Dilaciones, exigencias y falta de respuesta. Cuáles son las técnicas que utiliza el oficialismo porteño para argumentar el cierre, despidos y recortes en la enseñanza estatal.

Pero la elegancia de la administración porteña para decir una cosa y hacer otra no es sólo discursiva. En la práctica implementa maniobras dilatorias con la intención de enmarañar a los integrantes del sector donde implementa medidas de ajuste.
Presentación de documentos y exigencias insostenibles para cumplir en un corto plazo, cambio en las reglas de juego a último momento y falta de respuesta oficial. Desde que asumió Jorge Macri el gobierno de la Ciudad implementa la misma técnica para justificar el ajuste educativo en diferentes sectores que, a priori, no presentan ninguna dificultad: la estrategia “contrarreloj”.
Sobre finales del mes de enero, a pocos días del inicio del ciclo lectivo 2026, cinco jardines maternales situados en los barrios más postergados de la Ciudad recibieron la visita de personal de la Agencia Gubernamental de Control (AGC) y de efectivos de la Policía de la Ciudad. En principio el objetivo era cerrar las escuelas infantiles ese mismo día pero, ante la resistencia del personal docente y familias, los efectivos improvisaron una pesquisa y dijeron que esos espacios no estaban en condiciones de seguir adelante, salvo que realicen varios cambios o se trasladen a otros lugares.
“Primero nos amedrentaron con la policía queriendo entrar de prepo a las instituciones que estaban cerradas. Cuando exigimos una respuesta nos dijeron que los edificios, que ya funcionan en algunos casos hace más de 15 años, no cumplían las condiciones mínimas para seguir funcionando como institución educativa para la primera infancia”, recordó a Tiempo Damián Drescher, docente del nivel inicial.
Los jardines en cuestión son establecimientos maternales públicos conveniados, manejados por el Ministerio de Educación de la Ciudad junto a asociaciones y organizaciones barriales. Estos espacios educativos reciben a niños y niñas de 45 días a tres años de edad, y funcionan en el marco de la Dirección de Inclusión Educativa dentro del Programa Primera Infancia del Ministerio de Educación porteño.
“En ese momento nos dijeron que teníamos todo el tiempo que quisiéramos para adecuar los espacios, les presentamos adecuaciones correspondientes, también las propuestas con nuevos edificios, con planos hechos por arquitectos, y con profesionales que conocen todas las reglamentaciones, pero fueron rechazando cada uno de los planos que fuimos presentando, nos ponían nuevas excusas y requerimientos, en lugar de decirnos todo de entrada respecto a lo que hacía falta. Más temprano que tarde nos dimos cuenta de que detrás de estas excusas se escondía la decisión política de cerrar los maternales”, agregó el docente.
“Así nos estuvieron mintiendo durante todo el mes de febrero hasta que nos dijeron ‘bueno vayan pensando para el año que viene porque este año ya empezó el ciclo lectivo’, pero mientras nos metían excusas, por atrás iban llamando a las familias ofreciéndoles vacantes en Centros de Primera Infancia que no son jardines de infantes, son espacios súper precarizados que están bajo la órbita del ministerio de Desarrollo Humano y no de Educación».
La misma estrategia utilizó el gobierno porteño para informar el cierre de la Escuela Fray Justo de Santa María de La Paternal, para la eliminación del postítulo de formación superior de la ESI, que viene dilatando los tiempos para el inicio del ciclo lectivo 2026, y el hecho más reciente: el cierre de divisiones y despidos de docentes en una escuela secundaria de Belgrano.
“El año pasado nos dieron la posibilidad de optar si entrar o no a la reforma Buenos Aires Aprende (el nuevo ‘plan’ educativo del macrismo) y la promesa fue que si este año la comunidad decidía no ingresar al nuevo plan, la planta orgánica funcional de la escuela, o sea, todo iba a quedar de la misma manera”, contó a este medio Gonzalo Besteiro, profesor de la Escuela de Educación Media (EEM) N.º 2.
A pocos días del inicio de clases el GCBA incumplió su promesa y, aprovechando el cambio de autoridades en la Dirección de Educación Media del Ministerio, avanzó con el recorte educativo bajo el disfraz de una reforma.
El secundario es una escuela de reingreso que se caracteriza por contar con un enfoque pedagógico inclusivo y personalizado. En concreto, el gobierno porteño eliminó la segunda división de primero, segundo y tercer año y despidió a casi la mitad del plantel docente.
“Reventar una institución como lo están haciendo en el inicio de clases es cruel, antipedagógico, es una política de abandono y desamparo de jóvenes que justamente necesitan todo lo contrario. La efectivización de esta medida, como se hizo el miércoles pasado, representa destruir un proyecto de inclusión muy importante al echar la mitad de los docentes, amontonando 45 pibes en las aulas, y forzando la deserción escolar, el desánimo y la angustia”, termina Besteiro.
En diálogo con Tiempo, un asesor de la cartera educativa advirtió que las medidas de ajuste continuarán en los próximos dos años. “Nosotros no lo llamamos recorte ni ajuste, son medidas de modernización de todo el sistema educativo”, argumentó. «
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