se vea del otro, que se vean las hojas o que se vean las solapas. Es como una instalación visual.”

Entre las 60 páginas que escribió como primera dramaturgia y las 35 que quedaron finalmente para la obra que se verá, descubrieron que “leer es una acción del presente que involucra el cuerpo; descubrimos la performatividad del libro”. Y define: “Cuando hablamos de performatividad quiero decir que un libro activa pensamiento, imágenes, activa el cuerpo, posiciones físicas. El libro abre un mundo performático. El libro no cumple solamente la función del libro; tiene un contexto performático más grande, y eso es lo que la obra pone en juego todo el tiempo de principio a fin.”

Aparece entonces la inquietud de si la obra no funciona también como un alegato del libro físico a la manera de una réplica del mundo analógico frente a la digitalidad del libro electrónico. “Me animo a afirmar eso, totalmente: el libro físico performa y el libro electrónico no. Es lectura, garantiza la lectura, pero la materialidad del libro es un contexto performático que está mucho más allá del libro.”

Se le recuerda a Edul haber dicho en una entrevista que “el tiempo social escribe en uno”. Entonces, el libro físico se convierte en avanzada contra la inteligencia artificial. “El avance de la IA me llevó a: me voy lo más atrás que puedo. Ahí es como los libros traman nuestra vida, como la literatura trama la vida. Habría un humanismo literario en la obra, que tiene que ver con una situación contracultural en relación con el presente. Frente a estos avances donde todo lo escribe la IA, yo me fui a la biblioteca y a hacer que la biblioteca esté viva.”

Lo dice con la autoridad (si vale el término) de quien escribe “mucho a mano; la primera parte de todo la hago a mano”, porque eso le da “una relación más física con la escritura, una respiración distinta de la escritura”. “Escribo rápido en computadora, naturalmente me lleva a una velocidad mayor, y ahí hay algo de las posibilidades que puede tener un texto que a mí se me escapa. Y creo que la IA acelera todavía más esa velocidad. Y en la IA hay escritura, pero no subjetividad; es escritura sin experiencia. La IA es una fase más de la crisis de la experiencia del siglo XX: el Holocausto, Gaza. Mi contracultura es una restitución de la experiencia. Y la IA es escritura sin experiencia, sin sujeto.” La mediatización de la banalidad del mal. “Lo dijiste mejor que nadie. Por eso la importancia del teatro como generador de experiencias colectivas, de percepción, de temporalidad, de otro tipo de apertura de la sensibilidad.”

Estos pequeños libros que quedan

Escrita y dirigida por Cynthia Edul. Con Mónica Raiola, Ignacio Sánchez Mestre y Agustina Muñoz. Estreno el 1 de junio a las 20 en Arthaus Central (Bartolomé Mitre 434, Buenos Aires). Funciones: 1, 8 y 22 de junio, y 20 y 27 de agosto, siempre a las 20.