Defender el territorio es un posicionamiento político y una pelea que llevan desde hace muchos años principalmente las mujeres. El vínculo entre el activismo feminista y ambientalista es innegable: la militancia feminista es socioambiental.

«No se me ocurre pensarlos separados», dice Lorena Caceffo, integrante de la Red Río Feminista que trabaja desde el arte en el Delta del Tigre. «El territorio y el cuerpo son la misma cosa y como mujeres nuestros cuerpos y el tratamiento que se le da a los territorios por parte de este sistema capitalista extractivista patriarcal no es diferente. Así como se piensan los cuerpos no hegemónicos, se piensan también los territorios», agrega.

Desde Catamarca, la activista Verónica Gostissa que integra la Asamblea Pucará (Pueblos catamarqueños en resistencia y autodeterminación) expresa: «siempre son las mujeres las primeras en tener acciones en defensa de la naturaleza. Hay un primer actuar de poner el cuerpo de las mujeres siempre al momento de verse atacada la naturaleza, de ver en peligro todo lo que nos rodea y es parte de nuestra vida y es esencial. Las tareas de cuidado sostenidas históricamente por las mujeres y de hecho, también las luchas extractivistas o por lo menos de defensa del territorio son encaradas y sostenidas por mujeres. Y eso lo vemos en todo el país», expresa. «Tener el rol de cuidadora, del cuidado de la vida, también implica afrontar todas las consecuencias que traen los avances de proyectos extractivos que destruyen el cuerpo, el territorio, la salud y atacan al bienestar».

Feminismo y ambientalismo: la lucha de las mujeres en defensa del agua

Ambas mujeres se inscribieron para participar de las audiencias de la semana pasada en Diputados para aportar al debate por la ley pero les impidieron participar.

Quien sí pudo ingresar es Irina Armendáriz del movimiento popular Nuestra América, de Catamarca. «Cuando me senté el miércoles al frente de los diputados parecía que no importaba lo que estábamos discutiendo. Y quizá no es que no les interese tanto, sino que les interesa más el rédito económico que ellos puedan sacar antes que el buen vivir de toda la población argentina», expresa con preocupación. «Ya estamos con crisis hídrica en las provincias. En unos años esto va a empeorar notablemente si llegan a aprobar esta modificación de la ley. Y es irreversible. No es que si asume otro gobierno se puede echar para atrás. Esta reforma, de la Ley de Glaciares, si la llegan aprobar y las empresas mineras empiezan a explotar arriba de un glaciar, no hay mucha remediación posible. Es algo muy grave», enfatiza Irina.

Las acciones que se realizaron en contra de la Ley de Glaciares requirieron de mucho debate en un contexto en el que las preocupaciones económicas y por llevar adelante la vida cotidiana son muchas.

Irina cuenta que en el caso de Nuestra América, desde la llegada de Javier Milei es más difícil crear acciones en la comunidad. Sin embargo, cuando se planteó la reforma de la Ley de Glaciares, la defensa fue unánime.

Feminismo y ambientalismo: la lucha de las mujeres en defensa del agua

En ese sentido, Verónica, agrega. «Está siendo un proceso muy veloz. Cuando las cosas son aceleradas, también hay menos tiempo de que tenga una difusión, un entendimiento, una lectura, un proceso. El proceso de la Ley de Glaciares llevó muchísimos años y ahora, en muy poco tiempo y en un proceso sospechoso por la mezcla de intereses, de presiones que hay sobre los territorios que tienen muchísimos bienes comunes o como los llaman recursos naturales, acceso al agua, la tierra, los minerales y especialmente en Argentina. Catamarca tiene experiencia sobre conflictos que se generan cuando estos megaproyectos se instalan en los territorios. No son sólo miedos los que se activan ante el proyecto de reforma de esta ley. Hay una experiencia que está constatada», enfatiza Gostissa.

«¿Qué agua vas a tomar?», comenzaron a preguntar las activistas de Río Feminista. La idea era justamente tratar de explicar la importancia de defender el agua. «Llevamos esa pregunta a distintos lugares para ver qué idea e imaginarios aparecen. O sea qué es lo que separa la conciencia de que el agua que sale de la canilla, de las casas, que tienen agua que sale de las canillas. ¿De dónde se cree que sale el agua? Y fuimos entrando en unas conversaciones que creemos que son necesarias. A veces parece que van a lugares simples o muy cotidianos pero creemos que ahí hay algo que está roto. En eso que une, los glaciares con nuestras canillas, el río con nuestras canillas. Nosotras estamos activando, desde esas preguntas que creemos necesarias para este momento», dice Lorena desde el Delta del Tigre.

Verónica resalta que hay un interés ciudadano que es bloqueado institucionalmente desde el Congreso. En su caso se inscribió pero no le dieron un espacio presencial. «Es muy problemático el modo en que se está llevando a cabo un tema que es fundamental. Hay voluntad de las personas, de los pueblos y de la ciudadanía de participar pero los representantes la están anulando y están achicando el máximo posible. En Catamarca, más o menos, se inscribieron 520 personas y expusieron cuatro o cinco. No es representativo y además vulnera normativas como el Acuerdo de Eschazú y Ley General de Ambiente. Hay todo un bloque de leyes que establecen modos de participación ciudadana. Esto claramente lo vulnera. Me parece también de una gravedad institucional muy grande».

Las tres coinciden en que los diputados parecieran no prestar atención a las voces de expertos y activistas que pasaron por las audiencias, pero no pierden las esperanzas. «Estamos trabajando y esperamos que se pueda impedir la aprobación», coinciden.  «