La segunda edición suma más sedes, más películas y un país invitado: Brasil. En un contexto político adverso, el evento redobla su apuesta cultural.

“Nosotros empezamos con una edición, la del año pasado, muy pequeña -cuenta Juan Pablo Rosso, director y programador del festival-. Si bien proyectábamos ampliarla en el futuro, en el contexto que nos atraviesa pensábamos que no íbamos a poder hacer algo más grande. Creíamos que iba a ser un festival más chiquito e intimista. Pero se dieron un montón de factores que permitieron crecer, llegar a más público y sumar sedes, gracias a personas y espacios que nos ofrecieron su lugar”.
Entre las novedades aparece la sección País invitado, dedicada a Brasil, que además de películas aporta una de las sedes, en su embajada. “A Brasil le interesó participar. A diferencia de lo que sucede en Argentina, están viviendo un gran momento de su cine y cuentan con políticas de apoyo para que circule en el exterior. Nos acompañan con cuatro películas sobre diversidad y género, varias con recorrido por festivales y todavía inéditas acá”.
Esa cinematografía dialoga, además, con una agenda pública más activa en materia de derechos. “Brasil tiene una producción muy fuerte en estos temas. Para seleccionar cuatro largometrajes vimos más de veinte. Solo uno se había exhibido en Argentina, Ato Noturno, que pasó por Festival Internacional de Cine de Mar del Plata y ganó el premio FIPRESCI”.
Aunque no fue concebido como respuesta política directa, el festival creció en paralelo al cambio de clima social. “Un festival se piensa con anticipación. Ya había señales de ataque a feminismos y comunidades LGBTQI+, pero la coyuntura terminó convirtiéndolo en una forma de resistencia cultural”.
La programación busca ampliar miradas y escapar de relatos hegemónicos. Conviven ficciones y documentales, largos y cortos, animación y cine experimental. La competencia de cortometrajes, en particular, se pensó como una puerta de entrada para el cine argentino reciente, en un contexto de menor producción.
La apertura y el cierre estarán a cargo de dos títulos locales: 300 cartas, de Lucas Santa Ana, y Solo fanáticos, de Leo Damario. “El año pasado queríamos apenas sostener una segunda edición. Esta nos superó. La idea es seguir creciendo”, resume Rosso.
Del 25 de febrero al 1 de marzo. Sedes: Cinépolis Plaza Houssay, Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini y Auditorio de la Embajada de Brasil en Argentina. Programación a confirmar.
Programación completa en https://fidigcine.com/
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